Hace 15 años, Adriana Escobar experimentó en primera persona como es ser una familia de acogimiento. La experiencia de recibir en sus casas a niños que atravesaban situaciones de vulnerabilidad la llevó a pensar que podían ampliar esa tarea. Así nació, hace siete años, la Fundación Ainelén Amor Familiar, que actualmente busca sumar nuevas familias para continuar con su trabajo.
Ainelén, la fundación con sede en El Jagüel, que vincula a niños vulnerables con familias de abrigo
Acompaña a quienes reciben en sus casas a niños y adolescentes mientras se define su situación. Nació en Lomas y comenzó una nueva etapa en El Jagüel.
“Sentíamos que teníamos más para dar, más que abrigar a un niño. Sentíamos que podíamos trabajar de otra manera, necesitábamos generar más cosas en pos de la restitución de infancias vulneradas”, explicó Escobar, directora de la entidad, en diálogo con El Diario Sur.
En sus siete años de funcionamiento, 135 niños pasaron por Ainelén. La organización trabaja con familias que los reciben transitoriamente en sus hogares mientras se resuelve la situación que motivó la medida de abrigo.
El proceso comienza antes de que el chico llegue a una casa. Según explicó Escobar, la fundación estudia cada situación con un equipo multidisciplinario y evalúa qué familia de acogimiento resulta adecuada para acompañar a ese niño en particular. “No es que arbitrariamente se ingresa un niño a la casa de una familia”, señaló.
Una vez iniciado el acogimiento, la familia comparte su vida cotidiana con el niño, pero permanece acompañada por la organización. “La mayor labor, por supuesto, es de la familia de acogimiento, que es quien lleva a vivir al niño a su casa, pero no lo hace de manera autónoma, lo hace a través de la fundación”, explicó.
Ainelén mantiene contacto permanente con las familias y tramita las autorizaciones necesarias ante los organismos correspondientes. Los chicos pueden participar de actividades, paseos e incluso vacaciones, siempre dentro de las condiciones establecidas para cada medida de abrigo.
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El momento del egreso
El acogimiento es transitorio. La medida puede concluir con la restitución del niño a su familia biológica o con una situación de adoptabilidad. Ainelén no interviene en esa resolución, sino que acompaña el proceso que se determina en cada caso.
Cuando llega ese momento, el egreso tampoco se produce inmediatamente. Se inicia una vinculación progresiva que puede durar 15 días, uno, dos, tres o hasta cinco meses, de acuerdo con la evolución de cada niño y su relación con la familia con la que irá a vivir.
“El niño jamás se va de un día para el otro, jamás se va sin estar listo para irse”, sostuvo Escobar. “El niño nos va marcando los tiempos de cómo va avanzando”, agregó.
Desde la fundación consideran que el entorno familiar tiene un papel central durante el período en el que se define el futuro de los chicos, especialmente durante los primeros años de vida. Por eso buscan incorporar nuevas familias dispuestas a asumir temporalmente ese acompañamiento.
“Necesitamos que estos niños puedan recibir el calor de hogar, puedan recibir esa caricia, ese acceso a derechos que solo se puede garantizar estando en un entorno familiar”, expresó Escobar. Quienes quieran conocer el proceso pueden comunicarse con Fundación Ainelén Amor Familiar a través de su Instagram @ainelenamorfamiliar.
Una nueva etapa en El Jagüel
Después de siete años de trabajo en Lomas de Zamora, la Fundación Ainelén debió dejar la sede que alquilaba debido a dificultades económicas. Según explicó Adriana Escobar, los recursos ya no alcanzaban para sostener el inmueble y decidieron eliminar ese gasto para no afectar las necesidades de los niños y las familias.
Cuando la continuidad del espacio físico estaba en duda, una familia que participa de la propia organización les ofreció una casa de su propiedad que no utilizaba. De esa manera, Ainelén pudo trasladar su sede a El Jagüel sin afrontar un alquiler.
El lugar permitirá mantener las reuniones con las familias, recibir a los chicos, reacondicionar ropa y disponer de un espacio para el trabajo del equipo de profesionales. “Nosotras pensábamos que se nos cerraba una puerta y nosotras, que trabajamos con el acogimiento familiar, fuimos acogidas por una familia de la fundación”, resumió Escobar.


