“La verdad que no dan ganas de volver a Argentina por la situación en la que está el país. Se extraña la familia, pero sabemos que esto por nuestro bien”, afirmó desde Ecuador Maximiliano Peronace, joven oriundo de Monte Grande que hace menos de un año emprendió un viaje de ida hacía el norte de Sudamérica con su novia Macarena Gentile y su perra, Lisa.
Pareja de Monte Grande vende empanadas en Ecuador: "No queremos volver a Argentina por como está el país"
Maximiliano Peronace y Macarena Gentile salieron en 2022 en micro desde el Conurbano y vivieron en Jujuy, Bolivia, Perú y ahora en Ecuador. Allí tienen un emprendimiento gastronómico callejero.
La aventurera historia de Maxi y Maca, ambos de 29 años, comenzó allá por el año 2021 cuando de Monte Grande se fueron a la localidad de Reta, en el sur de la provincia de Buenos Aires, a trabajar en el ambiente gastronómico, el cual apasiona a ambos. Luego de idas y vueltas, la decisión fue regresar a Monte Grande para casarse y definitivamente emprender un viaje a tierras desconocidas.
“El viaje arrancó con la meta de llegar a México y después si dios quiere es poder viajar de México a Europa, principalmente a Italia por mi ascendencia”, explicó Maxi en una charla con El Diario Sur donde dio detalles de lo planeado en primera instancia. Aún así, en la actualidad están en Ecuador, pero antes pasaron por otros destinos.
“Vendimos todas nuestras cosas y en octubre nos fuimos a Jujuy. De ahí empezamos un recorrido en micro, que era la forma más segura para poder viajar con nuestra perra. Primero por Bolivia y después en Perú, donde estuvimos 90 días”, detalló Macarena, quien ya conocía la tierra incaica por un anterior viaje que realizó ella sola.
“Estuvimos tres meses en Perú donde paramos en una ciudad que se llama Mancora, en la costa. Ahí empezamos a trabajar por nuestra cuenta vendiendo empanadas, churros, bolitas de fraile y otro tipos de comidas”, señaló Maxi.
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Luego de ese tiempo en tierras peruanas, estos viajeros emprendieron viaje a Ecuador, donde estuvieron seis meses y decidieron hacerse la visa de residencia para poder estar por dos años en el país. “Estuvimos tres meses trabajando en un voluntariado que nos daba alojamiento y comida. Después nos fuimos a una ciudad costera llamada Olón, donde estamos hoy en día. Acá conseguimos renta y estamos trabajando con la venta de comidas. Por el momento no sabemos cual será nuestro próximo destino. Vivimos el día a día, uno nunca sabe cuando le puede salir una oportunidad para trabajar o viajar”.

