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Restauración de motos clásicas: vecino de Monte Grande cuenta los secretos del oficio

Restaurar la moto fue uno de los "gustos" que se dieron quienes no pudieron, por ejemplo, irse de viaje por la pandemia.

Fernando Dozo es vecino de Monte Grande y trabaja con su socio en Temperley. Empezó con las restauraciones por hobby en 2014 con una moto propia. La segunda que restauró la presentó en una exposición de motos clásicas en el Hipódromo de San Isidro y ganó un premio. ¿La parte de más disfruta de su trabajo? Recorrer el país en busca de reliquias escondidas en galpones que esperan a ser restauradas.

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- ¿Cómo cambió el trabajo del taller en pandemia?

Curiosamente creció mucho el trabajo durante la pandemia, cuando pensamos que iba a pasar todo lo contrario. La gente más pudiente no pudo gastar plata en viajes, salidas, y entonces esa moto que estaba tirada, con la idea de ser arreglada alguna vez, se mandó a restaurar ahora. Con mi socio llegamos a esa conclusión porque en vez de haber menos laburo hay más. Es un gusto que se da la gente, no una necesidad. No se restauran para ir a trabajar, son motos de colección. Llenaron estos meses de aburrimiento con eso.

- ¿Esta tendencia se dio desde marzo de 2020 o fue algo progresivo?

Se fue dando con el correr de los meses. En marzo pasado estábamos asustados porque todo se frenó un poco, pero en abril apareció una moto, después otra y de repente aparecieron siete. Y ahora ya estamos tomando laburos para 2022. Lleva mucho tiempo restaurar una moto, no se hace en 15 días, lleva meses.

- ¿Por qué lleva tanto tiempo? ¿Cómo es el proceso de restauración?

Puede empezar de diferentes formas. Una es encontrando la moto. Según el modelo que vos restaurás después puede tener un valor de mercado muy alto o no tanto. La clave es encontrar la moto base para restaurar, un modelo ganador y buscado por los coleccionistas. Muchas veces los clientes nos preguntas si sabemos de alguna moto y los ayudamos a buscarlas. Y esa es la parte que personalmente más me gusta: ir al interior de país con un tráiler y cargar una moto abandonada en un galpón toda llena de tierra y hecha bolsa, pero que al restaurarla va a ser un modelo top. Es como ir a buscar un tesoro perdido. Una vez que tenés la moto se desarma íntegra, hasta el último tornillo, y se analiza cómo está cada una de sus partes. Después se mandan a cromar, cincar, pintar, fabricar o reemplazar por nuevas. Una vez que todas las piezas están como nuevas se empieza a armar la moto otra vez. Así queda con el aspecto de un modelo cero kilómetro.

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- ¿Qué porcentaje de la moto sobrevive y cuánto deben incorporar nuevo?

Es relativo según la moto. A veces te engaña la pinta que tiene. Una de las más horribles que compramos no fue tan difícil de restaurar, porque estaba solamente sucia y oxidada, pero todas las piezas se volvieron a usar y no hizo falta salir a buscar muchas partes. En cambio hay algunas que de aspecto están bien, pero cuando empezás a desarmar te encontrás todo podrido o con piezas que no son originales.

- ¿A veces pesa más el valor afectivo por sobre el valor de colección?

Si, muchas veces. Nosotros restauramos motos japonesas del ‘70 y ‘80, o sea que tuvieron su esplendor hace 40 años. Los clientes son personas que tuvieron esas motos de jóvenes, que la vendieron y se arrepintieron toda la vida. Muchas veces la plata que se pone es mucha más de lo que realmente vale la moto. Se vuelve un símbolo y tiene valor afectivo.

- ¿Dónde está el verdadero valor de la moto restaurada?

Las motos se hacen a nuevo, siempre quedan bien. Pero el verdadero valor es la originalidad, que sea cada pieza de la misma marca y de la época, reproducir el color exacto. Tiene que ser cada detalle igual que cuando era cero kilómetro, ni más moderno ni mejor, igual. Hay que respetar cómo salió de fábrica.

- ¿Y para lograr eso se consiguen todas las piezas en Argentina?

Nosotros hacemos más que nada la marca Kawasaki, y acá en Argentina hay un proveedor que tiene repuestos originales, pero muchas cosas faltan y hay que traerlas de Estados Unidos. Con la pandemia se trabó todo, porque no hay muchos vuelos. Y también la restauración se complica porque dos por tres cierra por Covid-19 el taller de cincados o el rectificador, y así se demora pero se sigue trabajando.

- ¿Es para cualquiera restaurar motos o te tiene que gustar?

No, hace falta mucha paciencia. Siempre son motos que tienen 40 años sobre el lomo, no te podés ir al Machu Pichu. Son motos viejas para dominguear, salir a pasear, tener de colección. Además no es para cualquiera porque sale un montón de guita. Muchos de los clientes intentan restaurarla ellos y se pudren. Es mucho laburo y si no sabés hacerlo bien te desilusiona.

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