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Historias de Santos: "Setenta veces siete"

Reflexiones sobre la vida de San Pedro. Por Clara Milano.

Esta semana me encontré con muchas situaciones, tanto personales como ajenas, que me llevaron a preguntarme hasta dónde uno tiene que perdonar a los demás y por qué hacerlo. La realidad es que amar al prójimo parece sencillo pero a veces se vuelve muy difícil.

Todo esto me llevó a pensar en el apóstol Pedro y en un diálogo particular que tuvo con Jesús acerca del perdón, el cual seguramente conozcan. Pero antes de mi humilde reflexión, quiero hacer un repaso breve sobre su vida.

Simón Pedro fue uno de los discípulos más cercanos a Jesús y una de las figuras centrales del cristianismo primitivo. Su nombre original era Simón y trabajaba como pescador en Galilea junto a su hermano Andrés, hasta que Jesús lo llamó para seguirlo. Según los evangelios, Jesús le dio el nombre de “Pedro”, que significa “piedra”, y le dijo que sobre esa piedra edificaría su Iglesia.

A lo largo de los relatos bíblicos aparece como un discípulo apasionado: fue uno de los primeros en reconocer públicamente a Jesús como el Mesías, caminó sobre el agua hacia él y estuvo presente en momentos clave. La historia de Pedro también está marcada por sus contradicciones humanas. Durante la última cena aseguró que nunca abandonaría a Jesús, pero tras el arresto lo negó tres veces por miedo, tal como Jesús había anticipado. Sin embargo, en el libro de Hechos de los Apóstoles aparece como uno de los principales líderes de la primera comunidad cristiana.

Quienes hayan visto la serie “The Chosen” seguro pueden reconocer en Pedro a uno de los apóstoles más impulsivos y más duros frente a los enojos y desacuerdos. Tal vez más de uno nos hayamos sentido identificados con él en algunas escenas.

Volviendo al tema del perdón, el diálogo al que me refería al comienzo de esta columna es el siguiente (Mateo 18; 21-22):

“Entonces se acercó Simón Pedro y le dijo:

—Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesús le dijo:

—No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”.

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Simón Pedro fue uno de los discípulos más cercanos a Jesús.

Simón Pedro fue uno de los discípulos más cercanos a Jesús.

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Creo que todos entendemos que Jesús no se refería a perdonar 490 veces a un hermano, sino a perdonar sin llevar un control matemático: perdonar de corazón, por misericordia.

La misericordia es la capacidad de sentir compasión por el sufrimiento o el error de otra persona y actuar con perdón, comprensión o ayuda en lugar de castigo. En la tradición cristiana, la misericordia aparece muy ligada al perdón: no responder solamente desde la justicia estricta, sino también desde la empatía y el amor hacia quien se equivocó.

Podemos tener una lista de argumentos en contra de la persona que nos lastimó, pero cuando la misericordia entra en el juego eso se desarma. Muchas veces parece imposible perdonar al otro, incluso aunque no signifique volver a entablar un vínculo amistoso, pero creo que lo que la misericordia hace es ablandar nuestro corazón para buscar la paz con los demás, para entender que el otro, como yo, también puede equivocarse.

Ojalá la misericordia encuentre un lugar en nuestros vínculos, incluso cuando el enojo parece más fuerte.

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