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El núcleo duro, el diputado raso y el FMI

El cimbronazo también es de representación: es de esperar que ahora el núcleo duro del kirchnerismo se sienta habilitado para criticar sin liviandad al gobierno y actuar en consecuencia.

“Quieren un país para pocos y nosotros queremos un país para todos. Y en esa tarea nos van a encontrar. Alberto, confiá. No nos dan miedo las peleas ni las tapas de los diarios. Vos decí qué tenemos que hacer, para dónde tenemos que ir, y ahí nosotros te vamos a acompañar para sacar nuestra patria adelante”.

Con esas expresiones cerró Máximo Kirchner su discurso de asunción en el PJ Bonaerense en la quinta de Perón en San Vicente. Esto fue el 18 de diciembre, hace apenas seis semanas, sentado al lado del “Alberto” al que se dirige, el mismo al que le presentó esta semana su renuncia como jefe del bloque de Diputados del Frente de Todos. Máximo presentó así públicamente su disconformidad con el pre acuerdo con el FMI al que llegó el Gobierno. Y además de trazar su supuesta posición personal y comprometerse a continuar como “diputado raso”, le causó daño a las negociaciones y a la credibilidad argentina ante el mercado internacional de crédito, al poner en duda si este gobierno o el próximo estará dispuesto a honrar sus compromisos.

Máximo, que es de apellido Kirchner, lidera la poderosa agrupación La Cámpora y controla a través de ella una cantidad de organismos del Estado con presupuestos millonarios, nunca podrá ser visto por el mercado como un “diputado raso”. Está claro que sus movimientos tienen un especial impacto, de ahí a que su renuncia haya generado una crisis para el oficialismo y temblores en el sector financiero. El cimbronazo también es de representación: es de esperar que ahora el núcleo duro del kirchnerismo se sienta habilitado para criticar sin liviandad al gobierno y actuar en consecuencia. ¿Cómo hará Alberto Fernández para soportar dos oposiciones en simultáneo? ¿Qué pasará con los funcionarios del área de Energía que responden a La Cámpora y se vienen negando a menguar los subsidios a la energía, una de las exigencias del FMI?

En su carta, Máximo Kirchner pide que no se dude de su “pragmatismo”, una condición que se asocia al Néstor Kirchner “pagador” de comienzos de siglo. Es decir que si no acompaña las condiciones del acuerdo es porque se trata de un programa que, según su visión, tendría graves consecuencias para la economía argentina.

Los detalles del acuerdo no trascendieron y es posible que tampoco se hayan establecido. El anuncio de Alberto Fernández fue más bien el de un calendario de metas fiscales coordinado con el Fondo que establece reducir el déficit a 2,5% del PBI en 2022, 1,9% en 2023 y 0,9% en 2024. Por decantación caerán los subsidios, especialmente a las tarifas de luz y gas, que en muchos casos funcionan como una transferencia de recursos a sectores que no deberían ser prioritarios en el contexto del 50% de pobreza que vive el país. También se suma el control trimestral de los técnicos del organismo y una tasa de interés por encima de la inflación, para morigerar el rechazo al peso. Pero en concreto, en esta etapa preliminar del acuerdo, las exigencias del FMI no implicarían reformas de fondo, sino medidas que tiendan a acomodar la situación fiscal y a pensar en la reducción de la inflación.

Lo que para Máximo Kirchner son herejías que lo obligan a un portazo, son simplemente elementos racionales para el presidente electo de Chile, Gabriel Boric, surgido de las protestas estudiantiles de 2011 y de quien nadie puede dudar su nivel de progresismo en sangre. Boric designó como su futuro ministro de Economía a Mario Marcel, que hasta ahora era presidente del Banco Central, confirmado en el cargo por el conservador presidente saliente, Sebastián Piñera. ¿Boric quemó las banderas progresistas que lo llevaron a la Presidencia por esta designación? No, simplemente entendió que no hay progresismo posible sin una macro economía ordenada, con acceso al crédito externo.

Queda pensar en la posibilidad de la renuncia de Máximo como un acto de especulación política, para no pagar los costos del ajuste y llevar la bandera de la resistencia a una eventual interna del oficialismo en 2023.

Mientras tanto, los problemas de la economía siguen acuciando.

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