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Historias de Santos: el fútbol, lenguaje universal

Reflexiones sobre la vida del Papa Francisco y su pasión por el fútbol. Por Clara Milano.

Este domingo es la final del Mundial y es imposible no pensar en alguien que entendió como pocos el poder que tiene el fútbol para unir a las personas: el papa Francisco.

Mucho se habló de su amor por San Lorenzo. De aquella credencial de socio que conservó durante toda su vida, de los campeonatos que siguió desde chico y de la alegría que sintió cuando el club ganó por primera vez la Copa Libertadores. Pero reducir la relación de Francisco con el fútbol a una camiseta sería quedarse con una parte muy pequeña de la historia. Para Bergoglio, el fútbol nunca fue solamente un deporte. Fue un lenguaje universal y un espacio de encuentro.

En más de una oportunidad dijo que el fútbol era "el deporte más bello del mundo". Sin embargo, lo que más le interesaba no eran los resultados ni las estadísticas, sino aquello que sucedía alrededor de una pelota: la posibilidad de aprender a trabajar en equipo, respetar al rival, aceptar las derrotas y compartir las alegrías.

Durante el Mundial de Brasil 2014 deseó que el torneo se convirtiera en "una fiesta de solidaridad entre los pueblos" y recordó que el fútbol ofrece "una oportunidad para el diálogo, la comprensión y el enriquecimiento humano recíproco".

No era un discurso aislado. A lo largo de su pontificado utilizó permanentemente imágenes futboleras para hablar de la fe. Invitaba a "sudar la camiseta" del Evangelio e incluso llegó a decir que Jesús invita a todos a "jugar en su equipo". Sus palabras nunca buscaban hablar solamente de fútbol. Lo utilizaba porque sabía que millones de personas entendían ese lenguaje.

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Por eso, después de que Argentina conquistara el Mundial de Qatar en 2022, eligió un mensaje que sorprendió a muchos. No habló del gol de Messi, ni de la copa levantada en Doha. Habló de la humildad.

"A los vencedores todos los felicitan. Que lo vivan con humildad. Y al que no gana, que lo viva con alegría, porque el valor más grande no es ganar o no ganar, es jugar limpio, jugar bien", expresó.

También recordó una imagen de su infancia que, según decía, resumía el verdadero espíritu deportivo: "Nosotros íbamos a la cancha todos los domingos con mamá y papá. La palabra más fea que se escuchaba para el árbitro era 'vendido', pero después terminaba el partido y se daban la mano. Ese savoir-faire del deporte. El deporte te hace más noble, incluso hecho con una pelota de trapo”.

También llevó esa pasión al Vaticano. Recibió a Diego Maradona, Lionel Messi y a cientos de futbolistas de todo el mundo. Organizó el Partido por la Paz, donde reunió a figuras de distintas religiones y nacionalidades convencido de que una pelota podía tender puentes donde otras herramientas no llegaban.

Este domingo habrá un campeón del mundo. Habrá abrazos, lágrimas y recuerdos que quedarán para siempre. Francisco seguramente habría disfrutado del partido, pero para él el verdadero triunfo nunca estuvo solamente en levantar una copa. Ojalá nosotros también lo podamos comprender.

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