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Canning: la convivencia de los vecinos con la fauna autóctona

Tras la polémica por la invasión de carpinchos en Nordelta, en Canning reconocen que los animales generan algunos inconvenientes.

Con la polémica por la invasión de carpinchos en Nordelta, la problemática entre los animales y los residentes de las zonas donde hay humedales y grandes espacios verdes vuelve a resignificarse. En Canning, la convivencia entre los countristas y los cuises, las nutrias y los zorros es mayormente pacífica. Pero desde algunos barrios reconocieron que la fauna puede generar algunos problemas en la comunidad.

Un ejemplo de esto se da en el barrio Malibú, ubicado en el km 11 de la ruta provincial 58, donde se puede ver a toda hora una familia de cuises que hicieron nido en unos caños que se encuentran de forma estacionaria en el frente. Estos roedores llevan adelante una vida temerosa y ante el más mínimo acercamiento del humano, tienden a huir. El problema son los cazadores. Los caranchos se encuentran al acecho en los cables de luz y su llegada genera preocupación.

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Canning: la convivencia de los vecinos con la fauna autóctona

Canning: la convivencia de los vecinos con la fauna autóctona

“Ellos se comen a los cuises, están todo el día adelante. Muchas veces rompen las bolsas de basura de los vecinos”, contó en diálogo con Diario Canning, Mónica, guardia de seguridad del barrio. Y agregó: “Hace poco, uno de los caranchos quedó atrapado en el alambrado y era más grande que el resto. Nos costó mucho sacarlo porque nos quería atacar”, relató. Estas aves tienen una altura promedio de 50 a 60 centímetros.

Por otro lado, la situación en el country golf El Sosiego, ubicado en Sargento Cabral al 4500, pasó a ser preocupante por la presencia de un zorro que rondaba el barrio en busca de comida. Al contrario de los cuises y las nutrias, estos mamíferos no huyen cuando se sienten amenazados. Fue entre el mes de junio y julio que el invasor rompió bolsas de basura, atacó a las mascotas de los propietarios y a más de un vecino. Finalmente lo pudieron capturar y fue trasladado a una zona lejana al barrio.

Sin embargo, el problema persiste con otros animales que resultan ser una molestia para el barrio. “Hemos notado con alguna preocupación el crecimiento de la población de coipos en estos dos últimos años. Preocupación que compartimos con el resto de los barrios cerrados de la zona. Sabemos de la estacionalidad, de ahí la preocupación porque este invierno hubo un mayor número de ejemplares y nos anuncia un verano complejo”, aseguró Fabio Notcovich, director ejecutivo del barrio El Sosiego.

Al mismo tiempo, la amenaza de otro de los roedores conocidos de la zona como las comadrejas genera descontrol y daños materiales en el barrio. “Hay animalitos que están apareciendo en más cantidad que antes y preocupa porque no sabes cómo puedan interactuar o asustar, especialmente a los más chicos”, contó Fabio Kornblau, presidente de El Sosiego. “Hay caca por todos lados, rompen los greens de golf, los alambrados”, agregó.

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