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No conviene perder un amigo por defender a Macri o a Cristina

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

“Para mí esto es como un parque de diversiones”, me dijo esta semana Emilia Palonen, una politóloga finlandesa que, en el marco del Congreso Mundial de Ciencia Política que se realizó esta semana en Buenos Aires, pudo conocer la Quinta de Perón en San Vicente. Emilia dedicó su carrera académica a estudiar gobiernos populistas de todo el mundo, con especial atención en el peronismo. En la visita del jueves –con otras decenas de politólogos del mundo- pudo ver en vivo lo que hasta ahora solo había leído en libros: entró en la casa que compartieron Perón y Evita, se emocionó en el Mausoleo y hasta pudo haber visualizado al líder punteando la reforma constitucional de 1949 debajo de su árbol favorito, un alcanforero con la propiedad de espantar a los mosquitos.

Emilia decía que estaba en un parque de diversiones y yo pensaba en el slogan de las campañas en contra del uso de la pirotecnia: “Lo que a vos te divierte a mí me asusta”. La Argentina del 50% de pobreza, el 110% de inflación y los salarios deteriorados no es Disney. Bueno, un poco sí. Es hermosa la Argentina, es el país de los amigos, de la diversión, de lo inesperado, de los paisajes increíbles y de las pasiones exageradas. Por eso este fin de semana se llenaron los bares, las veredas, los restaurantes de chicos, chicas, gente grande, viejas, personas de todo tipo celebrando lo que mejor nos sale: juntarnos a compartir, estirar una charla, reírnos. En todo caso la Argentina es un Disney mejorado, interesante de verdad, con “la entrada gratis y la salida vemos” para citar a Charly, el gran cronista emocional de este país, a la altura de los mejores del mundo (Charly y el país también).

Con esas escenas de amistades desbordantes se vuelve fácil entender por qué estos académicos mayormente anglosajones están fascinados con el peronismo, que es también una forma de decir, parcialmente, “la Argentina”. Además se entiende ese interés si uno repasa a vuelo de pájaro los ribetes y personajes cinematográficos de la historia del peronismo: desde el propio Perón hasta Eva, pasando por Isabel y el imposible López Rega, los 17 años de exilio, la resistencia, el regreso a Ezeiza, las organizaciones armadas… Y un hecho que distingue al peronismo de otros movimientos en el mundo: su vigencia aun después de 50 años de la muerte de su líder, como me señalaba el subsecretario de Relaciones Internacionales de la provincia de Buenos Aires, el historiador Mario Oporto.

Pasó una dictadura sangrienta con 30 mil desaparecidos, pasó la primavera alfonsinista con su proyecto nacional y popular, pasó el neoliberalismo de Menem que desembocó en la crisis de 2001, pasó Duhalde, pasó Néstor, se instalaron Cristina, Macri, Alberto y ahora Massa. Y con todos esos cambios de piel, de contextos y hasta con el nacimiento de un nuevo mundo a la luz de la revolución tecnológica, el peronismo sigue acá. Los políticos podrán estar obsesionados por captar a los nuevos votantes que pasan seis horas diarias en TikTok, pero de todas maneras en las paredes del Conurbano se siguen pintando los escudos del PJ, se habla de “conducción”, se repiten frases del General como mantras y se canta “la marchita”.

Quizás si tengas tendencia gorila todas estas imágenes te hagan pensar con desagrado en el kircherismo. Pero no te apures: las principales figuras de la oposición (Larreta, Bullrich, Macri) también tuvieron sus etapas peronistas y otras segundas líneas se siguen reivindicando como tales (Pichetto, Santilli). Gane quien gane estas elecciones, incluido Milei, el próximo gobierno tendrá componentes de peronismo en sangre, la diferencia estará en cuál será la medida.

Me dejo para el final una reflexión un poco “padre Farinello”. Como siento que entre el diario y los lectores tenemos una relación con puntos en común con la amistad, quiero dejar un mensaje sobre el tema, a propósito de la celebración de esta semana: no dejemos que las diferentes políticas se interpongan en las amistades. No hay nada más reconfortante que compartir y ser parte de la tribu. No conviene perder un amigo por defender a Macri o a Cristina.

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