Este miércoles 4 de febrero, fue el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, mujeres de la región compartieron con El Diario Sur sus historias atravesadas por el diagnóstico, los tratamientos y la recuperación. “Es un golpe, pero se puede”, coincidieron, y destacaron la importancia de los controles médicos y el acompañamiento familiar.
Las historias de tres vecinas que superaron el cáncer: "Hay que rodearse de gente que te dé fuerza"
Vecinas de la región contaron cómo fueron sus experiencias luego de recibir el diagnostico de cáncer.
Liliana: “El final no siempre es triste”
Liliana Palazón, vecina de Lomas de Zamora de 66 años, recordó que el diagnóstico de cáncer llegó luego de una cirugía y una biopsia. “Cuando recibí ese diagnóstico fue un shock, no esperaba esa noticia”, contó. Según relató, lo más difícil del tratamiento fue “al principio la incertidumbre del futuro, del desconocimiento si funcionaría”. En ese proceso, destacó la importancia del vínculo con el equipo médico: “Me ayudó el optimismo que uno le pone y la confianza que genera el médico; es muy importante ese sentimiento médico-paciente”.
Durante el tratamiento, el acompañamiento familiar fue clave. “Lo principal es la familia, esa que te da fuerzas para que quien esté pasando por el tratamiento no se sienta sola”, explicó. Liliana decidió atravesar el proceso de manera reservada y señaló que “el resto de las personas no se enteraron de mi enfermedad”. A pesar de lo agresivo del tratamiento, aseguró que no tuvo secuelas físicas: “Solo controles muy exhaustivos por años”.
Entre los cambios personales, señaló que aprendió a “poner otras prioridades, no dar importancia a cosas que no tienen sentido y disfrutar más”. También recordó un momento significativo vinculado al miedo a la caída del cabello: “Alguien me dijo ‘no importa, yo me corto el cabello y así estamos iguales’; ese gesto fue muy especial”, aunque aclaró que finalmente no fue necesario. Su última quimioterapia fue el 23 de diciembre y esa Navidad tuvo un significado distinto. Tras siete años de controles, recibió el alta definitiva. “Ahí sí festejamos con total tranquilidad”, expresó.
También, remarcó la importancia de la prevención y del acompañamiento emocional: “Durante el tratamiento hay que estar tranquila, sin estrés y sobre todo con optimismo”. También subrayó que “no hay que culparse por lo que nos sucede” y que “el final no siempre es triste: muchos tenemos la oportunidad de seguir adelante”.
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Adriana: “Lo importante es hacerse los controles para prevenir el cáncer y rodearse de gente que te dé fuerza”
Adriana Iriarte, vecina de San Vicente, con 64 años contó que su primer diagnóstico de cáncer de mama fue en 2012. Se trató de un carcinoma ductal in situ, que definió como “un cáncer prácticamente benigno”. Fue operada de la mama izquierda y le extrajeron un ganglio centinela, que luego de la biopsia confirmó que no estaba comprometido. “Ahí se había cortado el cáncer”, explicó. El tratamiento continuó con rayos y cinco años de tamoxifeno, que finalizó en 2017, acompañado por controles médicos periódicos.
Durante más de una década, Adriana continuó con estudios regulares, primero cada seis meses y luego de forma anual. En diciembre de 2024, una ecomamaria detectó una imagen sospechosa. “Yo sentía algo medio duro en la misma mama”, recordó. Tras una resonancia con contraste, los médicos confirmaron un nódulo con “bordes irregulares” y una biopsia determinó que se trataba de un cáncer invasivo HER2 positivo. “Ya me la veía venir”, reconoció.
El nuevo diagnóstico implicó seis sesiones de quimioterapia entre abril y julio de 2025. Adriana describió el proceso como “bastante complicado”, con internaciones por baja de defensas, colitis severa y neuropatías. “Eso me cortó las piernas”, dijo, al recordar cómo el tratamiento afectó su vida cotidiana y su actividad física. A pesar de las dificultades, sostuvo la importancia del movimiento y realizó ejercicios guiados por una entrenadora oncológica: “Me permitió no bajar de peso y no perder masa muscular”.
En septiembre fue sometida a una mastectomía y decidió iniciar un proceso de reconstrucción mamaria. “No quería verme con esa cicatriz”, explicó. Actualmente continúa con aplicaciones de anticuerpos monoclonales cada 21 días como tratamiento preventivo.
Más allá del impacto físico, Adriana habló de los cambios emocionales y personales. “Hay un antes y un después”, afirmó. Destacó el acompañamiento de su hijo, su hermano, familiares y amigas, y recordó con emoción el festejo tras la última quimioterapia: “Fue como cumplir años de nuevo”. Además, remarcó la importancia de la prevención y el entorno afectivo: “Lo importante es hacerse los controles y rodearse de gente que te dé fuerza. Se puede, aunque cueste”.
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Marcela: “Hay que ponerle toda la buena voluntad sabiendo que esto va a tener un buen fin”
Marcela Figueroa, vecina de Temperley, contó que el diagnóstico de cáncer de mama se dio en el marco de controles ginecológicos habituales. “Yo estaba con los controles que nos hacemos las mujeres”, relató. Durante una ecografía mamaria, su ginecóloga manifestó dudas: “Hay cosas que no me parecen que estén bien acá”, le dijo en ese momento. Sin embargo, tras repetir estudios y derivarla a un centro especializado, el resultado fue tranquilizador. “No pasa nada, quedate tranquila”, recordó Marcela que le indicaron, con la sugerencia de repetir controles seis meses después.
A pesar de ese diagnóstico, Marcela sintió que algo no cerraba. “Salí con todos los estudios en la mano y no estaba tranquila”, explicó. Guiada por esa intuición, decidió consultar a un médico de confianza, quien la derivó de inmediato a un mastólogo. “Donde tu doctora no vio nada, yo sí vi”, fue la frase que marcó el inicio de un nuevo camino. Ese mismo día recibió la confirmación: “Ahí fue cuando supe que realmente tenía cáncer de mama”.
El acompañamiento familiar fue clave, especialmente el de sus hijos: “Uno de mis hijos me dijo ‘bueno mami, ya lloramos, ahora vemos qué hacemos’”. Tras la operación y el tratamiento, recordó el cansancio diario de los rayos, pero también la importancia de mantener la actitud positiva: “Ponerle toda la buena voluntad sabiendo que esto va a tener un buen fin”.
Marcela atravesó el proceso acompañada por su familia, amigos y equipo médico. “Son personas que supieron contenerme”, destacó sobre sus médicos, y resaltó el rol de su oncóloga y mastólogo. A más de una década del diagnóstico, ocurrido en 2013, continúa con controles periódicos. “Uno nunca está totalmente recuperado, es algo con lo que se convive”, explicó. Como mensaje final, insistió en la prevención y en escuchar el propio cuerpo: “No hay que dejar de hacerse controles y siempre prestarle mucha atención a las intuiciones”.
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