Una de las (pocas) cosas que aprendí en mis años de psicoanálisis es que a la angustia se la combate con actividad. Uno se ve a sí mismo en movimiento, tratando de resolver problemas, en relación con otros, y empieza a ganar optimismo, a creer que se puede estar mejor. Del mismo modo, no hay nada más contraproducente que quedarse estático: es entonces cuando sobra el tiempo para registrar los inconvenientes, y el deterioro parece indetenible si no se empieza por algún lado.
Salir de la angustia votando
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
Traigo a la angustia porque me parece que es la sensación que define al tramo final de lo que fue la campaña electoral de cara a las PASO. El asesinato de Morena en Lanús (otra vez Lanús) dejó una marca en sus familiares, sus allegados, sus compañeritos de colegio. Esos chicos van a tener miedo de ahora en más cada vez que vayan a la escuela, en el camino de cada día, que el Estado debería considerar como algo sagrado, que garantiza su existencia y su futuro. Difícilmente alguien les borre de la cabeza a esos y a otros muchos chicos del país la imagen de Morena siendo arrastrada por el asfalto por dos delincuentes de más de 30 años que salieron a “larvear” después de una larga jornada de consumo de las peores drogas.
La otra imagen fatal de la semana es la de la muerte de Facundo Molares, un militante de izquierda que participaba de una marcha que fue reprimida por la Policía de la Ciudad. Molares sufrió un infarto mientras era retenido en el piso por efectivos policiales, que no habrían hecho su máximo esfuerzo para asistir al hombre ante la evidencia de que se estaba muriendo. El pasado de Molares como militante de las FARC colombianas es irrelevante: una muerte en una protesta social debería ser inadmisible en la Argentina.
Algunos actos reflejo que se dieron ante estas dos muertes también profundizaron la sensación de angustia. Los que solo emiten discursos envenenados de racismo y violencia, sin proponer soluciones reales para el problema de la inseguridad. El papelón del dúo Kravetz – Grindetti, al frente del gobierno de Lanús, que culpó a menores de 14 años por el crimen de Morena y salió a anunciarlo con bombos y platillos: ese error dio a entender que estaban más preocupados por frenar la “crisis política” que por dejar que la Policía y la Justicia dieran con los verdaderos responsables. Los intentos políticos por “respaldar” el accionar de la Policía de la Ciudad, adelantándose a la investigación judicial.
Las dos muertes, su mediatización y las reacciones posteriores contribuyeron a un clima enrarecido, triste, brutal en la previa de estas elecciones. Apareció la peor cara del país. Pero la única forma de revertir esa angustia es con actividad. Este domingo nos vamos a ver en movimiento como país, realizando, como desde hace 40 años de forma ininterrumpida, unas elecciones libres, en las que manda la voluntad popular. Parece algo que viene dado, pero no lo es: la democracia cuesta. Ojalá que el ejercicio de nuestro derecho al voto nos permita salir de la angustia.
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