Cuando pensamos en equipos solemos imaginar grupos ideales. Sin embargo, los equipos reales están formados por personas imperfectas, atravesadas por emociones, necesidades y diferencias. Por eso, el desafío no está en alcanzar la perfección, sino en detectar a tiempo aquello que impide que el equipo crezca. ¿Qué es aquello que el equipo calla, evita o no sabe resolver?
El punto ciego del equipo
Por Mónica Dreyer.
Uno de los conflictos más frecuentes aparece entre los objetivos individuales y los del equipo. Personas talentosas y valiosas pueden terminar debilitando el funcionamiento del equipo cuando predominan necesidades personales como el reconocimiento, el poder, la seguridad o el éxito individual. Para que el equipo avance, requiere reconocer esas diferencias y construir espacios donde se puedan abordar. Aprender a gestionar conversaciones constructivas es clave para saber poner sobre la mesa lo incómodo. Porque aquello que no se conversa suele aparecer después como malestar, distancia o desgaste.
La falta de confianza es otra de las grandes amenazas para cualquier equipo. Sin confianza, las personas dejan de expresar ideas, temen equivocarse y trabajan a la defensiva.
Otro de los puntos es la ausencia de feedback: equipos que no revisan cómo trabajan ni conversan sobre sus resultados terminan funcionando “a oscuras”. Sin claridad sobre lo que se espera y sin acompañamiento para mejorar, es difícil corregir errores o crecer.
El liderazgo también influye profundamente. Cuando un equipo atraviesa dificultades, parte del problema suele estar en la manera de conducirlo. Liderar implica revisar permanentemente qué necesita el equipo y qué necesita aprender quien lo lidera. La frase de Albert Einstein sigue vigente: “No podemos resolver los problemas con el mismo nivel de pensamiento que los creó”.
Por eso, cuando acompaño equipos y líderes, observo algo muy poderoso que sucede cuando el líder se anima con humildad a mirarse en qué puede ser más efectivo. Es increíble como el equipo parecería que sube a otro nivel. El equipo cambia: se profesionaliza, madura y gana efectividad.
Los grandes avances no aparecen solamente cuando cambian las reglas o los procesos, sino cuando surge un aprendizaje que permite ver lo que antes no se veía.

