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Correo desde Madrid: la crisis de la vivienda y un espejo que adelanta

La principal preocupación en España es la crisis de acceso a la vivienda. Cómo llegaron a esa situación y por qué es un espejo que adelanta para la Argentina.

Correo desde MadriLas encuestas que miden las máximas preocupaciones sociales tienen en Argentina dos o tres variantes principales en los últimos años. La favorita suele ser la inflación, aunque con el gobierno de Javier Milei, que esta semana celebró el menor aumento de precios anual desde 2017, se viene imponiendo en el ranking la preocupación por el empleo. Son diferentes caras del mismo malestar: el bolsillo. Y un poquito por detrás de los temas económicos, sobre en todos en las grandes ciudades, la otra protagonista indiscutida es la inseguridad.

En España la inflación anual de todo 2025 fue un poquito inferior a la inflación del mes de diciembre en Argentina: 2,8% vs 2,9%. La inseguridad no ocupa los títulos de los portales: nadie tiene miedo de caminar por la calle. Pero hay un drama que se lleva con creces el primer puesto de las preocupaciones sociales: la crisis de la vivienda, que incluye las dificultades de los jóvenes para llegar a ser propietarios y los montos desproporcionados de los alquileres, que se llevan porcentajes cada vez más elevados de los sueldos.

Y con esto los españoles no se quejan de lleno. Para ponerlo en números, el salario mínimo está establecido en 1.184 euros y el salario medio es de 2.385 euros. ¿Cuánto cuesta alquilar en las principales ciudades del país, como Madrid y Barcelona? Un monoambiente no baja de los mil euros. Es decir que para un soltero con un sueldo cercano al mínimo, vivir solo es prácticamente una utopía. Por eso el 46% de los jóvenes que tienen entre 25 y 34 años siguen viviendo en casa de sus padres, la cifra más alta para Europa. Y otros tantos recurren a compartir departamentos con amigos, conocidos o incluso desconocidos.

El mercado del alquiler de habitaciones es especialmente salvaje. En Madrid y Barcelona, alquilar una habitación dentro de un departamento cuesta, en promedio, 600 euros. Inicialmente pensado como un recurso para estudiantes, cada vez más trabajadores, divorciados o incluso jubilados tienen que recurrir al “co-living”, como lo llaman las inmobiliarias para tratar de endulzar la precariedad. En la mayoría de los casos, los departamentos ni siquiera tienen una sala de estar con un living, dado que los propietarios los transforman en habitaciones para incrementar sus ganancias.

Es una crisis de grandes dimensiones. En un país de la Unión Europea, con estándares de vida y niveles de consumo que son la envidia para casi cualquier nación del mundo, casi todos los trabajadores están expuestos a la posibilidad de vivir de alquiler en un departamento compartido. Comprar, al menos en las grandes ciudades, también es cada vez más complicado. Así que el tema es un polvorín que de un momento a otro podría generar una pueblada.

¿Cómo llegó España a una situación tan grave? Es un fenómeno con múltiples causas que se retroalimentan: años de construcción insuficiente de vivienda pública; el auge del alquiler turístico que retiró miles de departamentos del mercado residencial; salarios que crecieron muy por debajo de los valores inmobiliarios; y la llegada masiva de inmigrantes de América Latina y África sin una planificación urbana acorde. El resultado es un cuello de botella clásico: mucha demanda, poca oferta y precios disparados.

Los políticos están contra las cuerdas. El presidente socialista Pedro Sánchez, que gobierna hace siete años, viene fracasando con diferentes intentos de regulación que solo llevan a disminuir la oferta. Los opositores de derecha del Partido Popular, en tanto, gobiernan prácticamente en todas las comunidades autónomas, incluida Madrid, donde el problema es más grave, y tampoco le encuentran el agujero al mate con sus recetas de libertad de mercado. En ese marco, es probable que cuando la bomba estalle deje heridos en ambos bandos.

En la Argentina el acceso a la vivienda es un problema estructural, y se volvió más delicado para la clase media con el corte al crédito hipotecario que implicó la inflación en los últimos largos años. Los alquileres son por ahora más pagables para quienes tienen ingresos medios y nuestros estándares de consumos son más austeros que los europeos. Pero nos persigue la misma brecha generacional que a los españoles, con padres que tuvieron más sencillo el acceso a la vivienda propia que sus hijos. La clase dirigente argentina se tiene que tomar en serio el tema: España para nosotros es un espejo que adelanta.

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