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A 30 años de la histórica fiesta del elefante en San Vicente: el recuerdo de los protagonistas

El local bailable "Time" organizó en 1991 una fiesta árabe que incluyó el alquiler de un elefante. La historia se convirtió en mito en San Vicente.

Tres décadas pasaron desde que a un grupo de amigos que manejaba un boliche en San Vicente se les ocurrió su idea más alocada: traer a un elefante para una fiesta temática. Con el correr de los años, el episodio adquirió carácter de mito, y los protagonistas hoy recuerdan esa noche de 1991 entre risas y con orgullo.

El boliche se llamaba Time, y estaba ubicado sobre la avenida 25 de Mayo al 150, donde actualmente se encuentra la tienda de ropa David y antiguamente funcionó un cine. Los dueños eran Carlos Rodríguez (actual juez de Faltas del distrito), Fabián Guyot (abogado dedicado a la comercialización de cereales) y Marcelo Molina. Y tenían como encargado de relaciones públicas a Luis Iansa, padre del piloto sanvicentino Gastón Iansa.

De ese grupo de jóvenes de San Vicente que no llegaban a los 25 años salió la idea de la “Fiesta de las mil y una noches”, con temática árabe, odaliscas, decoración y una pista de arena para bailar sin calzado. ¿El objetivo? Dar un golpe de efecto que ayudara a Time a levantar cabeza en la dura competencia con “Extra”, el boliche de moda de Alejandro Korn en aquellos incipientes años 90. A pesar del inédito despliegue, no quedó registro fotográfico de esa noche.

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El boliche Time de San Vicente funcionó entre 1990 y 1991. De la noche del elefante no quedaron registros fotográficos.

El boliche Time de San Vicente funcionó entre 1990 y 1991. De la noche del elefante no quedaron registros fotográficos.

Iansa fue el encargado de negociar con un circo para conseguir el animal. “Me fui a un circo en San José que tenía un elefante y les preguntaba cuánto me cobraban por alquilármelo y no querían saber nada. Al final aceptaron, a plata de hoy no lo puedo calcular, pero era mucha. Lo trajimos en un camión Mercedes Benz 1114 por Pavón”, recuerda ahora. Y sigue: “Era imposible recuperar la inversión con la recaudación de una noche, pero la idea era generar una sorpresa”.

Carlos Rodríguez suma: “Lo paseamos por el centro de San Vicente y revolucionamos el pueblo. Quedó atado en la puerta del boliche desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana que terminó la fiesta. En un momento empezó a comerse las ramas de los árboles y los vecinos se quejaban, fue algo insólito”.

“Tuvo que venir la municipalidad a limpiar porque cagaba que era un infierno el bicho ese”, rememora Iansa. Y agrega: “Le pusimos un tambor de 200 litros para que tomara agua. Pero no tuvimos en cuenta que con la trompa salpicaba para todos lados. Estaban las chicas haciendo la fila para entrar y terminaron todas empapadas”.

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Diego Torres, invitado al boliche de San Vicente.

Diego Torres, invitado al boliche de San Vicente.

Las leyes de protección animal más laxas y la ambición de los dueños de Time permitió el hito del elefante. Pero ese no fue el único atractivo de la “Fiesta de las mil y una noches”. “La idea era bailar sobre la arena, así que tuvimos que tirar abajo una de las paredes y metimos siete camiones de arena en la pista. Después levantamos la pared, se hizo la fiesta, volvimos a tirar abajo la pared para sacar la arena y finalmente la volvimos a arreglar. En el baile también había muchas chicas vestidas de odaliscas, una decoración con velos… Le poníamos mucho ingenio y mucha garra”, describe Rodríguez.

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Además de la fiesta del elefante, hicieron otras noches temáticas.

Además de la fiesta del elefante, hicieron otras noches temáticas.

Fabián “Condorito” Guyot, uno de los dueños y también DJ de Time, explica el contexto de la nocturnidad local en aquel momento. “Nosotros teníamos un bar, Dinastía, y como nos iba bien nos animamos con el boliche. Pero al poquito tiempo abrió Extra, en Alejandro Korn, que era manejado por gente más profesional y nos sacaba la clientela. Nosotros trajimos una noche a Diego Torres y ellos llegaron a traer a la banda del Golden Rocket completa, era difícil competirles. Entonces hacíamos fiestas extravagantes, como la del desierto, una del espacio, otra de Halloween”, cuenta. Y revive que había una “guerra de tarjeteros” en las plazas de la región. Con la música “techno” como vedette, Time también trataba de apuntar a “un público más selecto”, según Guyot.

Los jóvenes emprendedores de la nocturnidad no consiguieron que Time fuera un éxito económico. El boliche cerró al poco tiempo y todos tomaron caminos distintos en la vida. Pero lograron una hazaña mayor: quedar en la historia de su ciudad.

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