Esta semana en la Cámara de Diputados de la Nación se decidió archivar un proyecto de ley que le hubiese permitido a los motores de búsqueda de internet (Google, Yahoo o Facebook) no pagar por los contenidos que distribuyen. El mismo tenía media sanción del Senado.
SOBRE CÓMO GARANTIZAR LA RIGUROSIDAD Y LA VERDAD DE LA INFORMACIÓN
No podemos dejar la información pública ni el archivo googleable en manos del mejor postor.
Los usuarios de redes sociales suelen navegar por una serie de contenidos de distinto formato (textos, fotos o videos) sin evaluar necesariamente quienes y/o cómo lo generan, sin son actuales o de archivo, reales o ficticios. Muchas veces esos contenidos se comparten una y otra vez multiplicando los alcanzados en su difusión.
Este mecanismo permitió (permite y permitirá) todo tipo campañas desleales y se ofrece como una inmejorable plataforma para la propagación de noticias falsas destinadas a captar voluntades o generar opinión pública.
Desde hace tiempo los editores venimos trabajando para que los buscadores puedan diferenciar nuestros contenidos de otros de dudoso origen e intencionalidad. Algo así como una certificación de confiabilidad, que garantice a quienes lo leen (o consumen) que se trata de contenido con un respaldo. Los editores producimos información que da trabajo a periodistas, fotógrafos, columnistas, dibujantes, infógrafos, diseñadores gráficos y expertos en disciplinas digitales. Se trata de un contenido caro si se lo compara con el que puede generar un aficionado en el living de su casa, o multiplicar un integrante de un equipo de trolls con intencionalidad política. Hacer periodismo profesional es caro. Los medios contamos con un respaldo patrimonial y un editor responsable, porque tenemos que responder, incluso judicialmente, por lo que publicamos.
En la búsqueda de que la ley se sancionara, los lobistas de las empresas de buscadores en la web argumentaban la necesidad de garantizar la libertad de prensa. Sin embargo, los editores sostenemos que lo que buscan no tiene relación ni con la libertad de prensa, ni con la de expresión.
El problema que aquí tenemos es esencialmente un nuevo colonialismo. Un nuevo colonialismo económico que recrea las situaciones del siglo XVII y XVIII sin que nosotros nos demos cuenta, reflexionó el director de Perfil Jorge Fontevecchia. Detrás de esto no hay un tema de libertades (de prensa o expresión), hay un tema claramente económico. Google y Facebook se están quedando con el 80% de la publicidad mundial. Cuando ellos piden que no haya regulaciones, cuando piden que haya exención de responsabilidad, de lo que están hablando es de captura de rédito y de hacer luego transferencias de esas renta al exterior, agregó.
Los diputados escucharon la posición de la industria editorial, y decidieron archivar el proyecto de ley argumentando que su tratamiento debía contemplar fases técnicas más allá de las jurídicas. Para 2019 se espera una reedición de la pelea por su sanción, aunque legisladores oficialistas se comprometieron a incorporarle modificaciones al proyecto original de Pinedo. Una de las salidas que podría destrabar la situación actual es incorporar el concepto derecho de autor. Sin embargo también se espera que se tomen en cuenta los avances que en materia de definición se lograron en Europa, que también diferencian la responsabilidad entre los distribuidores y los productores de contenidos.
El proyecto de ley aprobado en el Senado y ahora frenado en la cámara baja amerita un debate, que tenga en cuenta todo lo expuesto sobre los contenidos y también otras cuestiones que hacen a la actividad del periodismo profesional. Hay quienes proponen que los distribuidoras paguen impuestos para que se protejan los contenidos.
En todos los casos las posibilidades que brinda internet deben ser tomadas a favor de la información disponible. De eso no cabe duda. El tema pasará por garantizar contenidos ciertos, rigurosos y confiables. Por los que alguien se haga responsable. Caso contrario quedaremos en manos de quien gaste más dinero contratando a: a) quien diseñe e interprete mejor los algoritmos de la web, b) quien escriba según su interés de turno y c) quienes se dediquen a multiplicar (trolls) el mensaje. Todo esto sin que importe si es verdad o no. Y sin que nadie se haga cargo del eventual daño que pueda causar lo que se difunda.
No podemos dejar la información pública ni el archivo googleable en más del mejor postor.
Buena semana.
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