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La historia del vendedor que lleva 59 años en el Roca: "Mi vocación está en el tren"

Con 70 años, recorre diariamente los vagones del Tren Roca. Dice que lo más importante de su trabajo es el vínculo que construyó con la gente.

Alberto Ledesma tiene 70 años y hace 59 que trabaja como vendedor ambulante en el Tren Roca. Su historia comenzó en la estación de Lanús, donde acompañaba a su padre, que era florista. A los 11 años empezó a subir solo a las formaciones y desde entonces nunca se alejó de ese mundo.

"Mi vocación está en el tren", resumió durante una entrevista con El Diario Sur. Actualmente recorre distintos ramales sin un recorrido fijo. Puede estar trabajando entre Constitución y Alejandro Korn, entre Constitución y Ezeiza o en cualquier otro tramo donde lo lleve la jornada.

Con el paso de los años, asegura que su trabajo se transformó en algo más que una actividad comercial. Cerca de los 40 años comenzó a estudiar, trabajó en Cáritas y realizó cursos vinculados a la psicología y las adicciones. Esa formación, explicó, le permitió acompañar a personas que atraviesan distintos problemas.

"Cuando alguno necesita una mano, acá estoy", afirmó. Según contó, tanto pasajeros como otros vendedores suelen acercarse para conversar, compartir preocupaciones o pedir consejos.

Una vida arriba del Tren Roca

Entre las anécdotas que recuerda con más cariño está la de un pasajero que le compró un par de medias y le confesó que en realidad no las necesitaba. "Te compro por la cantidad de veces que me levantaste el ánimo", le dijo. Para Ledesma, aquel gesto fue "una caricia al alma".

Después de casi seis décadas arriba de los trenes, también fue testigo de los cambios en los hábitos de viaje. Recordó que años atrás los pasajeros viajaban leyendo diarios impresos y que era habitual encontrarlos abandonados en los asientos al llegar a Constitución. Hoy, en cambio, los celulares dominan las escenas cotidianas.

También observa una diferencia en la relación entre pasajeros y vendedores ambulantes. Según explicó, cuando comenzó a trabajar había muy pocos vendedores en las formaciones y muchos pasajeros rechazaban su presencia. En la actualidad, sostiene que existe una mayor aceptación.

"La gente compra mucho más que antes", señaló en diálogo con este medio. Incluso relató que algunos pasajeros le pagan mediante transferencias bancarias o le envían el dinero más tarde cuando recuperan conexión a internet.

Para Ledesma, una de las claves de su permanencia en el oficio está en la actitud con la que encara cada jornada. Antes de salir a trabajar se prepara especialmente para mantener el buen ánimo y transmitirlo a quienes viajan.

Los pasajeros, los cambios y la buena onda

"Siempre trato de no perder el buen estado anímico", explicó. Por eso suele ingresar a los vagones con mensajes positivos y saludos para los pasajeros. Considera que el respeto, la amabilidad y la sonrisa forman parte de su trabajo tanto como los productos que ofrece.

A lo largo de los años, los trenes le permitieron conocer gran parte del país. Desde muy joven viajó por distintas provincias para vender y regresaba luego al Área Metropolitana. Esos recorridos, contó, le dejaron amistades en diferentes puntos de Argentina y también en países vecinos.

Tras casi seis décadas de trabajo, Alberto Ledesma sigue recorriendo andenes y vagones convencido de que el tren es mucho más que su lugar de trabajo: es el espacio donde construyó su historia y donde, cada día, sigue encontrándose con nuevas personas.

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