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No pasa nada

Ni los audios filtrados, ni la guerra interna, ni la caída del consumo, son factores relevantes para la opinión pública que sigue disfrutando de un tipo de cambio estable.

Pero haber, hay, y para todo el mundo. Podría empezar por el presidente de la Nación, al que esta semana una muy poco elegante dama de compañía le filtró una serie de audios en los que se lo escucha excitado por contar su día en el trabajo: “no puedo creer que tenga a todo el mundo que nos felicite por lo que estamos haciendo y me piden selfies, y que somos un faro para el mundo”,se lo escuchó decir por teléfono en la única parte reproducible. Pero pasar, no pasa nada. Sigo pensando que los actos privados de la personas no son noticiables, y que el presidente debe vivir su sexualidad plenamente como más le guste sin que se lo someta al escarnio público. Quizás debería ser más cuidadoso con su persona para cuidar la investidura presidencial, pero está claro que eso no es una prioridad. Que al presidente no lo graben en la intimidad no parece ser prioritario tampoco para los servicios de inteligencia de la Nación, uno de los pocos organismos a los que no se le ajustó el presupuesto durante su gestión.

Los servicios de inteligencia parecen estar más enfocados en las redes sociales, especialmente en X. Donde el asesor más cercano a Milei y más vinculado a esta cartera, Santiago Caputo, reveló también esta semana que el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, tiene cuentas truchas desde las cuales critica la gestión del gobierno libertario, a sus funcionarios, y al propio presidente y su hermana, según se pudo corroborar. Aunque el presidente haya dicho que se trató de una “operación prefabricada” la realidad es que nada de eso pasó. Esta vez no fueron los medios de capital, ni los del interior, ni los de la tele ni los del streaming, los que instalaron el tema de la interna en el triángulo de hierro. Fue el propio Caputo el que lanzó la ofensiva contra la figura más cercana a Karina Milei (junto con Adorni) e instaló el tema en la agenda. Y a decir verdad, como dijo el propio Menem, lo que se dice pasar, no pasó nada. El jueves explicó que a pesar de haber quedado expuesto como un operador dentro de las filas del gobierno, el miércoles presidió la sesión en la Cámara de Diputados con absoluta normalidad.

Allí se aprobaron varios proyectos, entre los que se incluye la eliminación de los subsidios al gas para zonas que estaban consideradas especiales por las bajas temperaturas. Mientras en el Gran Buenos Aires terminamos mayo con temperaturas en torno a los cero grados, se eliminó la consideración climática para zonas como Bahía Blanca o Carmen de Patagones, o para ciudades como Bariloche. La cámara de hoteleros de esa ciudad manifestó su preocupación pero según los voceros del oficialismo no pasa nada, cerramos Bariloche y listo, porque no es rentable. Los únicos perjudicados serían los jeques de Emiratos Árabes Unidos que a principio de año compraron 19.000 hectáreas cercanas a la ciudad turística más famosa del país.

La dos veces presidenta de la Nación mandato cumplido, Cristina Elisabeth Fernández, sigue presa. Pero no pasa nada. Al menos no para el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y, por ahora, autopercibido candidato a presidente en 2026. El cual durante esta semana y la pasada estuvo dando charlas de “formación política” de las que solo se conocieron videos caseros, en los que casualmente algún militante rentado gritaba “la solución es que seas presidente Axel”, para que él se sonroje frente al espontáneo griterío de la gente. “Axel presidente, Axel presidente”, parece ser, por ahora, la única canción nueva. Pero no pasa nada. Tampoco es que desde el Partido Justicialista haya mucho entusiasmo por terminar con el modelo libertario. Esta semana pudimos ver una encendida crítica al gobierno de Milei por parte del intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, pero con eso tampoco pasó nada. Para el peronismo de la capital es más atractivo ver al derrotado legislador porteño Leandro Santoro chicanear a la ahora libertaria Leila Giani, porque antes repartía volantes “para él”. Ahora que recuerdo, tampoco pasa nada si el pretendido opositor a Milei presenta un libro (que vaya a saber uno cuándo lo escribió) junto al mejor amigo personal del presidente, Diego Giacomini.

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La única pregunta que queda por hacer, entonces, es por qué. ¿Por qué no pasa nada?

Porque el dólar no aumenta. Uno podría pensar que eso es un problema, que hay muchos sectores de la economía que pierden competitividad, pero lo cierto es que la inmensa mayoría de la población no lo ve así. La realidad es que si uno compra un huevo a un dólar con el dólar a 100 pesos, el huevo cuesta 100 pesos. Si la moneda nacional se devalúa y el dólar pasa a valer 200 pesos, entonces el huevo pasa a valer 200 pesos, pero sigue valiendo un dólar. La inflación de los primeros tres meses del año alcanzó el 12%, pero el dólar no se movió. Si esto pasara en el hipotético escenario del huevo, éste pasaría de valer 100 a 112 pesos, pero eso significa que el huevo ya no vale un dólar, ahora vale 1,12 dólares. Esto pasa con todos los precios de la economía, las tarifas, el transporte, el alquiler, las cuotas de prepagas y colegios, con todo. Por eso a pesar de que la inflación es menor que la del gobierno Fernandez/Massa, el ahogo de la gente parece no tener fin.

Pero ese ahogo es silencioso. Todas las semanas retratamos comercios que se cierran y la respuesta es siempre la misma: “cerramos porque queremos, no por la caída del consumo”.

Nadie quiere ser el afectado. Nadie admite que hay una crisis. Nadie quiere ser el caído del sistema, ni siquiera los que generan ingresos en dólares, que son la principal variable de ajuste para este gobierno. La clase media. La que todavía sale a comer el primer fin de semana del mes y llena los titulares con estadísticas de mora en las tarjetas de crédito.

La que define, por más increíble que parezca, que esta semana no pasó nada.

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