Esta semana se dio una particular situación en relación a distintas movidas de comerciantes que reclaman reabrir sus locales, cerrados por las medidas preventivas impulsadas por la pandemia.
Sin salud no hay comercio. Ni nada
Una treintena de personas se citó en la puerta del Municipio de Esteban Echeverría con el eslogan "sin comercio, no hay ciudad". Lo que no debe confundirnos es la sensación que "no pasa nada" con el virus.
Con distintos formatos de protesta, hay comerciantes que levantan la voz porque están viendo peligrar la continuidad de sus negocios luego de dos meses de aislamiento social preventivo y obligatorio.
El jueves y viernes una treintena de personas se citó, vía redes sociales, en la puerta del Municipio de Esteban Echeverría, con el eslogan “sin comercio, no hay ciudad”. La preocupación genuina de unos choca contra las posibilidades del otro. Por un lado los comercios cerrados afectan la situación financiera y económica de sus dueños. Por otro, el municipio impulsa la campaña “quédate en casa” para evitar que los casos se multipliquen y colapsen el sistema de salud.
El (ya) viejo debate salud/economía tiene cada día una nueva batalla verbal y como si no se tratara de una situación global, empezó a encarnizar en la grieta argentina en discursos que alarman: “este virus no existe, es un invento del gobierno que quiere quedarse con las empresas y convertirnos al comunismo”, “mientras nos tienen a todos encerrados, devaluaron la moneda y nos van llevar a la ruina”. Un comerciante indignado le dijo a uno de nuestros periodistas: “ya está, tenemos que volver a la normalidad. Así no podemos seguir. Que se mueran todos los que se tienen que morir y ya. Menos mi viejo...”.
En la misma marcha los comerciantes encontraron y señalaron cómo “infiltrada” a María Alejandra Agostinelli: “acá nos conocemos todos, ella no tiene nada que hacer acá”. “Ella” no tiene ningún comercio en el municipio, sin embargo fue una de las más activas convocantes desde sus redes sociales a las marchas pro apertura. Esas mismas redes reflejan su militancia en el PRO y su participación en marchas anteriores exigiendo seguridad en Luis Guillón o alardeando conversaciones vía zoom con la ex ministra de seguridad nacional Patricia Bullrich o Christian Ritondo. Agostinelli no sólo no es una vecina más de Guillón preocupada por la inseguridad, ni tampoco una comerciante que teme por su “no comercio” cerrado. Fue candidata a concejal en 2017, y representa una versión distorsionada de la política, esa que hace alejarse a la gente de a pie. Especular con cada chance de “sufrimientos” de otros para sacar ventaja personal no sólo es cuestionable ética y moralmente, es también repudiable socialmente.
Entre uno de los cambios que llegó para quedarse luego del COVID 19 estará sin dudas el rol del comercio y sus formas de venta. Así como hace 3 décadas comprábamos pizza para llevar en las pizzerías y ya no lo hacemos más, la logística de entrega a domicilio de nuevos rubros fuera de los gastronómicos gana espacio, volumen y facturación.
Las grandes marcas internacionales de indumentaria y electrónicos ya hacen de la venta on line uno de sus principales canales de comercialización. A esto deberán sumarse los rubros “menores” en facturación individual en los que la relación producto/envío resulta inequitativo: “no puedo entregar una resma de papel a 40 cuadras porque el envío me termina costando más que la ganancia que me deja el papel”. A esta situación, que se repite en distintos rubros y negocios, hay que agregarle creatividad. Armar “pulles” de envíos de distintos comercios de una misma zona, pautar entregas semanales o dejar a elección de los compradores la entrega inmediata a mayor costo, puede ser una chance.
Lo que no debe confundirnos es la sensación que “no pasa nada” con el virus. A esta situación “controlada” llegamos porque la decisión oficial de establecer el aislamiento llegó temprano y el tiempo ganado nos permite varias ventajas: saber cómo afecta el virus y equipar lo más y mejorar posible al sistema de salud.
Por estos días Chile vive lo que el mundo bautizó como “el drama del último respirador”, momento en el que los terapistas deben elegir a quien ponen en coma para conectarlo al último respirador mecánico y a quienes no. Es una situación dramática e indeseada. A ese último respirador aspiran los ricos y los pobres, los obreros y los patrones, los comerciantes abiertos y los cerrados. Ser conscientes de esto nos dará mejores herramientas para enfrentar lo que viene.
Buena semana.

