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Veterano de Lanús herido en Malvinas: "Si no tenía el casco, mi cabeza hubiera volado"

Alberto Altieri fue herido por una bomba durante los combates en las Islas Malvinas. La explosión le provocó serias secuelas y tras 40 años logró recuperar el casco que le salvó la vida.

Alberto Altieri es un vecino de Lanús que en 1982 había terminado el servicio militar obligatorio y se preparaba para afrontar la adultez como cualquier muchacho de esa época. Sin embargo, la Guerra de las Islas Malvinas volvió a interrumpir sus sueños y una bomba le dejó serias secuelas. Después de 40 años logró recuperar el casco que le salvó la vida de milagro y ahora cuenta su historia.

Veterano de Lanús fue herido en combate y recuperó el casco que le salvó la vida

El 9 de abril de 1982, un efectivo de la Policía Bonaerense se acercó hasta su domicilio de Lanús con el papel que ninguna familia deseaba que llegara a su casa: la citación obligatoria para acudir a la Guerra de Malvinas. “Mi mamá se puso mal porque no quería que fuera a la guerra y yo le dije 'prefiero morir allá en la guerra y no acá como un cobarde'”, recordó Alberto en diálogo con El Diario Sur.

En aquel entonces, el joven vecino de Lanús pisó por primera vez las islas el 15 de abril y recién el 11 de junio le tocó entrar en combate, ya que, se encontraba en uno de los frentes más sangrientos que tuvo el conflicto bélico entre Argentina e Inglaterra. “Estuve en el Monte London uno de los lugares mas fuertes de combate y allí nos tuvimos que quedar detrás de unas piedras hasta que pasara el bombardeo, como decimos nosotros ‘acobachados’”, contó al mismo tiempo que aseguró que todavía recuerda los ruidos de las explosiones.

Las bombas caían de todas direcciones y Alberto junto a sus compañeros no sabían si se trataban de ataques efectuados por el ejercito argentino o inglés. En ese contexto, desafortunadamente una de las bombas cayó cerca de ellos. “Mató a un suboficial porque le cayeron las esquirlas encima y a otro compañero en las piernas. A mí me pegó en la cabeza, en la frente y en cierto modo me salvó el casco”, afirmó Alberto con crudeza y el dolor todavía latente.

Luego de recibir las primeras curaciones, el vecino de Lanús fue trasladado nuevamente al continente. Para Alberto había terminado la guerra, pero comenzaba otra batalla de igual complejidad, pero con distinto sentido: recuperarse de las graves heridas que sufrió.

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“La bomba me produjo la pérdida de masa encefálica del hemisferio izquierdo provocándome la hemiplejia de la parte derecha del cuerpo y la pérdida del ojo izquierda. Estuve mucho tiempo en rehabilitación, internado en el hospital militar hasta que tuve que pedir el alta para poder cuidar a mis viejos”, expresó.

Alberto continuó con su vida hasta que un llamado volvió a cambiar su vida para siempre, pero esta vez con un fin positivo. Un oficial de La Tablada lo contactó para avisarle que habían puesto a subastar su casco, ya que, poseía su nombre en el interior. La noticia lo movilizó y tras intentar contactarse con el comprador de origen inglés, la respuesta fue negativa.

Pasó el tiempo y durante el pasado mes de marzo volvió a recibir un llamado mediante el cual le aseguraron que le habían conseguido el casco y que se lo iban a traer desde Inglaterra. “Yo no creí mucho y le dije que estaba bien”, comentó Alberto.

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“Me llamaron para un reportaje y de repente abren la puerta entra un hombre, me saluda, me habla un poco y ahí entra una señora con el casco en la mano. Cuando veo el caso digo por dentro mío ‘ya está es algo logrado’. Me abracé con mi hijo y me puse a llorar, en esos segundos te recorren un montón de historias y vivencias”, explicó todavía con la alegría del momento reflejada en el tono de su voz.

Mientras repasa su historia de vida, Alberto sostiene con firmeza su casco que posee una rajadura en la frente producto de la explosión de la bomba y no deja de mirarlo con amor y con una expresión clara de agradecimiento eterno.

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"Cuando me traje el casco para mi casa lo use como osito de peluche y hasta brindé con él porque hacia un montón que no compartía con él" - Alberto Altieri, veterano de guerra de Lanús. "Cuando me traje el casco para mi casa lo use como osito de peluche y hasta brindé con él porque hacia un montón que no compartía con él" - Alberto Altieri, veterano de guerra de Lanús.

“Este caso es la parte de que yo esté con vida porque la otra parte es la de mis amigos que me bajaron del monte. Si yo no tenía el casco puesto, mi cabeza hubiera volado. Por él hoy estoy en el continente y puedo seguir luchando para que la causa Malvinas no sea olvidada”, destacó el vecino de Lanús.

Hoy, después de 40 años de la Guerra de las Islas Malvinas, Alberto trabaja en la administración de una estación de servicio de Banfield y se mudó a la ciudad de San Vicente con la premisa de llevar una vida más relajada para poder enfriar sus pensamientos.

“La guerra tuvo su mal y su bien: su mal por tantos soldados que murieron y lo bueno que abrimos la puerta de tener 150 años más para reclamar por nuestras Islas Malvinas. De esta forma, podemos seguir peleando de manera pacífica por ellas. Y también gracias a nuestra tragedia volvimos a tener democracia”, concluyó.

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