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Sequía en San Vicente: la laguna está muy baja y los productores rurales sufren complicaciones

El nivel de agua de la laguna de San Vicente es bajo, aunque lejos de la gran sequía de 2009. En el campo, subió el precio del alimento para las vacas.

El agua de la laguna de San Vicente está en su nivel más bajo de los últimos años. Las piedras de la orilla están al descubierto y es perfectamente posible caminar algunos metros hacia adentro sin mojarse los pies. Para los pescadores y para quienes practican deportes como el kayak, es cada vez más difícil llegar al agua.

Esa es la consecuencia más visible en San Vicente de la falta de lluvias en lo que va del año, una situación que viene encadenada con varias temporadas de sequía. En ese contexto, los más preocupados son los vecinos del campo y los productores rurales, que en muchos casos se quedaron sin reservas para alimentar al ganado vacuno, y tienen que pagar altos costos por el alimento.

Los datos meteorológicos muestran que en los que va del año cayeron en San Vicente 360 milímetros de precipitaciones, muy por debajo del promedio histórico en la zona para el primer semestre, que es de 536 milímetros. “Lo que se viene dando es el fenómeno de ‘La Niña’, que para Argentina significa menores precipitaciones, desde hace tres años consecutivos. Esto no se había visto en los últimos 20 años”, sostiene el ingeniero agrónomo y productor rural de San Vicente Bernardo Althabe, en diálogo con El Diario Sur.

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El reflejo de la sequía en la laguna de San Vicente.

El reflejo de la sequía en la laguna de San Vicente.

Su colega Leonardo Rodríguez, también ingeniero agrónomo que trabaja con campos y productores de la zona, coincide: “El problema es el arrastre. Es el tercer invierno sin lluvia, con mucha helada, sin pasto, y en el medio tuvimos dos veranos secos. Entonces los productores no pudieron confeccionar las reservas de alimentos para la hacienda en el invierno”.

En una zona eminentemente ganadera como San Vicente, los productores siembran soja, maíz, trigo o pasturas para alimentar las vacas, que pueden ser destinadas a la producción de carne o de leche. La primera consecuencia de la sequía es la baja en el rinde de las siembras.

“La agricultura viene muy mal. En el verano el maíz fue muy afectado por la sequía y la ola de calor. Maíces que estaban para rendir 8 mil kilos la hectárea, rindieron 3.500. En el caso de la soja en algunos casos el rendimiento fue tan bajo que hubo que sacar cuentas para ver si valía la pena levantar la cosecha o no”, marca Althabe.

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La laguna de San Vicente está seca en varios metros hacia adentro de la orilla.

La laguna de San Vicente está seca en varios metros hacia adentro de la orilla.

En ese contexto, los productores de la zona sufren por la falta de alimento para las vacas, y pagan costos cada vez más altos. “Si hubiéramos tenido una buena cosecha, hoy un rollo de pasto se debería estar consiguiendo por 4 mil pesos, pero se lo está pagando entre 8 mil y 10 mil pesos. Todo esto aumenta el costo de producción del ternero, del litro de leche o del kilo de carne. Se gasta más plata para producir menos. Una vaca que tendría que dar 27 o 28 litros de leche diarios, da 22 o 23 litros”, apunta Rodríguez.

Y así como la laguna de San Vicente tiene menos agua que en los últimos años, lo mismo ocurre con los bajos y lagunas internas de los campos. Así lo ilustra Rodríguez: “Es el tercer invierno que ando con la camioneta por adentro de las lagunas en los campos. Yo le digo a mis clientes que se agrandaron los campos, porque estamos pudiendo sembrar en zonas que antes era todo agua”.

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