Hay un grupo de españoles que cada fin de semana en Madrid, junto a otros argentinos, se pone un uniforme como el de los Granaderos de San Martín y defiende esa camiseta como si fuera propia. Ese milagro se obra en el Club Argentino, una institución nacida hace dos años, que tiene una camiseta azul marino, con una banda blanca y detalles rojos como el del regimiento que combatió contra el ejército realista en las guerras de la independencia.
Correo desde Madrid: El Club Argentino, el Granadero de Madrid que revoluciona el ascenso en España
Surgido hace dos años, el Club Argentino hace ruido en las categorías más bajas del fútbol español, y sueña con llegar a primera.
El Club Argentino milita en la Liga Regional de Madrid, lo que equivale a la séptima división del fútbol español, pleno amateurismo. Pero su presidente, Adrián Varela, que fue dirigente de River y funcionario político de CABA y se vino a España con una oferta de trabajo en otro club, dice que el objetivo está planteado en grande, que sueñan con llegar a la primera división.
En sus poco más de dos años de vida, el “Granadero”, como se lo conoce, viene haciendo ruido con su objetivo de plantar en España la idiosincrasia futbolera argentina. La novedad se hizo viral en 2024 y 2025 entre la comunidad de argentinos en Madrid y luego consiguió algunas incorporaciones estrella: los hermanos de Julián Álvarez, el crack del Atlético de Madrid, que suele ir a ver los partidos. También sumó en los últimos meses a Gianluca Simeone, uno de los hijos del Cholo, que se retiró recientemente del fútbol profesional.
El domingo pasado me fui a ver un partido de local del Argentino para un reportaje para El Mundo. Cuando entrevistaba a los jugadores y el cuerpo técnico me comentaban que tuvieron un período de adaptación complicado. En el comienzo, el equipo estaba conformado básicamente por españoles que vivían cerca del predio de entrenamiento. A medida que se fue haciendo conocido, empezaron a llegar argentinos. Y ahí se produjo el choque cultural.
Los españoles de la séptima categoría están acostumbrados a tomarse el fútbol con mucha calma, tanto los entrenamientos como los partidos, un buen momento entre amigos y nada más, parecido a un intercountry. Pero los argentinos que se sumaron al proyecto se querían comer la cancha y exigían una intensidad desmedida. Además, con esa camiseta, tienen una motivación extra y se sienten como si estuvieran jugando en la Selección.
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Finalmente, dicen que encontraron un punto medio: los españoles del equipo se comprometieron más y los argentinos bajaron un cambio (solo uno). Además, hicieron un esfuerzo de adaptación al juego europeo, de menos contacto y agresividad, porque estaban acumulando amarillas y rojas a lo pavote. Así lograron el ascenso a la categoría actual y esta temporada se mantienen en el pelotón de arriba, con chances de subir otro peldaño. “Pero si no es este, será el que viene”, sacan pecho.
El otro componente importante del club que busca representar acá la esencia del fútbol argentino está en la tribuna. El domingo pasado, después de una lluvia copiosa, había unas 300 personas en la cancha del Vallecas CF, donde el “Grana” hace de local. Con buen tiempo, llegan a ser 600, una marca inédita para la séptima categoría. Y si se le ocurre ir a Julián, y se empieza a correr la bola por los grupos de WhatsApp, todavía más gente. Suele ir a alentar a sus hermanos Punchi y Turrón con sus padres, y se llevan “carrot cake” en un tupper y la comparten con mate entre la gente, como hacen todos. Como si estuvieran en su Calchín natal o en San Vicente, donde vivieron durante la etapa de “La Araña” en River.
El movimiento con vida propia que se está generando alrededor del Argentino incluso ya cuenta con una mini barrabrava. La integran chicos del Conurbano, Rosario y Mar del Plata de origen humilde, de los que uno no se cruza tanto acá en Madrid (el perfil de emigrados argentinos a España suele ser más de profesionales y emprendedores de origen clasemediero). Y tienen lo que hay que tener: bombos, canciones provocativas y mucho aguante, un espectáculo nunca visto en el ascenso español. Ya tuvieron varias advertencias de la liga por deslices en su comportamiento, y a ellos les parece insólito que les hayan prohibido “putear” a los rivales, una práctica que consideran de lo más normal, pero que a los otros equipos -de amateurs que lo hacen por gusto- les resulta una salvajada.
En esa bandita del tablón, me sorprendió encontrarme un español, Martín. Fue a un partido de casualidad, se contagió de la pasión y se volvió parte de la hinchada. Viaja cada domingo 90 kilómetros desde Toledo para ver al Granadero, que, más que un equipo de la séptima categoría, es un pedacito de la Argentina tomando vida propia en Madrid. Y la Argentina, como dice la Constitución, es para todos los hombres del mundo que la quieran habitar.

