Pasar de la atención pública en hospitales a la obra social sindical, para finalmente llegar a una prepaga. Ese se supone que es el camino del ascenso social del argentino que va “privatizando” su acceso a la salud, como supuesta garantía de mejor atención. (Lo mismo ocurre con la educación: del colegio público al parroquial con subvención estatal, hasta llegar al privado bilingüe y doble turno).
Un país con gomas lisas
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
Pero ese esquema se resquebraja: conseguir un turno con un médico especialista a través de una prepaga de primer nivel puede demorar entre dos y tres meses. La única forma de acelerar esos tiempos suele ser abonar el turno como particular, es decir que surgió un nuevo nivel en la escala del ascenso social en relación al acceso a la salud.
El drama para poder ir al dermatólogo es solo uno de los sinsabores con los que se enfrentan a diario los argentinos. Esta semana, sin ir más lejos, hubo un paro total de subtes, se reportaron fallas en el funcionamiento de algunos sistemas de homebanking y llegaron boletas de Edesur con aumentos importantes debido a la quita de subsidios. Todo eso sin mencionar la peor angustia: la pérdida de poder adquisitivo a través de la inflación, que se traduce en changuitos con menos mercadería, en goteras en los techos, en autos que no pasan la VTV (y eventualmente frenan mal) por tener las gomas lisas porque es imposible comprar neumáticos.
Esta misma semana, a días de las PASO, el candidato presidencial Javier Milei presentó su estrambótico plan económico, que incluye un recorte de 15 puntos porcentuales del gasto público y la dolarización de la economía con el consecuente cierre del Banco Central. El programa es excéntrico y extremo. Tan excéntrico y extremo como viajar hasta el Uruguay para cambiar los neumáticos de un auto, aplicando el truco de “quemarles los pelitos” a las gomas nuevas para que los funcionarios de Migraciones argentinos no detecten la maniobra.
Una economía desordenada, con malas prestaciones y con delirios como los diez tipos de cambio vigentes o los viajes a Uruguay para cambiar las cubiertas, es el caldo de cultivo para un extremismo como el de Milei. El no-querer, no-saber o no-poder de los últimos gobiernos, más una ola ultra conservadora que viene ganando fuerza a nivel mundial, nos trajeron hasta acá: Milei tiene un 32% de intención de voto en jóvenes de entre 18 y 30 años, según un estudio de voto joven realizado a nivel nacional por la consultora Taquion.
Esa cifra de Milei está mayormente compuesta por varones, y sus números se van desplomando entre votantes de mayor edad, especialmente entre las mujeres. Todo indica que al economista que propone la libre portación de armas y no se opone a la venta de órganos no le va alcanzar para llegar a un ballotage. Pero de todos modos ahí va a estar durante el próximo gobierno, con un bloque de diputados que puede ser clave tanto para el peronismo como para Juntos por el Cambio.
¿Cómo deberá hacer un eventual gobierno de Massa, Larreta o Bullrich para contener a Milei o, más importante, para contener a lo que representa Milei? No será un tema trivial para resolver únicamente con mensajes a través de las redes sociales. La encuesta de Taquion marca un rechazo inequívoco de los jóvenes a los políticos que se suben a las tendencias del momento para tratar de ganar visibilidad. La “cuestión Milei” no se resuelve con bailecitos en TikTok.
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