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Las historias de los vecinos y comercios que aún no pudieron volver a trabajar en la región

Las habilitaciones aún no alcanzaron a los trabajos relacionados al entretenimiento. Cómo sobreviven tras más de siete meses de aislamiento obligatorio.

El Gobierno Nacional asegura que la “la cuarentena no existe más” en el conurbano bonaerense. Con el correr de los meses, el aislamiento estricto de marzo se fue flexibilizando y hoy la actividad comercial se desarrolla casi con plenitud en la “nueva normalidad”, así como la construcción y los servicios.

Las habilitaciones –tanto municipales como provinciales- permitieron que muchos puedan comenzar a trabajar tras varios meses de aislamiento social. Pero algunos rubros todavía no fueron habilitados para volver al ruedo. Son, en su mayoría, los ligados al entretenimiento.

Las calesitas de las plazas de zona sur no volvieron a girar. Los teatros y los cines aún no presentan funciones. Algunas discotecas pudieron reconvertirse en bares, mientras que otras siguen con los parlantes apagados. Los salones de fiestas también están cerrados. Los trabajadores de esos recintos y el espectro de artistas, que va desde grupos tropicales hasta animadores infantiles, siguen esperando para volver a trabajar.

El principal motivo por el que el Gobierno nacional aún no dio el visto bueno es que en dichas actividades tienen un punto en común: reunir una gran cantidad de personas. Estas son algunas de las historias de los trabajadores de la región que padecen la crisis por la pandemia.

Abrieron en la crisis de 2001 pero no resistieron a la pandemia: “Tuve que vender todo e irme”

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A poco de su cierre definitivo, el salón de fiestas de Monte Grande, “Play Planet”, pasó de ser escenario de sonrisas y alegría a verse obligado a vender todo lo que tenían para recuperar ingresos. El golpe de la pandemia fue terminal.

Su propietaria, Liliana Pérez, había comenzado el emprendimiento allá por el 2001, durante la última gran crisis que vivió el país. “Play Planet” pudo florecer entonces cuando el terreno era árido, pero no corrieron la misma suerte en 2020.

"En este rubro no sabemos cuándo vamos a volver a trabajar. En los colegios se pueden tomar medidas de distanciamiento, pero en un salón de fiestas no, es muy difícil. Hoy me toca vender absolutamente todo lo que tenía en el salón", dice Pérez.

En el local que se encontraba ubicado en la Av. Enrique Santamarina ya están diseñando un nuevo comercio.

Teatros y espacios culturales tratan de sobrevivir con streamings

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“Los espacios culturales en el conurbano tienen su temporada alta entre marzo y septiembre, cuando todo el mundo no se fue de vacaciones. Cuando se decretó la cuarentena en marzo estábamos destruidos”, cuenta Melania Buero, responsable de Cultura del Sur, un espacio cultural emblemático de Temperley.

Conversando con El Diario Sur, Melania explicó que los espacios culturales en el municipio de Lomas de Zamora no están trabajando desde hace ocho meses. En un censo que se hizo en el corredor artístico de la zona sur, se llegaron a contar 700 trabajadores de artes escénicas, de circo y actores, que ante el panorama de los últimos meses fueron expulsados de su ámbito para dedicarse a otra cosa.

Cultura del Sur fue el primer centro cultural en abrir sus puertas luego de lo que fue la tragedia de Cromañón. En ese entonces, los espacios artísticos habían sufrido una fuerte crisis económica sin poder encontrar lugares de trabajo. Hoy en día, Cultura del Sur tiene fuertes dificultades para poder pagar el alquiler y los servicios: las deudas se acumulan y los más de 42 trabajadores del lugar tienen dificultades para percibir un sueldo.

Cultura del Sur debió reconvertirse ante el nuevo panorama de streamings y festivales virtuales pero lo cierto es que muchos de sus trabajadores debieron volcarse a otros rubros para subsistir. Si bien mantuvieron reuniones con el Municipio de Lomas de Zamora, la solución parece no caminar por ese lado.

En su 70º aniversario, Mi Club busca adaptarse a la nueva normalidad

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El histórico boliche Mi Club de Banfield cumplió 70 años en plena pandemia y trata de adaptarse a los tiempos que corren. Con mucha entereza y sacrificio, logró sortear la crisis económica que generó el aislamiento y comienza a prepararse para la reapertura.

En un momento tan dramático para los locales bailables, el rumor del cierre de Mi Club cobró mucha fuerza a mediados de año en toda la comunidad de Lomas de Zamora. La noticia de que el histórico espacio correría la misma suerte que tantos otros llenó de tristeza a vecinos de varias generaciones. Pero nada de eso ocurrió.

