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Un país mitad de tabla

Para entender en qué lugar está parado el país con respecto a la campaña de vacunación hace falta tomar perspectiva global y darse un baño de humildad, cosas que también, como las vacunas, escasean. Por Manuel Nieto

Por Manuel Nieto

El plan de vacunación es el principal debate en la Argentina de la pandemia. Y como siempre, acentuada por el año electoral, está la grieta. El Gobierno, que había prometido 20 millones de vacunas para marzo, ahora celebra con triunfalismo otro 20 más modesto: el porcentaje de vacunados con al menos una dosis.

Los aviones que van llegando de a poco a Ezeiza con lotes de Sputnik, Sinopharm o ahora, por fin, AstraZeneca, y los turnos que aparecen en los celulares de millones de argentinos, contrastan con gritos desmesurados de opositores en la tele. “¡No hay vacunas!” es el axioma más utilizado. Recuerdan el fracaso del acuerdo con el laboratorio Pfizer, sobre el cual el Presidente dio explicaciones confusas, y sacan a la cancha el escándalo de los vacunados VIP.

El Gobierno cometió errores indisimulables durante la campaña de vacunación. A la indecencia de los “colados” se sumaron las constantes fallas en la comunicación: se cansaron de prometer lotes de vacunas que, como mínimo, siempre se retrasaron. Faltan precisiones sobre lo que pasó con Pfizer y los diferentes acuerdos que involucran al empresario Hugo Sigman.

También han sido poco claros los criterios de asignación de turnos, especialmente en la Provincia de Buenos Aires. Y sumo otra arista: ¿Tuvo sentido haber invertido millones de dosis en docentes, muchos de ellos jóvenes y sin comorbilidades previas, cuando a solo un mes del inicio de clases se decidió volver a la virtualidad?

Todos esos problemas no deberían tapar una consideración: Argentina es un país mitad de tabla. Ocupa el puesto 67 en el ranking mundial de PBI per cápita, según datos del Fondo Monetario Internacional sobre 2019. Es el indicador que más se acerca a poder determinar el nivel de vida de los habitantes de un país, aunque no toma en cuenta los niveles de desigualdad. Algunos de nuestros vecinos en esa planilla de Excel son México, Brasil, Turquía, El Líbano y República Dominicana. ¿No es ilógico esperar que a solo seis meses de que se inyectaran las primeras dosis en el mundo esta Argentina mitad de tabla tenga a la mitad de su población vacunada, como les pasa a los punteros de la campaña 2021?

De acuerdo al sitio Our World in Data, entre las mejores performances vacunatorias aparecen las de Israel (62% de su población vacunada con al menos una dosis), Reino Unido (56%), Canadá (53%) y Estados Unidos (49%). En el pelotón de arriba se ve a las dos sorpresas sudamericanas, Chile (52%) y Uruguay (46%), este último ayudado por su población de 3 millones y medio de habitantes. En Europa, Alemania tiene el 40% y España el 36%

Argentina está lejos de esos números, rozando el 20% y con millones de habitantes que le dan “refresh” a sus pantallas para ver si llega el bendito turno para la segunda dosis. Pero veamos cómo les está yendo a algunos de nuestros pares de PBI per cápita en el porcentaje de habitantes vacunados con al menos una dosis. México araña el 15%, Turquía el 20%, Brasil también está apenas arriba del 20% y Rumania tiene el 21%. Todos los países de la Unión Europea están arriba del 30%. La convulsionada Colombia comparte la cifra del 11% con Rusia (¡Sí, Rusia, el que nos vende las vacunas aplicó menos dosis que nosotros!). El promedio mundial es del 10%.

Sacando de lado el ombliguismo (gran deporte nacional), no resulta raro que Argentina tenga esos números modestos. La adquisición de vacunas en un marco de escasez y con los países desarrollados pelando la billetera para acaparar dosis es complicada para los que están en la mitad de la tabla. Cada Estado está haciendo más o menos lo que puede.

Tiene lógica y es sano para el sistema democrático que la oposición al Gobierno remarque los errores de la campaña de vacunación. ¿Pero genuinamente creen que no hay vacunas, o que hay una cantidad muy inferior a la que tendría posibilidades de acceder el país? ¿O buscan en realidad debilitar ante la opinión pública un flanco del Gobierno que seguramente no es el más malo?

Para entender en qué lugar está parado el país con respecto a la campaña de vacunación hace falta tomar perspectiva global y darse un baño de humildad, cosas que también, como las vacunas, escasean.

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