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Qatar hora cero 

Por Ricardo Varela.

A todo o nada, ¿no?

A matar o morir. “Fútbol o muerte” es uno de los segmentos de ¿humor? radial más escuchados desde hace varias semanas.

La gloria o Devoto. Sin escalas.

No puede ser de otra forma. “Es el último mundial de Messi. Más le vale que nos traiga la Copa”.

¿Cómo vivirlo de otra manera? Si somos un país futbolero. Y además tenemos al mejor del mundo en la cancha y a Dios alentando desde el cielo. Si a eso le sumamos el rezo del Papa Francisco, nada puede fallar.

Hoy tenemos fiebre mundialista y eso hace que se vendan figuritas del mundial al doble y triple de su valor, y que se usen las imágenes de los jugadores y los colores que “Belgrano nos legó” en absolutamente todos las actividades comerciales posibles. Así las cosas, para vender misiles y profilácticos durante los próximos 30 días será necesario tener en cuenta que “la gente” estará atravesada por el mundial.

Los políticos también rezan. “Mientras la selección gane tendremos paz social. En diciembre y en éste contexto de ajuste e inflación, estamos todos prendiéndole velas a la pelotita”.

Toda esta ebullición, estimulada por propias frustraciones y potenciada por los medios de comunicación no genera chance: la selección mayor de fútbol de la Argentina tiene que ser campeona del mundo o será un fracaso rotundo. Nada de presión para los jugadores ¿no?

La contracara de la euforia la ponen sobregirándose algunos comunicadores que apuestan a la derrota para decir luego: “vieron, yo les dije”. Tal vez el ejemplo emblemático de los “mala onda”, sea Jorge Lanata que no se cansa de denostar todo lo que gira alrededor del mundo del fútbol y particularmente durante el mundial que organiza la FIFA cada cuatro años. “Esto es lo más parecido al circo Romano. Se trata de 22 multimillonarios corriendo detrás de una pelota y siendo funcionales a los designios del poder de turno. Que los usa de elemento de distracción. Pan y circo”. Corto Jorgito. Y antipopular. Pero haciendo una apuesta que tiene sus chances de ganar.

Vivimos en un país con casi el 100% de inflación y casi el 50% de pobreza, pero la flamante ministra de trabajo se hace famosa por declarar que antes de bajar la inflación prefiere poner toda su energía positiva en ganar el mundial. “Total es solo por un mes…”, se justifica.

La tele muestra osadías de compatriotas que no tienen para comer pero ya están en tierra qatarí. Aclaro que la sensación es que no tienen para comer allá y que tampoco le sobra nada aquí. Pero están ahí. Viviendo el mundial del Messi.

¿Cómo ser objetivo para no compararse ninguna de las dos corrientes?

Lo primero que se me ocurre es pensar qué hay otros. Que también juegan. Que quieren ganar tanto como nosotros. Tal vez no le pongan la misma carga, no tengan la misma presión ni sea el mismo salvavidas. Pero estarán ahí, dispuestos a hacer goles y tratando de evitar que los nuestros se los hagan.

También creo que habrá un domingo 18 de diciembre por la noche. Donde el campeón será solo uno de los 32 equipos que arrancan hoy. Los 26 de los iniciales 832 multimillonarios (según Lanata) se volverán a su tierra con la medalla dorada y la Copa deseada. Los periodistas elegirán solo a una figura, a uno con la valla menos vencida y a uno abanderado del Fair play.

Esa noche ya nadie hablará sin Qatar viola o no los derechos humanos, ni se lamentará por ni poder tomar cerveza en los estadios por primera vez desde la era de la sponzorización deportiva. Todo habrá pasado como sostenía el viejo Julio.

Pensemos hoy en ese día cuando se acabe la fiesta:

“Y con la resaca a cuestas

vuelve el pobre a su pobreza,

vuelve el rico a su riqueza

y el se ñ or cura a sus misas.

La zorra pobre al portal,

La zorra rica al rosal,

y el avaro a las divisas.

Se acabó,

el sol nos dice que lleg ó el final,

por una noche se olvidó

que cada uno es cada cual.

Vamos bajando la cuesta

que arriba en mi calle

se acabó la fiesta.”

Parafrasee al maestro Serrat para hacerme cargo de que hoy solo empieza la fiesta, que tiene fecha y plazo fijo de vencimiento.

El que se confunde, pierde.

Buena semana.

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