Lanús se consagró campeón de la Recopa Sudamericana e hizo historia. Es que luego de vencer por 3 a 2 a Flamengo, y sellar un 4 a 2 global, dio la vuelta olímpica en el estadio Maracaná, ante miles de hinchas que disfrutaron y tiñeron de granate a Río de Janeiro, satisfacción que se trasladó a kilómetros de distancia, en las inmediaciones de la Fortaleza, en Cabrero y Guidi, donde la alegría se instaló en plena zona sur del conurbano bonaerense.
Bajo una intensa lluvia durante gran parte del partido, el elenco conducido por Mauricio Pellegrino defendió la mínima diferencia que había logrado en el compromiso de ida, de local, y con la victoria a domicilio se alzó con el noveno trofeo de la historia de la institución, el cuarto en el plano internacional.
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Pero en esta ocasión la felicidad se multiplica por el escenario en el que se dio todo. Allí, en el campo del Mengao, uno de los más emblemáticos del mundo y ante el equipo más poderoso del continente, que no sólo es el vigente campeón de la Copa Libertadores sino que cuenta con el presupuesto más amplio de todos, a tal magnitud que, en la previa del desafío, al hacer comparaciones, se exponía cómo es que un solo futbolista del plantel brasileño -Lucas Paquetá, reciente refuerzo desde el fútbol inglés- valía más que todo el conjunto íntegro de Lanús.
Por lo pronto, en la cancha, como recalcaron desde el inicio de la travesía, son 11 contra 11. Y los del Granate lograron la hazaña, un hito que quedará en la memoria de los hinchas, especialmente con una estampa, la del cabezazo certero del defensor paraguayo José María Canale, que estampó el 2 a 2 parcial a falta de dos minutos para el cierre de la prórroga, cuando todo parecía que decantaba en los penales. Ese tanto que, luego diría ante los micrófonos, fue soñado de chico, "cuando jugaba a la Play".
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Al instante llegó el desahogo completo con la corrida letal del juvenil Dylan Aquino, que superó la marca de la defensa y del arquero, y gritó junto a sus compañeros y los hinchas lo que ya era historia.
Para llegar a ese momento trascendental hubo que sufrir, porque Flamengo tenía deberes que hacer y los había cumplido, aunque le faltaba el golpe final. La apertura del marcador, por lo pronto, le correspondió a la visita, con una avivada de Rodrigo Castillo, que aprovechó un error de Agustín Rossi para anotar, desde casi la mitad de la cancha, el 1 a 0, cuando promediaba la etapa inicial.
Un partido intenso en Brasil
Sin embargo, el anfitrión no se amilanó, tenía una responsabilidad, y con dos penales, uno en cada tiempo, dio vuelta el trámite. El último, cuando faltaban 10 minutos para el final y Lanús ya soportaba los embates refugiado en el fondo, soñando con ganar el trofeo en tiempo reglamentario.
Ese tanto podría haber derrumbado todo. Y de hecho en el tiempo extra el panorama se pintaba desolador, con una visita que pretendía llegar a los penales directamente, esos que les brindó alegría hace dos meses de la mano del arquero Nahuel Losada en Paraguay, para vencer a Atlético Mineiro en la Copa Sudamericana.
Pero no hizo falta. Primero Canale, y luego Aquino, cambiaron los planes, y la angustia desde los doce pasos no hizo falta. Los hinchas que habían inundado Río de Janeiro desde temprano, y que habían hecho un banderazo previo en las playas de la ciudad, no lo podían creer. Tampoco los que vieron el partido en televisión y, una vez concretado el objetivo, se fueron acercando a la sede del club, en plena avenida 9 de Julio.
Banderas, camisetas, gorros, todo servía para revolear al viento y gritar campeón, algo que todavía no encuentra dimensión en la mente de los simpatizantes de Lanús, porque es el mejor del continente, pero lo ratificó donde casi nadie lo hace: en el Maracaná.

