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Un nene de Lomas de Zamora nació con una grave enfermedad y se curó con una terapia inédita

Un tratamiento experimental en Estados Unidos permitió salvar a Agustín, un chico de Lomas de Zamora que nació una patología severa que casi le quita la vida.

Agustín Cáceres es un nene de 11 años que vive en Lomas de Zamora y que salvó su vida gracias a un exitoso tratamiento experimental en Estados Unidos.

El chico nació con una patología llamada Inmunodeficiencia Combinada Grave (IDCG). Se la conoce como "enfermedad del niño burbuja" y se trata de una rara enfermedad genética hereditaria que afecta a 1 de cada 50.000 bebés nacidos vivos en el mundo. Es causada por una mutación genética que, básicamente, impide el desarrollo de anticuerpos y puede matar a un chico por infección masiva.

Sus padres Marcela y Alberto arrastraban ese drama desde 1999. Ese año nació su primer hijo, quien murió a los cinco meses por IDGC. En 2006 llegó su hermano Jeremías, afortunadamente sin la enfermedad. El que no tuvo esa suerte fue Agustín, quien nació en 2010 heredando esa terrible patología.

Matías Oleastro, jefe de Clínica Médica en Inmunología del Hospital Garrahan, le confesó a Clarín que "sin donante, él no sobrevivía y no había en todo el registro nacional e internacional una unidad compatible para él". Por lo tanto, los primeros meses de Agustín fueron en un completo aislamiento en ese centro de salud y luego en su casa de Ingeniero Budge, en Lomas de Zamora. El mínimo contacto con un virus podía ocasionarle la muerte.

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Agustín, el nene de Lomas de Zamora que superó la enfermedad

Agustín, el nene de Lomas de Zamora que superó la enfermedad "IDGC" en Boston.

Fueron tiempos muy difíciles, con muchos cuidados, preocupaciones e incertidumbre sobre el futuro de Agustín. Pero todo cambió en septiembre de 2010 cuando el doctor Oleastro recibió un llamado desde el Boston Children's Hospital. "Era para comunicarme del nuevo protocolo experimental para intentar curar inmunodeficiencias severas. Iban a sumar sólo a 20 pacientes y me consultan si yo contaba con algún paciente que reuniera los requisitos. Lo que necesitaban era un caso idéntico al de Agustín", recordó.

Sin tiempo que perder, la familia y el doctor Oleastro se pusieron en contacto con el hospital estadounidense, juntaron el dinero para viajar y hospedarse, y se instalaron en Boston. Los Cáceres vivieron allí ocho meses, entre octubre de 2010 y mayo de 2011. Marcela y Agustín estuvieron internados en el Boston Children's Hospital durante cuatro meses, mientras que Alberto y su otro hijo Jeremías se instalaron en la casa de Ronald McDonald, cedida por el hospital.

La terapia génica fue todo un éxito y permitió salvar la vida de Agustín. "Se le introdujo un gen nuevo. Ese gen fue administrado a las células usando un virus especialmente diseñado, llamado vector, que infecta las células sin propagarse por todo el organismo. Después de unos días, las células tratadas fueron inyectadas otra vez en Agustín y su médula ósea pudo generar un nuevo sistema inmune sano", precisó Oleastro a Clarín, y agregó con mucha emoción que "de una muerte segura pasó, de repente, gracias a un tratamiento, a estar lleno de vida".

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El doctor Oleastro junto a Agustín, después de haber superado la grave enfermedad.

El doctor Oleastro junto a Agustín, después de haber superado la grave enfermedad.

Agustín acaba de cumplir 11 años y se siente pleno físicamente, después de un tratamiento que empezó como un experimento y que finalmente le permitió tener una vida normal como la de cualquier otro chico. Hasta que cumpla 15 años se enviará su sangre cada año para que sea analizada en Boston, mientras le inyectan "gamma globulina", que son una especie de anticuerpos que él no puede producir. Las peores complicaciones ya quedaron atrás.

"Hoy soy un agradecido a los médicos del Hospital Garrahan, especialmente al doctor Matías, a los médicos del Boston Children's Hospital, a mis padres que dejaron su vida para cuidar la mía, a mi hermanito Iván que nos alumbra desde el cielo y a Dios, que me permite hacer una vida normal. Yo hago de todo, como cosas ricas, juego a la pelota, me trepo a los árboles y puedo estudiar para aprender y ser mejor en la vida", expresó el nene de Lomas de Zamora.

"Ver a Agustín crecer jugando al fútbol e interactuando con sus amigos es una experiencia increíble y reconfortante", concluyen sus padres.

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