Las palabras del argot propio de cada sociedad suelen decir mucho de ella. Mojar el pan en la salsa o en el aceite de oliva es tan importante para los españoles que le tuvieron que poner un nombre: “mojete”. Y otro término que aparece a cada rato en el discurso público es “guiri”, con el que hacen referencia a los turistas extranjeros, especialmente a los que vienen del norte o centro de Europa. El turismo constante en las calles, las playas y las iglesias, entremezclado con los españoles locales, es una característica tan típicamente ibérica como la tortilla, las corridas de toros o el Real Madrid. Y no se trata solo de “guiris”: los propios españoles aprovechan cada fin de semana largo que pueden para moverse por su país. Una conversación típica entre ellos consiste en enumerar las ciudades que conocen y las que les falta conocer, y qué tal es la comida en Asturias o en Extremadura.
Correo desde Madrid: Llenarnos de guiris
Por qué España es un mega boom turístico a nivel global. ¿Podrá Argentina llenarse de "guiris"?
España es el segundo país que más turistas recibe en el mundo, solo detrás de Francia y delante de destinos como Italia o Estados Unidos. Con una población de casi 50 millones de habitantes, en 2025 rozaron el récord de 100 millones de visitantes, que gastaron 140 mil millones de euros (la mitad del total de la deuda externa argentina). El ranking de viajeros lo encabezan los ingleses, seguidos de los franceses y alemanes.
¿Por qué España es un mega éxito turístico y logra hacer de esa industria su segunda actividad económica? Hay un mix de razones que no se agota en la calidad de las playas, tanto en el continente como en las islas Baleares y Canarias. La ubicación es privilegiada: está a un vuelvo barato de distancia de las principales capitales de Europa y tiene un clima más cálido y amable que ciudades casi siempre grises como París, Londres o Berlín. Para esos europeos, los precios españoles son baratos y la gastronomía mediterránea una ganga exquisita. Los vinos son buenos y accesibles para todos los bolsillos y nadie va a juzgar a un “guiri” por pasarse el día entero de bar en bar hasta llegar al hotel hinchado de cerveza y tapas; cualquier español desearía hacer lo mismo.
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Además de las playas y el sol, España ofrece sus ciudades históricas con monumentos imponentes, como Madrid, Barcelona, Sevilla o Granada, paisajes montañosos y turismo religioso. Y con infraestructura muy desarrollada: aeropuertos bien conectados en cada ciudad medianamente importante, una red de trenes de alta velocidad que une todo el país, y hoteles, bares y restaurantes en cada esquina. Todo en un contexto de estándares europeos de seguridad y previsibilidad.
Pero no era mi intención escribir un folleto turístico. Lo que más me llama la atención es la integración entre los españoles y los turistas. Hay lugares que son “solo para turistas”, como los cascos antiguos de ciudades históricas que ahora ya parecen parques temáticos. Pero en general los españoles viven todo lo posible en las calles, en los bares, en las playas. Lo que venden al mundo, más que un lugar, es un estilo de vida, al que un inglés o un alemán está feliz de adaptarse en las semanas de vacaciones de verano que se pueda tomar.
Me costó entender todo esto porque, aunque el encanto español es innegable, estuve en algunos lugares llenos de turistas que no me parecían “para tanto”. Sobre todo, viniendo de un país que tiene a la Patagonia, a Mendoza, a los glaciares, a las cataratas, a Buenos Aires, a Mar del Plata, y a Salta y Jujuy, entre tantas otra maravillas de altísimo impacto. Pero claro: estamos lejos, las distancias entre las atracciones son enormes y la previsibilidad no es nuestra mayor virtud. El turismo en Argentina pesa como factor regional pero no tiene un plan de desarrollo sostenido en el tiempo como el que han tenido los españoles. En materia prima, que es lo más importante, tenemos la mejor del mundo. ¿Estaremos preparados para llenarnos de “guiris”?

