¿Cuántos análisis se van a publicar en los diarios de este domingo sobre la suba del dólar de esta semana, que en el caso del blue cerró a 375 pesos por unidad? ¿Cuántas columnas prácticamente iguales se habrán publicado a mediados de año, cuando se produjo un shock cambiario por el cambio de ministro de Economía? Lo mismo se repitió con la incertidumbre económica de la pandemia en 2020, con el cambio de gobierno en 2019, con la crisis de 2018 y en las devaluaciones de 2017 y 2016. Economía
Las ruinas circulares
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
¿Cuántos análisis se van a publicar en los diarios de este fin de semana sobre las declaraciones de la vicepresidenta Cristina Kirchner contra un sector de la Justicia, o la “mafia mediática-judicial”, como la definió ella? Algunos se rasgarán las vestiduras por el ataque al sistema republicano, otros denunciarán el complot del “poder real” para proscribir a quien fuera dos veces Presidenta elegida por el voto popular.
Lo mismo ocurrió la semana pasada con el dato de inflación anual de 2022: leímos a los mismos economistas explicar lo mismo de siempre, a la oposición indignada pero sin aportar ninguna pista sobre cuál sería su plan para frenar la escalada de los precios y al gobierno con algunos bloopers, como la iniciativa de sacar sindicalistas y organizaciones sociales a hacer controles en supermercados o incluso celebrar que, raspando, se salvaron del 100%, una cifra que desde lo simbólico hubiera sido fatal.
El loop de la rueda mágica argentina esta semana hizo reaparecer a dos personajes “dosmilosos”. Rafa Di Zeo y Mauro Martín, históricos jefes de la barra brava de Boca que mantuvieron diferentes enfrentamientos, se mostraron juntos en las tribunas del estadio Hazza bin Zayed de Abu Dhabi, donde los Xeneizes y Racing se enfrentaron por la Supercopa Internacional. Ni las distintas causas judiciales que tienen en la Argentina ni el valor de los pasajes y las estadías en los Emiratos Árabes Unidos les impidieron a estos dos “bosteros de ley” viajar a alentar con un séquito de seguidores incluido. Mucho menos la vergüenza se los iba a impedir: ante todo, la pasión por los colores.
La vergüenza tampoco le puso frenos a la pasión por conseguir la atención de los medios de Patricia Bullrich. La precandidata a presidenta por los “halcones” de la oposición manifestó en el marco de un acto por los ocho años de la muerte del fiscal Nisman (otro caso que vuelve una y otra vez): “Lo que le sucedió a Nisman, su asesinato, es parte de una estrategia internacional que quieren llevar a Argentina al lugar de la dictadura y donde la libertad no respira ni un milímetro”.
Con ese mismo discurso, la presidenta del PRO y algunos de sus aliados apuntaron los cañones a la presencia del mandatario venezolano Nicolás Maduro y su par cubano Miguel Díaz-Canel en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). De acuerdo: son líderes autoritarios de gobiernos no-democráticos con denuncias de organismos internacionales por la violación de derechos humanos. Pero pedir que sean detenidos en Buenos Aires –como clamó Bullrich- equivale a un escándalo diplomático.
Menos mal que a nadie se le ocurrió una intentona semejante cuando en la cumbre del G20 encabezada por el Presidente Mauricio Macri en 2018 llegó al país el príncipe heredero del trono de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, en medio de una crisis diplomática por el asesinato de un periodista. Seguramente el mundo sería más justo si los Maduro, los Díaz-Cannel y los Salman fueran removidos de sus cargos. Pero no es potestad del gobierno argentino hacer eso. En el país de las ruinas circulares (el título de aquel cuento de Borges) es necesario aclarar las obviedades, una y otra vez.
Leé también: ANSES: qué alternativas tienen los futuros jubilados si no se aprueba la moratoria previsional

