Esteban Echeverría |

Acá los chicos sienten que la escuela es su segundo hogar

Graciela Viceconte y Luis Rodríguez fundaron en el año 1993,el Instituto Machado, un pequeño jardín de infantes,que se fue ampliando.Sus dueños aseguran que siguen manteniendo el trato personalizado a pesar del crecimiento.

Todas las escuelas de Echeverría tienen una historia particular. Sus  comienzos, los esfuerzos que realizaron para poder surgir y las miles de anécdotas que guardan. El Diario Sur, se propuso descubrirlas y contárselas a la comunidad.

 

En esta primera entrega, el elegido fue el Instituto Machado. Graciela  Viceconte, es su dueña y representante legal, junto a su esposo Luis Rodríguez levantaron este colegio al que hoy asisten cerca de quinientos alumnos.

 

"Fue una evolución. En el año 1982 abrimos en la calle Rondeau, un espacio donde se dictaban clases de inglés  y dactilografía. Ahí nos empezamos a hacer conocidos y a tener alumnos” cuenta Graciela y agrega "Ocho años después creímos que era mejor mudarnos e inaugurar algo más grande y por eso nos fuimos a Bruzzone”.

 

Las ganas de seguir creciendo, hicieron que Viceconte junto a una amiga, construyeran en el fondo de ese lugar, un jardín de infantes. Hoy, es conocido como "Manuelita, la tortuga” donde todos los días asisten cerca de cien alumnos.

 

"Al principio fue complejo porque un jardín que no tuviera primaria no funcionaba. Era una época donde no teníamos dinero y las cosas no estaban saliendo como esperábamos. Mi marido me sugería que lo cierre pero yo seguí”.

 

Eran tiempos duros, el país estaba complicado y esta situación afectó mucho a esta familia emprendedora, pero aun así no bajaron los brazos. Con mucho sacrificio lograron inaugurar, hacia el 2000, primer grado. "Desde ese momento, todos los años, agregábamos un curso hasta completar en el 2011 hasta el último año de primaria”.

 

Como los proyectos continuaban, trasladaron desde Bruzzone hacia San Martín tanto la escuela primaria  como la secundaria.  Esta escuela se caracteriza por dar una atención personalizada, saben los nombres, apellidos e historias de cada uno de los alumnos del lugar. "Son noventa chiquitos en jardín, ciento noventa en primaria y ciento dos en secundaria. Nos gusta conocer a todos los  alumnos, a sus padres, sus historias. Saber que nosotros estamos acá para lo que precisen. Darles apoyo y que sientan que esta es su segundo hogar”.

 

En los próximos días, las instituciones comienzan a abrir las vacantes, y Graciela afirma que hay lugar pero que su idea no es expandirse tanto en los cupos aunque manifiesta que está preocupada debido a que ya saben que sus alumnos se iran de la escuela porque sus padres se quedaron sin trabajo. "Me da mucha tristeza porque quiero que todos continúen en el colegio. Me gusta que seamos una gran familia” explica.

 

Este matrimonio un día tuvo un sueño y ese sueño, lo hicieron realidad. Saben dar contención, cariño y amor; y los chicos sienten ese afecto. "Acá hay muy buena comunicación por eso nuestros alumnos son muy tranquilos. Nosotros nos sentimos más que orgullosos de todo lo que construimos” concluye Graciela junto a su esposo.

 

 

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