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Ni las encuestas ni la inflación detienen a Massa 

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

Sergio Tomás Massa lo hizo de nuevo. Para quienes observan la política en términos de estrategia y poder, el actual ministro de Economía y pre candidato a presidente por el peronismo es un ejemplo de astucia y perseverancia, un jugador de toda la cancha, que no se achica ante los peores resultados, que no se da por vencido ni ante los peores números (los de las encuestas y los de la inflación).

Según un trabajo de la consultora Opinaia que se dio a conocer durante los primeros días del mes pasado, Massa, que tiene un nivel de desconocimiento casi nulo entre los argentinos, reportaba una imagen positiva del 26% y una imagen negativa total del 70%. Imposible no asociar esas cifras con los datos de inflación: en mayo la suba del IPC fue del 7,8% y se espera un número similar para junio, llevando la interanual por encima del 115%.

Esos son los números de Massa. En ese contexto, parece un milagro que el ministro haya conseguido la candidatura presidencial nada menos que del peronismo. No se trata de una aventura personalista: la postulación tiene el visto bueno de Cristina Kirchner, de los gobernadores del PJ, de los intendentes del conurbano y de la gran mayoría de los jefes sindicales. También, dentro del universo oficialista, es el favorito de una parte importante del empresariado y tiene tejidas relaciones internacionales en los Estados Unidos.

La candidatura de Massa aparece entonces con un contraste. Por un lado, un amplio apoyo de lo que podríamos llamar “el sistema”: el aparato político del peronismo, parte del empresariado y de los medios. ¿Le alcanzará a Sergio con esas herramientas y con su carisma de mil campañas electorales para reconquistar al electorado que perdió en los últimos años?

Hagamos un repaso por las aventuras electorales de Massa. En las legislativas 2013 rompió el esquema de la política nacional al abrirse del kirchnerismo, fundar el Frente Renovador y ganar con un amplio apoyo en la provincia de Buenos Aires. Incluso le arrebató al peronismo victorias algunos distritos de la tercera sección electoral. Ya se perfilaba para asumir en 2015.

Sin embargo, para aquellos comicios presidenciales, el kirchnerismo logró volver a ponerse competitivo y eso se sumó a la campaña híper profesional y disruptiva de Mauricio Macri. Massa quedó marginado a un tercer lugar. Siguió su largo camino por el desierto en 2017, también atrapado en el medio de la grieta, con una alianza con Margarita Stolbizer y otro lejano tercer lugar. El Massa de esa etapa no lograba ganar elecciones pero sí retenía cierto prestigio: criticaba al kirchnerismo y al macrismo, esperaba que la sociedad la diera su oportunidad.

Pero el ex intendente de Tigre no es un político testimonial, es un político del poder, que crece desde los lugares donde se toman las decisiones. Por eso aceptó integrarse al Frente de Todos en 2019 y pagar el costo de que le repitan hasta el cansancio el archivo de cuando prometía “barrer a los ñoquis de La Cámpora”. Consiguió la Presidencia de la Cámara de Diputados y algunos ministerios para sus leales. En 2022 vio herido a Martín Guzmán y aprovechó para armarse un “súper Ministerio de Economía” en el aterrador contexto de una disparada del dólar. Ahora, la inflación y los números de las encuestas no lo frenaron para intentar ir por el premio mayor. Nunca se lo puede dar por muerto.

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