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La noche histórica de Maradona en San Vicente: recuerdos, anécdotas y fotos inolvidables

A un año de la muerte de Maradona, el recuerdo de vecinos que estuvieron en el mítico partido del Diez en el Club Deportivo San Vicente.

“Una tarde de camino a la cancha de Boca, mi nieto grita: ‘En ese auto va Diego’. Mi yerno Fito pisa el acelerador y logra ponerse a la par en un semáforo de Almirante Brown, la avenida que sale de La Bombonera. Le grité: ‘Diego, en el 91 comí con vos’. Me miró, se golpeó las manos y me dijo: ‘¡Viernes a la noche en San Vicente, viejo!’. Se acordó, aun habiendo pasado 28 años de aquel partido”, rememoró Ruben Arenas, vecino de San Vicente y ex director técnico de equipos de la región.

Y así como Maradona se acordó, para los sanvicentinos ese 19 de abril de 1991 quedó establecida como una fecha gloriosa en la historia del pueblo. Hoy, a un año de la muerte del ídolo, serán muchos los vecinos que vuelvan comentar anécdotas, detalles y risotadas de aquella noche en la que el Diez dejó su estela de magia.

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Diego Maradona junto a socios y miembros de la comisión directiva del Club Deportivo San Vicente.

Diego Maradona junto a socios y miembros de la comisión directiva del Club Deportivo San Vicente.

Maradona, que en ese momento estaba suspendido por un doping positivo, llegó hasta el Club Deportivo San Vicente para jugar un partido de futsal con el mítico “Deportivo Parque”, club que lo había fichado con la esperanza de que algún día se diera su participación.

Y finalmente se dio. Ya desde el precalentamiento empezó a dar muestras de su magia. Con unas zapatillas Puma blancas sin atar y la camiseta de la Sampdoria (el rival en el último partido que jugó con el Napoli) era el protagonista excluyente. La cancha desbordaba de gente, pero nadie se le abalanzó ni lo molestó. Quizás ese comportamiento infrecuente hizo que Diego, solito, sin que nadie se lo pidiera, se lanzara a la tribuna para sacarse cientos de fotos.

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Tras el partido en el Club Deportivo, le dijo a El Gráfico que no volvería a jugar oficialmente y que se convertiría en un jugador amateur.

Tras el partido en el Club Deportivo, le dijo a El Gráfico que no volvería a jugar oficialmente y que se convertiría en un jugador amateur.

Aquella noche hubo lugar para siete goles a pesar del escaso conocimiento del reglamento por parte del astro. Maradona le gesticulaba al árbitro con teatralidad. “No sabía las reglas. No sabía que el gol era fuera del área, tampoco que los laterales y córners eran solamente con la mano”, relató Gustavo Cerdán, director técnico de aquel plantel del Club Deportivo y Social Parque.

Algunos de los protagonistas habían recordado ante El Diario Sur los pormenores de esa noche única. “En la semana nos habían adelanto que quizás Diego podía venir. Pero no quisimos generar falsas expectativas”, contó el arquero Marcelo Razeto, hoy dueño de una empresa de telefonía móvil.

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Junto al arquero sanvicentino Marcelo Razeto. Diego lució unas zapatillas Puma blanca desatadas.

Junto al arquero sanvicentino Marcelo Razeto. Diego lució unas zapatillas Puma blanca desatadas.

“Yo en esa época estaba a cargo del buffet del club”, hizo memoria el ex presidente del Depo Ruben “Milanesa” Barciocco. “El viernes estaba barriendo y de repente veo que estacionan un Fiat Uno color bordó sobre la rambla y que se baja Maradona con un bolsito en la mano. Tire la escoba y me puse a aplaudir”, sumó.

Rápidamente se corrió la voz y la cancha se llenó. El partido arrancó favorable al Depo, que se puso dos a cero. “En la gesta del segundo gol la pelota había quedado sobre la línea pero no se había ido y el Deportivo San Vicente finalmente convirtió. Vino Diego con las manos atrás y me dijo: ‘¿No ves, no ves que la pelota se fue afuera?’. Sacadísimo, a los gritos. Y yo le respondí: ‘Cállate la boca o te saco’. Me miró y largó una carcajada terrible”, revivió Arenas, quien fue árbitro asistente de manera imprevista y necesaria en ese contexto de caos; Diego lo apodó “Ricky” por encontrarlo parecido a Ricky Maravilla.

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Maradona con jugadores y socios del Club Deportivo San Vicente.

Maradona con jugadores y socios del Club Deportivo San Vicente. "Se puso coqueto para la cena", aseguran.

Le costó diez minutos aclimatarse. El cinco inicial integrado por Landeira, Lara, Batista, Lamas y Maradona se fue al descanso 3 a 2, con dos goles de Diego.

“Los cuatro goles que nos hizo en el segundo tiempo, de todos los colores y ángulos, no me asombraron, para nada. Lo que sí me llamó la atención fue verlo tan feliz por lo que estaba haciendo, ver tanto disfrute en su cara. Porque uno siempre vio un tipo enojado, rebelde, viste… Esa noche fue uno más de nosotros”, recalcó el pívot del Deportivo San Vicente Néstor Ponciolo.

El partido terminó 9 a 4 a favor de Parque, que con la victoria se posicionó en la cima del torneo con cuatro puntos. Maradona entró intempestivamente al vestuario de los pibes del Depo y los invitó a sacarse una foto.

Después del encuentro hubo un asado en el gimnasio de la sede social de 9 de julio 180. “Se puso coqueto para la cena. Su asistente le pasó el desodorante, las cadenitas de oro y la ropa. Tenía un peinado bien italiano, el pelo brilloso, un brillo distinto, que te llamaba la atención”, recordó Razeto. Se sentó en la parte de adentro de la U que formaron los anfitriones con las mesas. Como en casa, o ni siquiera, Diego sirvió y no dejó que le sirvieran. Ofreció vino de una damajuana a cada uno de los que estaban ahí.

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Más de Diego en el vestuario del Deportivo.

Más de Diego en el vestuario del Deportivo.

“Qué grandísimo este asado”, le dijo Diego a Rubén Barciocco. Algunas horas antes había probado una empanada con un vaso de vino que le convidaron en un bar ubicado en el cruce de la Avenida Juan Domingo Perón y la Ruta 210 de Alejandro Korn, cuando iba de camino al club.

“En ese momento en el buffet trabajábamos un vino medio barretón, pero que era rico. A Diego le encantó y nos pidió más”, revivió Barciocco. Fue así como quien es considerado el mejor futbolista de la historia se fue de San Vicente con una damajuana de “Viñas Riojanas” bajo el brazo. Fue muy poco en comparación con lo que entregó: un tendal de recuerdos imborrables que hoy, a un año de su muerte, se vuelven todavía más valiosos.

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