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Café de especialidad: una variante que asoma en Zona Sur pero aún no convence

Con una elaboración más sofisticada y profesional, intenta seducir a los clientes con distintas variedades del café. Todavía no caló lo suficiente en el gusto de los vecinos de la región.

El café de especialidad le da un toque más sofisticado y profesional a esta bebida tan popular y cotidiana para los argentinos. Cafés exóticos y con una variedad de sabores internacionales son una tendencia que se instaló con fuerza en la Ciudad de Buenos Aires, principalmente después de la pandemia. Como era de esperarse, en Zona Sur se intentó darle forma a esa nueva moda para ver si tenía el mismo impacto, pero por el momento no caló lo suficiente en el gusto de los vecinos.

¿Qué es exactamente el café de especialidad? Todo parte de un parámetro técnico y de un término creado en los años ’70 en los Estados Unidos, diferenciándolo del café a granel. Alf Kramer, primer presidente de la Asociación de Cafés de Especialidad de Europa, lo definió como “una calidad artesana de café, juzgada por un consumidor en un mercado limitado, que aprecia una calidad y un gusto único y personalizado, diferente de las demás bebidas de café en oferta”. Para que un café sea considerado “de especialidad” tiene que alcanzar un puntaje mínimo de 80/100 en la evaluación de un catador certificado, quien controla la calidad del grano verde, sus atributos sensoriales y su resultado en taza.

En Capital Federal abrieron decenas de nuevas tiendas de café de especialidad. Tostadores especializados se lanzaron al mercado con una notable innovación destinada a clientes muy interesados en el origen de lo que consumen. Esa movida, como tantas otras, intentó replicarse en el Conurbano. Si bien hay público para todo en todos lados, por ahora la propuesta no pegó con tanta fuerza.

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Silvia, quien está al frente de Munch Kaffee de Monte Grande, vio de cerca este fenómeno y no tardó en notar las preferencias de los vecinos echeverrianos. “Yo arranqué con un proveedor, estaba bueno ese café. Cuando ya te empiezan a conocer te ofrecen otro tipo de café y yo empecé a probar. Hay muchísima variedad, pero yo trato de apuntar al promedio. El que realmente sabe de café te va a pedir un Ristretto o un Expreso. Ristretto te puedo sacar dos por año, nadie lo pide”, contó en charla con El Diario Sur.

Justamente Munch comenzó a ofrecer el Súper Capuchino de Nutella, que “sería como un capuchino italiano, que lleva crema, chocolate, canela y buena cantidad de nutella y puede ser saborizado o no”. Otra propuesta es el Mazagran: “Miro mucho lo de afuera para traer cosas distintas. El café Mazagran se hace con almíbar, limón, café frío y hielo. Eso sale más en verano pero tenés que tener un gusto muy particular, no a todos les gusta”. La oferta exótica abarca también el café irlandés, que contiene whisky. Pero la gente se inclina más por lo tradicional: cortado, jarrito, capuchino, café con leche y lágrima.

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Café de especialidad, una propuesta que por ahora no tiene los suficientes adeptos en Zona Sur.

Café de especialidad, una propuesta que por ahora no tiene los suficientes adeptos en Zona Sur.

Por su parte, Emiliano lleva adelante el emprendimiento Zeca de manera virtual, con puntos de entrega por Lomas de Zamora, Avellaneda y Capital Federal. “Brindamos servicio de entrega de café de especialidad con la molienda sugerida según el sistema de extracción que tuviera cada usuario. Empezamos a brindar como diferencial algo que no se conocía en el mercado. Café de distintos orígenes. Hay una diferencia con un café torrado que se consigue en cualquier supermercado. Ofrecíamos como diferencial un café más exótico, un café africano, de Etiopía, de Costa Rica, de Vietnam”, detalló.

“A futuro la idea es tener una cafetería, pero por el momento seguimos con el formato de entrega y venta de café para ser utilizado en máquinas hogareñas”, añadió. Por el momento, Zeca apunta más a empresas dietéticas o especializadas a venta de café, y no tanto a consumidor final. “Generamos mayor volumen de venta en menor cantidad de clientes. Antes mensualmente vendíamos 60 o 70 cuartos de café y hoy eso se lo estoy vendiendo a un cliente solo para que a su vez lo revenda. En vez de hacer una venta masiva como antes, estamos haciendo nicho en distintos locales”, destacó.

Cuestión de gusto y de precio

Por su elaboración, selección y calidad, el café de especialidad tiene un costo más elevado que el café tradicional que suele consumir la mayoría. Emiliano, de Zeca, explicó a El Diario Sur que “un cuarto de un café colombiano -el más tradicional- lo tenés a 1.800 pesos, pero el de Etiopía o Kenya sale alrededor 2.800”. A su vez, señaló que “el que es considerado el mejor café del mundo es el de Jamaica, que es el más caro”.

En tanto, en Munch Kaffee intentan apuntar al consumo tradicional. “No me traigo un café de 4.000 pesos porque no tiene sentido y menos si lo mezclás con crema o saborizante”, comentó Silvia, quien está al frente del local.

Café de especialidad como vocación en Zona Sur

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“Zeca” fue un emprendimiento que comenzó durante la pandemia, con venta a través de redes sociales y entregas en Lomas, Avellaneda y CABA. Sus principales clientes son las distribuidoras.

“Nosotros conseguimos el café ya tostado en los bolsones con intermediarios que tenemos acá en Buenos Aires y luego de eso lo particionamos en las distintas entregas que tenemos: de a cuarto, de a kilo o de a pedido. Lo que no hacemos es el expendio del café listo para tomar. A futuro la idea es tener una cafetería, pero por el momento seguimos con el formato de entrega y venta de café para ser utilizado en máquinas hogareñas”, señaló Emiliano, uno de los socios que lleva adelante el emprendimiento. Se los puede encontrar como @zeca.cafe en Instagram.

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