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La casa más loca de Lomas: un arquitecto la transformó en una obra de cuento dedicada a su nieta

Javier Urani lleva cuatro años trabajando en la fachada de su vivienda, con piezas antiguas que fue rescatando de demoliciones. El resultado es exótico y la interpretación es abierta, pero se roba las miradas.

Una casa de Lomas de Zamora se convirtió en una obra artística que combina arquitectura, patrimonio, materiales antiguos e imaginación. Su creador es Javier Urani, un arquitecto que vive allí desde hace más de tres décadas y que desde hace cuatro años y medio trabaja en una intervención que todavía está en proceso de construcción.

Urani, de 60 años, es especialista en patrimonio, artista plástico, curador y jurado internacional de arte. La vivienda, cuya construcción original data de 1906, fue ampliándose a lo largo de los años con materiales similares a los utilizados en aquella época. La fachada actual es el resultado de una nueva etapa de ese recorrido.

El proyecto surgió a partir de una idea vinculada con su nieta Aurora, de cinco años. Según explicó el arquitecto, buscó transformar una emoción familiar en una expresión artística. La intervención propone una escena en la que una nena abre un gran cuento y de su interior comienzan a escapar distintos personajes. Queda en Ayacucho al 300, en Lomas centro.

La obra, que actualmente se encuentra entre un 60 y un 70 por ciento de avance, fue construida de una manera particular: Urani no partió de materiales nuevos, sino que fue recuperando elementos provenientes de demoliciones."Fue conseguir material de demolición, cosas que para muchos se demolía y se sacaba. Uno tiene este espíritu de recuperar la historia", explicó.

La vivienda está ubicada en Ayacucho al 300, en el centro de Lomas.

La vivienda está ubicada en Ayacucho al 300, en el centro de Lomas.

Entre los materiales utilizados aparecen cientos de tiles y mayólicas antiguas. Al principio, Urani comenzó a recolectarlos por su cuenta. Con el tiempo, los responsables de desarmaderos y viviendas en demolición empezaron a llamarlo cuando tenían piezas que podían servirle para continuar con el proyecto.

El resultado es una fachada cargada de elementos y colores que contrasta con las formas más despojadas de la arquitectura contemporánea. Pero para su creador no se trata simplemente de una cuestión estética. La intervención también expresa una mirada sobre la forma en que las personas construyen su identidad y se relacionan con la opinión de los demás. "La parte rebelde de todo esto es tratar de hacer ver a la gente algo para que salga de ese minimalismo impuesto", sostuvo.

Una obra que no busca imponer una mirada

Para Javier Urani, una de las características centrales de la intervención es que no pretende transmitir un único significado. La fachada puede generar distintas interpretaciones según quién la observe.

El arquitecto sostiene que las personas miran desde su propio "ADN cultural", formado por las experiencias, la educación y la cultura que incorporaron a lo largo de su vida. Por eso, considera que no tiene sentido intentar controlar qué piensa o siente otra persona frente a la obra.

Su postura también aparece vinculada con la idea de libertad que atraviesa el proyecto. Urani busca mostrar una forma de expresión propia, pero sin convertirla en una regla para los demás. Incluso acepta que en el futuro su nieta pueda identificarse con una estética completamente diferente.

"El que venga lo transforme en otra cosa, no me interesa", dijo sobre el destino de la obra. Para él, la intervención cumple su propósito en el presente: expresar una manera de vivir y de entender el arte.

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