El título predice una conclusión editorial algo nostálgica, de esas que dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Parece que voy a empezar hablando del sillón-cama del living del departamento de mi abuela Marta, en el barrio Luz y Fuerza 420, o de los revestimientos de madera en las paredes que son el paisaje de momentos hermosos que voy a recordar más adelante. Pero todavía no. Quiero hablar con optimismo de lo que nos espera para las próximas semanas.
Porque esta semana el técnico de la Selección Argentina, Lionel Scaloni CDM, presentó la lista de convocados para la próxima Copa Mundial de la FIFA. El próximo 11 de junio (el día del cumpleaños de Ricardo) nos vamos a volver a encontrar para ver girar la pelota. Otra vez en México, como en el ‘86, como en Qatar, o como en Navidad.
El viernes, en el programa de stream de El Diario Sur, nos juntamos con los chicos de Canning Gol. En El Diario Sur tenemos dos grupos de personas que se ocupan con entusiasmo y profesionalismo de la cobertura de las dos ligas de fútbol más importantes de la nuestra región: FeFIJEE y Adues Sports. Por eso somos felices. Porque amamos el deporte, amamos el periodismo, y amamos el ejercicio de precisión llevado a cabo con los pies.
Lo vemos todos los fines de semana. Lo vemos en el césped de los countries, en las canchas de pista, de cemento o de tierra. Lo vemos en banderas y trapos que cuelgan de los alambrados cada fin de semana con nombres ingeniosos como la Maquinita, los Perritos Malvados, los Pura Dinamita. Lo vemos en las vinchas de pelo, los cambios de frente en cancha de once, las definiciones infartantes. Como la definición de Quinta de esta semana, en la que Santa Juana y Echeverría del Lago se cruzan por la última fecha. Los locales tienen el empate a su favor como en aquella recordada final entre Vélez y Huracán.
Si saben de lo que estoy hablando, entonces entenderán a lo que me refiero.
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Por eso el viernes fuimos felices, durante más de 40 minutos, discutiendo si el ‘Colo’ Barco era un colado la lista, o analizando cómo a José Manuel López (no-Obrador) lo había dejado libre la dirigencia de Independiente, o de cómo River había contratado a cuatro campeones del mundo y ahora que están en River ya no fueron convocados. Por un ratito nos olvidamos que todo eso tiene que ver con los negocios de los representantes.
En todas las canchas que visitamos cada fin de semana el tema son las figuritas. Quizás allí se me presentó la primera alarma, pero la apagué cuando vi la emoción de los chicos al conseguir la figurita de Lamine Yamal, o de Ousmane Dembelé, o de Pedri.
A todos los periodistas nos gusta presumir de contar algo que nadie contó, o como se dice ahora en los canales de stream, de hablar de lo que nadie habla. Se habla del nivel de Julian y su escandaloso pase del Atlético Madrid al Barcelona. Se habla del nivel del Dibu, al que primero querían echar pero después no lo echaron y al final salió campeón de la Europa League. Se habla del arquero de Racing, del hijo de Simeone, de Angelito Di María… pero nadie habla de él.
Sí, este es su último mundial. Por eso día por medio mi memoria visita la casa de mi abuela Marta. El recuerdo de aquel día, hace más de 20 años, se hace borroso en el compartimiento visual de mi memoria. Solo recuerdo los revestimientos de madera en la pared, y con eso viajo a un mundo en el que el campeonato de AFA tenía veinte equipos que jugaban Clausura y Apertura. Y yo era jugador. Esa semana probablemente jugaba contra CISSAB o Hacoaj y ya me sabía cuándo era el próximo cruce contra El Venado. Boca y River tenían jugadores de jerarquía y peleaban las copas Libertadores. Independiente jugaba todos los fines de semana con la camiseta roja, excepto en el clásico que jugaba desnudo. No sabía de representantes, ni de Sociedades Anónimas Deportivas, ni del Inter de Miami ni el club Leones de Rosario. Los que más sabían de fútbol eran Horacio Pagani, Menotti, el pibe Varsky y Alejandro Fabri. No existían Azzaro ni Gustav, y el FMI no estaba en la Argentina.
Era un chico, y el fútbol era mío. Porque el fútbol, como conté que vemos cada fin de semana, es de los chicos.
Y Messi recibió la pelota en el vértice del área grande y en vez de enganchar avanzó en paralelo. Le aventajó 40 centímetros al defensor, lo que le permitió darle algo así como con la punta del pie, o con el pulgar, pero para afuera. A lo Burrito Ortega, a lo Pulga Rodríguez, pero para afuera. Argentina 3, México 0. Y había que cerrar el estadio. Solo los genios hacen eso.
Empieza el mundial, el último de Lionel Andrés. El último de Lio. El último de Messi. Hoy no me importa la política, ni los negocios, ni que se quieren robar el fútbol profesional, ni de los que se quisieron robar el fútbol amateur. Hoy no quiero pensar en que ahora la Copa Mundial de la FIFA la juega hasta Curazao, ni en que el mejor equipo argentino en copas internacionales es Independiente de Rivadavia de Mendoza. Quiero estar feliz por verlo a él. Al mago, al artista, al único. Al Messias.
La vida no fue la misma habiéndote visto jugar, y no será la misma cuando ya no estés. No se trata de ser pesimista o nostálgico. La vida no será la misma sin Messi; porque la vida no es la misma sin fútbol.

