El pasado viernes 28 de junio se llevó a cabo el último viaje de Horacio, uno de los choferes más antiguos de la Línea 501 de Almirante Brown. Viajó desde Longchamps a Glew, y luego volvió. En todo el recorrido estuvo acompañado de amigos y pasajeros que estuvieron con él en su trayectoria.
Emotiva despedida a un colectivero de Glew: "Fue como estar en mi propio velorio"
Uno de los choferes más antiguos de la Línea 501 se jubiló. Horacio, de Glew, fue despedido por compañeros y pasajeros en su último día.
Su nombre es Horacio de San Marcos, tiene 65 años y es vecino de Glew. Fue contratado por la Línea 501 en el año 2000, cuando comenzó a recorrer con el ramal conocido como "La Larga", el cual comienza en el barrio UOCRA y finaliza en Adrogué, aunque 21 años después, empezó a conducir en el ramal de Villa París.
El chofer, en diálogo con El Diario Sur, contó cómo fue su despedida y sus últimos días sobre el colectivo: "Hasta 24 o 48 horas antes de el último día para mí no pasaba nada. Sabía que no iba a trabajar más y tenía un silencio que me daba qué pensar, pero nunca me imaginé la revolución que fue. Eran las 9 de la noche y estaban todos mis compañeros, los que terminaron recién y estaban cansados, estaban esperando, los que al otro día arrancaban a las 3 o 4 de la mañana estaban ahí, había pasajeros con carteles. Fue algo mágico".
Horacio expresó: "Es algo que en la empresa nunca se hizo, y que me pase a mí... Tengo el pecho lleno de amor. Mis oídos derraman dulzura. Es algo único. Fue como estar en mi propio velorio, pero con la diferencia de que yo vi y pude contestar a todos los que vinieron, los pude abrazar".
"Después de finalizar la vuelta completa, al llegar a Glew, había otro grupo grandísimo. Salimos de Longchamps hacia Glew y después volvimos a Longchamps. Cuando llegamos al final se armó. Se pudrió todo", recordó Horacio entre risas.
La gran trayectoria de Horacio
El recorrido de Horacio comenzó a los 22 años en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), aunque después se alejó del transporte público por un tiempo: "Hicimos un emprendimiento familiar, en el que mi papá traía damajuanas en la cabina de un camioncito que tenía desde Mendoza. Nos vieron buena gente y empezamos a traer más y más, mil, cuatro mil, y así llegamos a vender un camión con acoplado lleno por día".
Lamentablemente, el negocio de la familia de Horacio cayó en quiebra: "En el año 2000 nos fundimos. Me quedé sin nada. Gracias a dios me quedé con mi vida y con la de mi papá, pero la pasamos muy mal. La empresa 501, me dio la posibilidad de entrar a trabajar. Me recomendaron, me tuvieron confianza y desde entonces no me volví a bajar del colectivo por 24 años".
A pesar de su jubilación, Horacio no piensa bajar los brazos, por lo que seguirá trabajando, aunque no como chofer, sino que se sumará a otro negocio familiar: "Quieto no me voy a quedar porque es malo para la salud. Mis hijos, hace tres años, empezaron con un emprendimiento que está yendo bien. Se trata de una cervecería, un bar de vinos, 'Bar de Copas', ubicado en Avellaneda 87, cerca de la estación de Glew. Voy a seguir ahí, voy a ir a ayudar un poco con el mantenimiento".
"La Línea 501 es una gran familia"
"En todo este trayecto les he enseñado a chicos, a cuyos padres conocí antes de que naciesen, y les aconsejo que hay que saludar. La gente viene con problemas, bajan del tren como animales, tuvieron un día de mierda, que no les alcanza la plata, tienen frío, tienen mil problemas. ¿Sabes lo que es que uno los reciba con buena onda?. En base a esto, considero tener miles de amigos, que les conozco la cara. No se cómo se llaman, dónde viven o con quién, pero son amigos... Amigos del colectivo. Yo no sé quiénes son ellos, pero tenemos ese vínculo de amistad", manifestó Horacio.
El vecino de Glew agradeció a toda la empresa y a sus allegados por tantos años de recorrido: "Sólo quiero agradecer a la empresa, porque me sentí muy cómodo. El dueño una vez dijo: 'Esto es una gran familia', y yo me sentí miembro de esa familia. Hubo descontentos, como en toda familia, pero no dejo de reconocer que yo pude afrontar todos los problemas que tuvimos en el 2000 gracias a la oportunidad que me dio esta empresa".
Las anécdotas de Horacio
El chofer, ya jubilado, comentó cuál es una de esas cosas que tiene la espina de no haber hecho, que le encantaría hacer, y se trata de un libro sobre sus experiencias sobre el colectivo: "Tengo la espina de no haber escrito un libro, una enciclopedia de anécdotas. Tengo miles".
Sin embargo, Horacio no se priva de sacar a la luz sus mejores historias: "Voy llegando al Bingo de Adrogué, donde se baja bastante gente. Arranco de vuelta, no hago ni diez metros y un pibe con auriculares empieza a tocar timbre, muy insistentemente. Lo miro por el espejo, me mira, y vuelve a tocar como loco. Me encapriché y pensé: 'Listo, ahora no le abro'. Cruzo por una calle y vuelve a tocar, pero muy insistentemente. Lo miro por el espejo y le dije: 'Flaco, ¿Vos sos pelotudo?. Me miró, se sacó los auriculares y me dijo: 'No anda el timbre'. Nos empezamos a cagar todos de risa porque no entendíamos nada. No escuchaba el timbre por los auriculares", relató.

