Mi padre siempre me decía: los actos privados de las personas no son noticiables. Y he tratado de vivir esta ingrata profesión sobre esas palabras. Lo complicado es saber cuáles son actos privados y cuáles aquellos que revisten interés periodístico por la relación que pueden tener con la cosa pública. En principio, para no faltar al juramento que tiene nuestra profesión, aquel que dice que "nadie debe decir como periodista lo que no pueda decir como caballero". Pero, especialmente, para no generar incomodidades gratuitas a quien no le corresponda.
No vamos a dejar de hablar de eso
Por Nico Varela (@nicoevarela).
Porque el periodismo incomoda. Lo sé, lo sabemos, siempre lo supimos. No somos famosos, ni estrellas de televisión, pero mucha gente nos conoce. Por eso hay que tener una conciencia tranquila sobre el trabajo que se está haciendo para poder resistir los ataques que naturalmente provoca ese tipo de molestia, y no dar el brazo a torcer. Al final, los periodistas no queremos que nadie nos quiera, queremos que nos crean.
Aquí nunca hicimos periodismo de interés nacional, y si se hizo créanme que no vino de mi parte. Desde chico cultivé el sentido de pertenencia como línea editorial, lo que me fue haciendo crecer un rechazo por los temas nacionales como el resultado del partido de Boca; o los temas de capital, como los cambios en el Gabinete del presidente.
Por eso el caso de Manuel Adorni no lo quiero abordar como tal, sino usarlo como ejemplo. Porque el ex vocero presidencial, devenido en Jefe de Gabinete, se defendió durante las últimas dos semanas de las acusaciones de corrupción alegando que sus viajes y sus gastos pertenecen, precisamente, al ámbito privado. Primero trayendo a la mesa de debate a sus hijos que lo acompañaron a Punta del Este en el vuelo privado que pagó una empresa prestadora de servicios de la TV Pública que él mismo controlaba, y después diciendo que su plata podía gastarla como quiera porque la había ganado en buena ley dentro del sistema libertario (el que hace un par de semanas demostró que no importa cómo se gane la plata ni aunque seas el mismísimo Lázaro Báez). Por último, agotados estos dos recursos, acudió a atacar al periodismo de hacer supuestas operaciones para tratar de lastimarlo.
Lo cierto es que la única manera de evitar que las cosas se sepan es que las cosas no ocurran. Nadie hubiera sabido que Manuel Adorni había viajado a Nueva York con su esposa en la comitiva presidencial si él no la hubiera llevado, y de hecho tampoco se hubiera sabido si él no la hubiera llevado junto al presidente a visitar la tumba de Rebe Luvabitch, momento en el que sacaron la foto que desató el escándalo.
A Adorni nadie le pediría su declaración jurada de bienes si no fuese funcionario público. De hecho, y aunque parezca insólito, nadie le hubiera preguntado por qué el departamento en Caballito no estaba declarado si él mismo no lo hubiera nombrado en conferencia de prensa. Las semanas siguen corriendo y el periodismo sigue sin hablar de sus hijos, sigue sin hablar de si tiene o no un Rolex como quieren instalar en redes sociales, de hecho el periodismo parece ignorar que el propio Manuel Adorni no tiene ni tuvo nunca ninguna actividad privada reconocida que le pueda haber hecho tener el patrimonio que ahora ostenta, algo que se le puede notar hasta en el pelo. Pero el periodismo mal llamado nacional, el periodismo de capital al menos, no va a dejar de hablar de Manuel Adorni. Ni aunque en esas mismas redes sociales, cientos de miles de cuentas anónimas intenten amedrentar a quienes lo cuestionan.
Y yo no voy a dejar de hablar de la ADCC. Esta semana, producto de un hecho noticioso lamentable pero repetido que nos tocó contar (una mala noticia), tuve que volver a leer la misma súplica disfrazada de reclamo que vengo leyendo desde hace un año. Siempre por escrito en redes sociales, siempre desde cuentas que pretenden ser anónimas. "Dejen de hablar de la ADCC". Nadie está más lejos que yo de pretender volver noticiable cómo es que los miembros de la "comisión normalizadora" se ganan su plata, o de volver público a dónde se van de vacaciones, en qué country viven, ni si les gusta tomar café a la noche o vino al mediodía. Pero la Asociación Deportiva Country Canning es, precisamente, eso. Una asociación civil, y sin fines de lucro. Existe gracias a los socios que durante años pusieron dinero para hacerla crecer. Miles y miles de vecinos de Canning que, aunque hayan sido despojados vilmente de su condición de socios, siguen siendo acreedores de la verdad.
Creemos que el periodismo está para eso. Para tratar (aunque a veces cueste más de lo imaginado) de encontrar la verdad, y después contarla. Moleste a quien moleste. Siempre con el sello identitario de la marca periodística, la que se ve en la parte superior de todas las páginas de este diario; y cuando no, a cara descubierta y con nombre y apellido, como en esta parte o en los programas de radio y stream.
Después de lo ocurrido hace diez días, esta semana Manuel Adorni suspendió el encuentro que tenía previsto con la prensa. Cree que si no tiene cómo explicar claramente las cosas lo mejor es hacer silencio, esconderse detrás de trolls y aduladores, y esperar que pase la tormenta.
Porque lo que sí entendió es que el periodismo no va a dejar de hablar de eso, ni de nada de lo que quieran que se deje de hablar. Fin.