A pesar de que el panorama no era el mejor y que los ingresos disminuyeron casi a cero, los propios encargados del lugar aseguraron que nunca hubo intención de cerrar y que todos los empleados seguían cobrando sus sueldos. El espíritu intentó mantenerse de manera virtual: en la página de Facebook de Mi Club, cada fin de semana hay DJ’s que pasan música en el horario habitual del boliche para revivir esas noches que hoy parecen muy lejanas.

En los últimos días, desde Mi Club comunicaron que estaban trabajando para reformar el espacio y adaptarse a “la nueva modalidad”. La idea es que el lugar vuelva a abrir sus puertas, en principio, como “resto bar” con mesas y sillas al aire libre. Esto impulsó a los encargados a sacar un sector de las barras para ampliar el patio y así poder recibir a los clientes con el protocolo sanitario correspondiente.

Los psicólogos, complicados por el trabajo por videollamadas

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Claudia Santos es psicóloga en Banfield y trabaja en el abordaje de jóvenes con consumos problemáticos, una patología que en la pandemia, tuvo efectos aún más adversos. Tanto los terapeutas de consultorio como aquellos en las terapias clínicas sufrieron el repentino cambio en la modalidad de trabajo. Allí donde se hacía un abordaje más integral de los pacientes a través de la conversación cara a cara, hoy todo se reduce a videollamadas y mensajes.

Según contó Claudia, no solo los trastornos de consumos problemáticos se agravaron en los últimos meses, sino que también aumentó la demanda para el tratamiento. Es común escuchar que en promedio, el consumo de alcohol se disparó un 45% ante el aislamiento que se vive en muchos lugares del país. A su vez, también las violencias intra hogar, tanto de género como infantiles se volvieron más “silenciosas” y difíciles de detectar.

En todo esto están los psicólogos y psiquiatras quienes ahora se debieron reacomodar a un panorama imprevisto. Si bien las instituciones mentales están trabajando con urgencias, las dificultades de la no socialización afectan a todos, incluso también a los profesionales. Claudia se mantiene optimista a pesar de algunos índices de deserción en las terapias: “Pienso que la modalidad virtual es algo que se va a quedar, hay muchos pacientes que tienen efectos muy positivos y en algunos casos el traslado para hacer terapia es un impedimento y motivo de abandono”.

Según cuentan profesionales de la salud, la crisis económica no es un tema esquivo en el tratamiento de trastornos. Las terapias en épocas de crisis entran en el paquete de recortes dada la falta o el aumento de horas de trabajo. Otra situación que se observó ante este nuevo panorama es la dificultad a la hora de encontrar espacios de privacidad dentro de casa.

Las calesitas siguen esperando el visto bueno

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Aun cuando en la Ciudad de Buenos Aires las calesitas volvieron a girar el pasado 10 de octubre, la Provincia todavía no dio un mensaje concreto para que los calesiteros puedan anticiparse al retorno de la actividad.

Sonia y su padre Juan Basteguiera -mejor conocido como Coco- administran desde 1976 la histórica calesita de la Plaza Grigera en Lomas. Luego de una larga disputa con el Municipio, la calesita, que funcionaba desde 1949 en la plaza, debió ser trasladada al Parque Finky en Temperley. El nuevo corte de cinta estaba previsto para finales de marzo, pero la pandemia se anticipó y no permitió la reinauguración.

Desde entonces, la calesita dejó de girar y los dueños no tuvieron ninguna novedad al respecto. A pesar de tener posibles protocolos: “Hoy no hay placeros que estén desinfectando los juegos a cada rato, lo que sí ocurriría con la calesita”, comparó Sonia Basteguiera.

Los mismos calesiteros fueron quienes presentaron un posible protocolo para poder retomar la actividad de manera segura: utilizando la mitad de los asientos, desinfectando en cada vuelta y eliminando temporalmente la famosa sortija, pero aun así la propuesta se desestimó por parte del Municipio de Lomas de Zamora.

La misa historia se repite en San Vicente. Natalia es hija de Alberto Cariaga, dueño de la atracción ubicada en el Parque Viejo Casal de Alejandro Korn y es quien ayuda junto a sus hermanos a mantener viva la ilusión de la calesita. “Se hace más difícil todavía cuando vemos que la plaza está llena de chicos y lo único que está cerrado es la calesita. Da un poco de bronca porque los calesiteros somos de los pocos que todavía no volvimos a trabajar”, contó Natalia a El Diario Sur.

Aún esperanzados con la vuelta en noviembre, los calesiteros se mantienen al tanto de novedades por parte de cada distrito, en una época donde las actividades recreativas comienzan a flexibilizarse por acción u omisión.

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