Por Manuel Nieto
El teorema de Baglini se devoró a Milei
El fenómeno Milei no está acabado y las encuestas todavía no registran un desplome total en su imagen. Para peor, ni el Gobierno ni la oposición parecen estar tomando actitudes que impidan un resurgimiento de Milei o de otro extremista. Por Manuel Nieto.
En el marco de un debate de la Comisión Bicameral sobre la Deuda Externa en 1986, el fallecido diputado radical Raúl Baglini delineó una simple “hipótesis” política que con el correr de los años pasó a conocerse como “el teorema de Baglini” y que ha servido para explicar muchas de las actuaciones en la política argentina.
El postulado de Baglini es sencillo: dice que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder. A modo de ejemplo, el Frente de Izquierda, sin posibilidades reales de ganar una elección, pide suspender el pago de la deuda al FMI.
Entonces, según “el teorema” del ex legislador alfonsinista, cuando más lejos está un dirigente del poder, más irresponsables son sus enunciados; mientras que cuando más se acerca, se vuelven más sensatos y razonables y debilitan sus posiciones críticas hacia el gobierno o “el sistema”.
Javier Milei, que hace un tiempo contó que practicaba boxeo con un muñeco al que le pegó una máscara con la cara de Raúl Alfonsín, decidió no seguir el postulado de Baglini, lo que lo estaría dejando al borde del abismo político. Cuando su imagen “volaba” en las encuestas y todo el arco político tradicional lo miraba como “un cuco” con posibilidades reales de llegar al poder, que podría ser el Donald Trump o el Jair Bolsonaro argentino, empezó a radicalizar su discurso y a mostrar un lado inhumano.
Su caballito de batalla de “dinamitar el Banco Central”, como viene diciendo desde hace dos años, es una manifestación anti-política de la que solo pueden calibrar su gravedad los mejor informados sobre economía. Pero estar dispuesto a legalizar la libre portación de y declararse dispuesto a autorizar la venta de órganos son posturas que atraviesan los límites de los límites. Y hubo más: una predisposición a debatir la venta de niños y una valoración de la figura de Margaret Thatcher, la primera ministra británica en tiempos de la Guerra de Malvinas.
Esta acumulación de groserías permite pensar en la posibilidad de un suicidio político deliberado por parte de Milei o en una pérdida del centro de gravedad anímico que lo haya llevado a esta eventual sucesión de errores comunicacionales. Lo cierto es que el descontento con su figura llegó también a las filas de los simpatizantes libertarios. El influencer y gurú de las criptomonedas Carlos Maslatón, que se definía como “puntero de Milei”, ahora lo desafía a competir en unas PASO.
La política tradicional, representada por el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, se ilusiona con sacarse de encima a la amenaza de Milei. La receta –si es que la hubo- fue heterodoxa: darle al economista libertario toda la exposición mediática que fuera posible, para así dejar a la vista del público sus “burradas” y saturar a las audiencias. No se siguió la lógica de “cerrarle” los espacios para que no pueda aumentar su nivel de conocimiento. Esta última hubiera sido una idea más ligada a la ortodoxia política.
Con todo, el fenómeno Milei no está acabado y las encuestas todavía no registran un desplome total en su imagen. Para peor, ni el Gobierno ni la oposición parecen estar tomando actitudes que impidan un resurgimiento de Milei o de otro extremista. El ex ministro de Economía del gobierno de Macri Nicolás Dujovne, abanderado de la toma de deuda con el FMI, llamó esta semana a “la responsabilidad de la conducción económica” y habló de “desmanejo fiscal y monetario”. El Presidente Alberto Fernández, por su parte, describió a la situación del país como “una crisis de crecimiento”.

