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Cannabis medicinal: la historia de Cecilia y su experiencia

Es vecina de Monte Grande y cuenta cómo el cannabis medicinal cambió sus días. El Gobierno avanza con una nueva legislación sobre uso y autocultivo.

El cannabis y todo lo que gira a su alrededor históricamente permaneció oculto, estigmatizado y perseguido. Sin embargo en los últimos años, con la perseverancia de las organizaciones no gubernamentales y los avances científicos en la materia, la criminalización del autocultivo se fue desintegrando poco a poco. La semana pasada, el Ministerio de Salud presentó el borrador que modificará la Ley 27.350 de Uso de Cannabis Medicinal, sancionada en 2017, con el objetivo de permitir el cultivo con fines terapéuticos e impulsar la distribución gratuita de aceite en farmacias, entre otros cambios a la ley vigente.

Entre las miles de personas que se ven tocadas de lleno por este avance está Cecilia, vecina de Monte Grande. Jubilada, a poco de cumplir sus 70, descubrió en el cannabis medicinal un mundo nuevo. Fue, para ella, la llave que le abrió la puerta hacia una vida mejor.

Hace cuatro años su traumatólogo de cabecera le recomendó el aceite para calmar los dolores que padecía en una de sus rodillas, producto de una artrosis. Hoy, junto a su familia, formaron “Mamá Cannábica”, un servicio de asesoramiento y autocultivo que se volvió una referencia en Esteban Echeverría.

Cecilia elabora junto a los suyos, y con el asesoramiento de un laboratorio para tener estándares y controles de calidad, cremas y aceites de cannabis en distintas variedades y graduaciones. Aunque, tal como cuentan desde la familia, la finalidad del proyecto no es meramente comercial: “Esto es algo para todos, que cada uno puede tener en su casa, por eso incentivamos el autocultivo. Y esperamos que cuando se habilite la venta en las farmacias no sea lucrativo y arruinen a los jubilados económicamente”, cuenta Lourdes, nuera de Cecilia.

Desde que se dedican a la elaboración de estos productos terapéuticos, la familia ha construido un vínculo muy cercano con sus clientes, y contemplan los casos de personas que requieren el aceite para aliviar dolores pero no pueden costear los precios: “A Cecilia le interesa mucho conocer a las personas que necesitan, y a muchos se lo hacemos llegar sin costo y te dan las gracias con mucha alegría”, continuó Lourdes.

Pacientes oncológicos, personas con enfermedades en el sistema nervioso, epilépticos, niños con autismo, y demás personas –de todas las edades– son las que recurren a este tipo de tratamientos: “Los padres a veces no saben que más hacer, eligen esto y quedan muy conformes con los resultados. Es una caricia al alma saber que estás haciendo algo bien para los demás”.

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