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Apuntes del Conurbano: El que no salta es un inglés

El milagro de cantar “el que no salta es un inglés” con más sentido que nunca. El milagro de Messi y una Selección que emociona.

Hace veintipico de años que escucho que los argentinos cantamos “el que no salta es un inglés”. En las canchas, en los recitales, casi en cualquier lugar donde haya una pequeña multitud. Es una reivindicación nacionalista por Malvinas, sí, pero la verdad es que también lo cantamos para joder, sin que eso implique una renuncia a nuestro reclamo de soberanía o a la honra de nuestros héroes de la guerra de 1982. Si somos muchos, nos gusta cantar y saltar, hacer un poquito de quilombo sin romper nada, y en ese repertorio entra “el que no salta es un inglés”.

En la educación sentimental que recibe un niño promedio en la Argentina entra la guerra de Malvinas y el partido de México 86 casi al mismo tiempo. Es un diseño curricular no oficial que aparece en casa y se perpetúa. Todos somos grandes y comprendemos que el fútbol y la guerra no tienen nada que ver, pero también todos fuimos chicos y, si nacimos después del 90, nos contaron las dos cosas al mismo tiempo.

Así que todos sabíamos que las semifinales de este miércoles no eran un partido más y especialmente después de la victoria entendimos que no estábamos “solamente” viendo a la increíble selección de Messi llegar a una nueva final. En los festejos, cantábamos “el que no salta es un inglés” y nos mirábamos como diciendo “tanto cantar esto toda la vida y ahora tiene más sentido que nunca”.

A la velocidad que van las cosas en los Mundiales, y sobre todo en esta era de las redes sociales, este domingo ya nos parece un poco lejano el triunfo histórico contra Inglaterra. Hoy nos toca ver en la final al equipo que mejor nos representa y que muestra la mejor versión de nosotros mismos. Que tiene habilidad, creatividad, solidaridad, pasión y mucha garra. Que mezcla el fútbol lindo con el aguante, el talento con la fuerza, el espíritu de grupo con el genio individual. Es glorioso ser testigo de esta Selección porque en ellos vemos lo que nosotros queremos ser. Porque nos permite pensar en un mundo más justo en el que el poder del amor y la amistad y los asados y el palo santo nos llevan a cumplir nuestros sueños. Porque vemos en Messi un milagro: la resurrección del chico que más insistió durante toda su vida para jugar con la camiseta Argentina, y no se cansó de perder, y la vida lo premió, ya adulto, con la gloria deportiva, pero también con muchos amigos nuevos, los De Paul y los Paredes, que son nuevos “tíos” para sus hijos, más cancheros y tatuados que el viejo Luis Suárez.

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El resultado del partido de hoy frente a España no cambia ninguna de estas cosas. El orgullo de ser argentinos, la esperanza de mostrar nuestra mejor versión incluso en contextos adversos, la ilusión de que aún cuando ya parece que es muy tarde puede haber una salida… Todo eso va a seguir estando ahí este domingo a las seis y media, pase lo que pase. Y, con más o menos euforia, algunos de nosotros nos vamos a juntar, y vamos a cantar “el que no salta es un inglés”.

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