Alte Brown | Camino de Cintura | Burzaco | coronavirus

Perdieron su casa en la pandemia y viven bajo un puente en Camino de Cintura: "No damos más"

Débora y Marcelo vivían en La Salada. Él se quedó sin trabajo y no pudieron pagar el alquiler del lugar donde vivían. Cómo es vivir en la calle en medio de la pandemia.

La pandemia del coronavirus causó estragos en la sociedad. Muchos perdieron sus empleos o vieron reducido su sueldo por la baja en la actividad laboral, e incluso han perdido su vivienda por no poder costear los costos. Este es el caso de Débora y Marcelo, una pareja que hoy viven bajo el puente de Camino de Cintura ubicado en Burzaco.

Débora tiene 54 años y Marcelo 46. Ambos se conocieron hace 14 años y formaron una “pareja de vida”. Hace unos años ellos vivían en situación de calle cerca de la rotonda de El Vapor, pero luego él pudo conseguir un empleo en una empresa de seguridad para trabajar en la feria de La Salada.

Sin embargo, la situación laboral no era buena. “Estaba en blanco mal y lo explotaban”, aseguró Débora a El Diario Sur, ya que recibía en mano mucho menos que lo que mostraban sus recibos de sueldo. Luego de tres años de trabajo, la feria tuvo una baja en su actividad por la pandemia y Marcelo fue perdiendo lugar para trabajar. Finalmente, se quedó sin empleo.

Esto repercutió también en su forma de vida, ya que al no tener ingresos tuvieron que abandonar el lugar en el que vivían. “Pagamos el último mes y nos fuimos con un flete”, contó Marcelo. Si bien habían encontrado un lugar donde vivir, tuvieron algunos problemas y decidieron abandonarlo.

Así fue como hoy pasan sus días bajo puente de Burzaco, a escasos paso de la vía del Tren Roca que une Constitución con Alejandro Korn. “Era esto o vivir en la rivera del Riachuelo, que es peor”, aseguró ella.

La vida allí es muy dura, y se empeora con un virus que circula en el aire acechando a todos los vecinos. “Es irritante, no podes cuidarte. Yo estoy anticoagulada, soy paciente de riesgo. En el día cargamos 14 baldes de agua para lavarnos las manos y tratar de evitar que el viento vuele la tierra”, contó Débora.

Además se suma a otros problemas que viven, como el robo de las pocas pertenencias que tienen, las ratas, la basura que se encuentra en el lugar e incluso situaciones de acoso. “Acá es horrible, pasamos de todo, hay gente que pasa y molesta”, expresó Marcelo.

Hoy en día ambos intentan llevar la mejor vida posible mientras buscan tener un ingreso y así conseguir un nuevo hogar. “Hay un montón de casas para usurpar. Él podría robar un carrito en un supermercado para cartonear. Pero nunca lo haríamos”, aseguró Débora.

Dejá tu comentario