Alejandro Leguizamón tiene 50 años, se encuentra en situación de calle y vive de hacer artesanías con hojas de palma, que vende por un precio a voluntad en la esquina de Laprida y Meeks, en Lomas de Zamora.
Lomas: llegó del campo por una operación y ahora está en situación de calle y hace artesanías
Alejandro Leguizamón hace artesanías con hojas de palma en la peatonal de Lomas. Necesita un tratamiento por haber sufrido un accidente.
Alejandro es oriundo de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos. Actualmente, ocupa una esquina céntrica, a pasos de la estación de Lomas. Allá, en su tierra natal, realizaba trabajos de campo junto con su familia, relacionados con la cosecha y el cultivo de alimentos.
Cuando todavía era un niño, debió abandonar el colegio en sexto grado para ayudar, junto con sus hermanos, a sus padres en el trabajo manual diario. No tuvo alternativa, ya que “las necesidades en la provincia eran muchas”.
En el año 2016, sufrió un accidente automovilístico que le provocó un daño severo para el que hoy, y después de tanto tiempo, no encuentra solución. Cuando manejaba su moto, tuvo un desperfecto en el cable de freno del vehículo e impactó contra un colectivo, dañando su ojo izquierdo.
Según cuenta Alejandro, en el instante del fuerte golpe, muchos de los que estaban allí abandonaron el lugar de los hechos, incluyendo el colectivo.
En primera instancia, el choque no le produjo mayores daños. Pero, con el paso del tiempo y los insuficientes tratamientos, su ojo izquierdo fue empeorando hasta generarle los actuales dolores, que describe como intensos.
Es, justamente, ese ojo el que lo trajo a Buenos Aires. Previo al inicio de la pandemia, tenía un turno programado en el Hospital Oftalmológico Santa Lucía de Capital que no pudo concretarse. Desde ese momento, con idas y vueltas, es que aguarda para atenderse.
¿Por qué esperó tanto tiempo desde el accidente? Manifiesta que la labor que realiza junto con su familia es necesaria para el día a día y que no pudo darse el lujo de viajar antes: “Ya no soy tan joven. Todo me cuesta un poco más. Necesito este tratamiento para poder volver a trabajar con normalidad”.
Para combatir la compleja situación, con la intención de poder subsanar su mal de salud, Alejandro comenzó a hacer manualidades con hoja de palma. Con esto, busca la posibilidad de comer y alquilar una habitación para dormir en un “lugar calentito” y poder asearse.
Esta habilidad la aprendió de su padre, que se lo enseñó junto con sus hermanos cuando su casa quedaba tapada por las intensas lluvias de la zona: “Sabíamos dónde estaba nuestra casa por las tres palmeras que la rodeaban”.
Cuando se le pregunta por su familia, Alejandro se emociona. Con la voz algo quebrada, relata que en Paraná están todos sus seres queridos, y deja entrever que aquí, lejos, se siente solo.
Cuenta que sus padres, mayores de edad, ya no tienen la fuerza necesaria para llevar a cabo los trabajos físicos que demanda el campo. A pesar de tener un hermano y una hermana, él entiende que su esfuerzo es fundamental para la subsistencia de su familia.
Hoy, se ubica sobre la Peatonal Laprida en Lomas de Zamora, a metros apenas de la esquina con Meeks. Generalmente, confecciona grillos con hojas de palma a cambio de una ayuda a voluntad del transeúnte, entre otras artesanías.
Si bien él asegura que le da vergüenza la situación en la que se encuentra, mantiene que las noches de frío se sufren mucho y que una manta lo ayudaría enormemente: “Usted sabe cómo somos las personas de campo. No nos gusta pedir, nos gusta ganarnos lo nuestro con trabajo. Pero no tengo alternativa, es lo que me tocó”.
Alejandro asegura que la gente es muy buena con él y que cuenta con muchos vecinos que habitualmente colaboran con él y, en ciertas ocasiones, le acercan un plato de comida. Asimismo, se manifestó agradecido con la policía y las autoridades de la zona por dejarlo trabajar con tranquilidad.


