Carta para mi desde el futuro 

Llegamos juntos a los 70. Sobreviviendo a los problemas que la economía del país nos puso enfrente una y otra vez. Por Ricardo Varela.

Buenos Aires, 3 de Octubre de 2038

Estimado Ricardo:

Como promesas son deudas, acá estoy, cumpliendo. Me había comprometido y aunque nada aseguraba que llegaría a los 70… lo logré.

Toda una vida juntos.

El tiempo para hacer balances es a los 70 habías dicho, como si lo que venga de aquí en más fuera de yapa. Te anticipo que espero llegar a los 80 y más.

Estos 70 te encuentran bien, rodeado de un puñado de nietos y de buena compañía. Alguno te hace enojar porque te salió “gallina”, pero ya sabés: el límite era la academia. A propósito del Rojo, te cuento que la última década volvió a su cause copero de “rey de copas”. Tardó en llegar, pero el tiempo puso las cosas en su lugar.

En este balance de hoy aparecen muchas caras. Aunque algunos ya no están. La canción también adelantó que a esta hora tendrías “amigos, enemigos y ex amigos”. Los primeros, no son pocos, y de fierro. Hiciste un buen trabajo ahí, se nota el paso por los distintos equipos de fútbol del Sosiego y otro grupo que te acercó la vida como comunicador.

En retrospectiva, creo que vivimos más de una vida. Sufrimos a los militares asesinos y la última guerra del país; festejamos la democracia de Alfonsín, mientras tratabas de sacar el punteo de guitarra que hacía Juan Baglietto en “El Témpano”. Después llegaron la universidad, los trabajos como empleado y los hijos.

Mirá también:

Accidente fatal en Canning: murió un motociclista en la ruta 58

Reinician obras "abandonadas" en el Aeropuerto de Ezeiza

Los 90 no fueron gratis, ni gratos. Pero zafamos. El cambio de siglo trajo aparejado un cambio de paradigma impensado. Aquel ingeniero informático se apasionó de repente con el periodismo y no paró más. A los diarios de papel, le siguió la radio, los portales, las transmisiones en vivo, la realidad aumentada, los hologramas y la teletransportación. A la distancia parece mentira que la gente leyera noticias en un papel, que alguien las imprimía y distribuía por todo el país con camiones a gas oil. Mucho más loco es que había gente que pagaba por eso. No te quiero spoilear, pero todo cambió muy rápidamente. Recuerdo aquel tiempo en el que pensabas que ya había llegado el momento de dejarle paso a los más jóvenes, y que estabas enojado con algún lenguaje de época que te excluía “por viejo”. También cuando la Argentina te había decepcionado y hasta habías pensado en irte a vivir afuera. Claro que eran tiempos en los que hacer 10.000 km en avión significaban casi 12 horas de vuelo y una incomodad física casi agraviante.

Hoy el mundo es formalmente un pañuelo y los viejos periodistas/chusmas solo hacen de bufones. Las “buenas plumas”, como solías decir, son inmortales.

Llegamos juntos a los 70. Sobreviviendo a los problemas que la economía del país nos puso enfrente una y otra vez; superamos epidemias y pandemias; tuvimos amores y desamores; hijos y nietos (y bisnieto en camino); nos sentamos en las grandes mesas y también comimos con mantas sobre el pasto; dimos vueltas olímpicas en Avellaneda y Japón; disfrutamos de conciertos, grandes actores y películas memorables. Seguramente también tuvimos días o meses aciagos, que hoy no aparecen en mi memoria. Debe ser por aquello protectivo (de uno mismo) de las memorias y los olvidos, ¿viste?

Desde el futuro te mandaría un mensaje de optimismo y esperanza, pero sé que no hace falta. Que vas a enderezar los días, uno a uno cuando haga falta, porque la mirada está en el largo plazo (ese que miran pocos) y la construcción de nuestra vida no trata de una foto sino de una película. Y hasta hoy está buena. Vale la pena verla, por haberla vivido.

Te espero, acá en el futuro desde donde todo toma otra dimensión.

Dejá tu comentario