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El país que se salvó por el turismo y ahora se siente invadido

Para este año, la isla de apenas 330.000 habitantes espera que aterricen más de 2,2 millones de turistas,

El turismo ha sido una bendición a medias para muchos destinos del mundo. El auge de los viajes de bajo presupuesto y el aumento de la clase media china contribuyeron a originar un celebrado crecimiento del gasto de los turistas, pero también generó problemas en los lugares de infraestructura frágil.

Atraídos por sus espectaculares paisajes volcánicos y la facilidad de sus rutas aéreas, el turismo en ayudó a la otrora remota Islandia a salvarse de su profunda crisis económica, pero ahora que esa industria floreció, el país tiene problemas para lidiar con su propio éxito.

Para este año, la isla de apenas 330.000 habitantes espera que aterricen más de 2,2 millones de turistas, casi el quíntuple que en 2010, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). El turismo ya es la principal industria del país y superó su histórico medio de subsistencia: la pesca. La escala de esa explosión del turismo tomó desprevenido al gobierno; la infraestructura sufre sus consecuencias y los islandeses se quejan de la escasez de vivienda, el aumento de los alquileres y la basura que inunda las rutas.

"Queríamos tener más turistas y trabajamos mucho para conseguirlo, pero este crecimiento inmenso es algo que nadie podía prever", dice Sigrun Brynja Einarsdottir, alto funcionario del Departamento de Turismo.

El gobierno respondió con una campaña de marketing para atraer la atención mundial sobre los magníficos géiseres del país, sus lechosas aguas azules y sus paisajes lunares. Gracias a una moneda que no terminaba de reponerse de la crisis y a las aerolíneas que ofrecían escalas en sus rutas intercontinentales, los turistas acudieron en masa.

Para algunos, la estrategia funcionó demasiado bien. Los antes prístinos sitios de interés ahora están atestados de gente, y en las calles se amontonan los autos alquilados. Aumentar la capacidad hotelera lleva tiempo, así que el país recurrió a plataformas como Airbnb, una tendencia que según los analistas hace crecer el precio de la vivienda, que en este último año en Reikiavik se disparó un 18,3%, en comparación con el 6,3% del año anterior, según el agente inmobiliario Knight Frank.

"La situación en el centro de la ciudad se está volviendo insostenible. Los precios suben y hay pocos departamentos disponibles", dice Kolbrun Einarsdottir, que trabaja en un museo dirigido por artistas. En 2014, Kolbrun y su esposo fueron desalojados de su departamento porque el propietario dijo que quería alquilarlo a través de Airbnb.

El recalentamiento de la economía no sólo disparó el valor de la corona y de los alquileres, sino también la demanda de mano de obra, lo que a su vez impulsó los salarios. En mayo pasado, la tasa de desocupación en Islandia fue del 2,6%, la más baja del mundo desarrollado, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

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