Andrés Spina es un vecino de Ezeiza que hace 11 años, y de un día para el otro, perdió a su compañera Raquel, producto de un paro cardiorrespiratorio. Esa tragedia cambió su vida para siempre porque de repente debió ponerse al hombro a su familia compuesta por sus hijos pequeños, Abril y Uriel. Este último padece una enfermedad muy poco común, mielomeningocele.
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Andrés perdió a su compañera Raquel debido a un paro cardiorrespiratorio. Desde entonces, cuida a sus dos hijos pequeños, Abril y Uriel.
Esta enfermedad es diagnosticada cuando la médula espinal de un bebé no logra desarrollarse o cerrarse correctamente durante la gestación. Por este motivo, a lo largo de su vida las personas que la poseen llevan a cabo diferentes tratamientos para mejorar sus condiciones de salud, que son muy costosos.
En 2020, Andrés tenía 38 años cuando tras un conflicto con la obra social la desesperación lo llevó a organizar una colecta de sondas para poder conseguir la cantidad necesaria para su hijo y tras la nota publicada en aquel entonces en El Diario Sur, lo consiguió.
“Recibí gran cantidad de ayuda de gente muy empática, entre ellos, un grupo de vecinos donde actualmente desempeño tareas. Ese acompañamiento hizo mucho más llevadera la tarea”, contó Andrés en diálogo nuevamente con El Diario Sur.
La realidad que le tocó a atravesar al vecino de Ezeiza que trabaja como personal de seguridad no fue la ideal, pero no reniega de eso y le busca el lado positivo. “Siempre está la posibilidad de tomar otros caminos en esas situaciones, pero yo elegí el de la cotidianeidad de la perseverancia y la resiliencia junto con su hermana Abril que ha sido un pilar más que importante en estos años”, aseguró.
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