Los usamos para todo menos para hacer llamados telefónicos (para lo que fueron creados originalmente): “hablamos” por whatsapp, nos sacamos fotos con sus cámaras cada vez más sofisticadas, subimos ese material a las redes sociales, nos sirve de gps, podemos tomar clases virtuales, hacemos terapia, estudiamos, consultamos al médico… la lista podría ser más larga. El teléfono celular se volvió indispensable en los últimos años y la pandemia vino a profundizar esa necesidad. Para cuidarlo, le colocamos fundas, vidrios para proteger la pantalla y correas o anillos para prevenir robos. También usamos un auriculares y siempre conviene tener un cargador extra, porque quedarse sin batería puede ser una pesadilla.
Las tiendas de artículos para celulares se multiplican y son las nuevas estrellas del comercio local
En los corredores céntricos de las ciudades de la región se ven cada vez más negocios de electrónica o de insumos para telefonía. A pesar de la competencia, aseguran que mantienen las ventas.
En ese contexto de híper dependencia digital, los corredores comerciales de la región tiene sus nuevas estrellas. Son los locales que venden artículos relacionados a telefonía celular o de tecnología en general: cada vez hay más y, al menos en ese rubro, parece que el sol sale para todos, porque los comerciantes no se quejan de su nivel de ventas. Así lo reflejaron en una recorrida que realizó El Diario Sur esta semana por Monte Grande y Lomas de Zamora.
“El problema más común en los celulares es el pin de carga y el módulo (la pantalla de vidrio), que en general viene rota por caídas”, cuenta Rocío, empleada de un comercio en Lomas, que además hace reparaciones. Arreglar un módulo cuesta entre $15.000 y $20.000, según el modelo. Y por supuesto, se hace en el día. Incluso algunos locales tienen en su vidriera el cartel “Reparaciones en 48hs”.
Respecto de los celulares que se caen al agua “es más complicado porque cuando se mojan, se sulfatan. Eso lleva más tiempo”, aclara el empleado de un local sobre la calle Alem, en Monte Grande. Ese local está lleno de televisores para reparar. “Empezamos hace 14 años, arreglando controles remoto”, recuerda. Y agrega: “Cuando aparecieron los primeros celulares con teclado empezamos a vender fundas y vidrios templados”.
Una funda puede costar entre $600 hasta $3000, dependiendo el modelo y el origen. Si son originales, el precio sube mucho. “Gracias a Dios tenemos cuotas sin interés”, dice Lisa, una jovencísima vendedora de una cadena de locales del rubro. “A nosotras nos hacen capacitaciones para que sepamos lo que vendemos”, asegura. “Si un cliente viene a comprar una batería, le recomiendo que se lleve el kit completo: batería, cargador y cable. En general lo que falla es el cable”, detalla.
Matías es el encargado de un local a metros de la estación de Lomas. “Somos una cadena de tres locales”, nos cuenta. “El primero abrió hace un año y medio y el último, hace tres meses. Lo que más se vende son las fundas y el hidrogel”. Se trata de un gel protector para la pantalla que no se astilla ante la caída y colocarlo vale $1.200.
Las estacionalidades de un negocio pujante
Por la peatonal de Lomas el público es muy variado, “viene todo tipo de clientes, lo que varía es la época del año. Para el día del niño se venden muchas fundas infantiles y se acercan al local familias enteras”, cuenta Matías, encargado de un local.
En la calle Alem, el empleado de Nacuma Imports coincide: “Navidad, Dia del Niño y Día del Padre es cuando más trabajamos”. Y agrega: “También vendemos teclados para pc económicos, combos, fundas de tablets, micrófonos y parlantes. Las cámaras para computadora se comercializaron mucho en la pandemia (para hacer zoom). Durante el aislamiento estuvimos cerrados un mes. Después, hacíamos envíos a domicilio. Luego, atendimos desde la puerta del local hasta que se fue abriendo de a poco. Pusimos acrílicos para no tener tanto contacto con la gente. No somos esenciales pero casi”, concluye.

