La historia de Rosaura tuvo un final feliz. La perra, que había aparecido en cercanías a El Campito Refugio de Monte Grande luego de aparentemente escaparse de su hogar a raíz de la explosión ocurrida en Ezeiza, fue adoptada por una familia de la provincia de Entre Ríos, luego de que no se lograra dar con sus dueños originales.
Emoción en Monte Grande: la perra que se escapó tras la explosión en Ezeiza fue adoptada por una familia
Luego de una intensa búsqueda de su familia de origen, que no dio resultados, El Campito Refugio de Monte Grande concretó la adopción de Rosaura.
Desde El Campito Refugio, la organización que la resguardó desde el primer momento, explicaron que durante semanas se intentó localizar a su familia. Sin embargo, al no obtener respuestas, se tomó la decisión de buscarle un nuevo hogar, teniendo en cuenta sus características y necesidades especiales.
“Cuando nos dimos cuenta de que la familia no iba a aparecer, buscamos una adopción”, contó a El Diario Sur Sergio Moragues, director de El Campito Refugio. En ese proceso apareció “una familia hermosa, con conocimiento de sus necesidades, asumiendo que era una perra anciana y con conocimiento de los problemas que suelen tener en edad avanzada los ovejeros alemanes, como la displasia de cadera y demás”.
Según relató Moragues, los adoptantes entendieron desde el primer momento el compromiso que implicaba recibir a Rosaura. “Estaban decididos a adoptarla”, señaló. El único inconveniente era la distancia: la familia vive en la localidad entrerriana de Nogoyá, a más de 300 kilómetros de Monte Grande.
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El compromiso de El Campito Refugio
A pesar de eso, desde el refugio no dudaron. “En las conversaciones nos dimos cuenta de que eran los adoptantes ideales para ella, así que avanzamos en la adopción y la llevamos a su hogar”, explicó el director de El Campito. Para concretarlo, integrantes del refugio realizaron un viaje de entre 300 y 350 kilómetros.
“Hicimos ese viaje para que pudiera vivir con la familia que considerábamos ideal”, destacó Moragues. Hoy, Rosaura ya se encuentra instalada en su nuevo hogar, rodeada de cuidados y contención, cerrando así una historia marcada por el miedo y la incertidumbre, pero también por la solidaridad y el compromiso con el bienestar animal.


