Marcelo Piñeyro es un aclamado director y guionista de cine argentino que en las últimas semanas pasó a las primeras planas por su trabajo en la serie El Reino, emitida por Netflix y que abrió el debate sobre el rol de las iglesias evangélicas en el armado de partidos políticos. En exclusiva con El Diario Sur, el director de la serie del momento habla sobre sus motivaciones al crearla, cómo la realidad superó a la ficción y adelanta una tentativa fecha de estreno para la segunda temporada.
"En la serie El Reino se quiere dejar en claro cómo el poder político utiliza a las iglesias evangélicas"
El director de El Reino, Marcelo Piñeyro, destacó el rol de las iglesias entre los sectores más humildes, pero advierte sobre las corporaciones evangélicas.
Debutaste dirigiendo una serie, ¿cómo se te dio?
Con Claudia Piñeyro teníamos muchas ganas de trabajar juntos. Ya nos habíamos conocido en una adaptación de la novela “La viuda de los jueves”, que escribió ella, y teníamos pendiente realizar un trabajo más. Hace unos años nos llamó un productor español para ofrecernos un proyecto que a ninguno de los dos nos interesó pero nos sirvió para reencontrarnos. Charlando nos dimos cuenta de que nos gustaban mucho las series. Ninguno de los dos había trabajado en ese formato y entonces nos surgió la idea de cranear algo.
En cuanto al tópico de El Reino, ¿en qué momento decidieron que iban a apuntar por este tema?
Siempre charlábamos de cosas que suceden en el país y el mundo, temas que nos preocupaban o nos llamaban la atención. Entre ellas, vimos que una característica de la contemporaneidad era una muy fuerte manipulación de las sociedades por diferentes caminos: la posverdad, fake news, ejércitos de trolls, vacío de contenidos y conceptos, quita de la racionalidad del debate público y desarrollo de una dialéctica puramente emocional… Por otro lado, también veíamos un regreso de las religiones como herramienta de la política, donde inclusive en algunos lugares del planeta ya se observan fenómenos de guerras religiosas, algo que parecía que la humanidad había dejado atrás. Y veíamos que en toda América surgía una nueva derecha con un objetivo claro de restauración conservadora que usaba como ariete estas nuevas iglesias evangélicas, que son hijas de los telepredicadores de los 90.
¿Les incomoda el avance de las iglesias evangélicas en la región?
No nos preocupa la totalidad del evangelismo, sino aquellas iglesias que son casi corporaciones religiosas y económicas. Si uno analiza qué hay detrás del triunfo de Trump, por ejemplo, sin el apoyo de las iglesias no habría sido posible. Por otro lado, también hay un ideólogo a las sombras, que es Steve Bannon. A partir ahí, nos preguntamos qué pasaría si una situación similar ocurriría en Argentina. Entonces comenzamos a construir personajes y situaciones ficticias para generar la serie El Reino.
¿Cuándo comenzó a materializarse El Reino?
Con unas pocas páginas en el que desarrollamos los personajes y la historia, presenté el proyecto a Netflix. Les entusiasmó de inmediato y nos dieron los avales. Esto fue en el año 2017. Desde ahí que empezamos a trabajar con los guiones. Después vino la producción, el rodaje y todo lo demás. En el medio nos agarró la pandemia, lo que demoró todavía más las cosas. La serie El Reino estaba para estrenarse en abril, pero salió recién ahora. Nos atrasamos cinco meses por el confinamiento del año pasado.
Dijiste que la serie parte de cómo una situación hipotética podría darse en Argentina, ¿ves que un movimiento similar se esté gestando con algún político en concreto?
En la serie no hay una posibilidad de asimilar que tal personaje podría llegar a ser tal persona de la vida real. He leído cosas de gente que intenta comparar la ficción con la realidad, pero me parece un trabajo muy caprichoso ese. El género de la serie El Reino es una ucronía, una posibilidad presente que no es real. Cuando nosotros nos pusimos a trabajar en esto, en la segunda mitad del 2017, el proyecto nos sonaban a una distopía, una historia que toma líneas del presente pero se vuelve irreal. Esa era la sensación que teníamos en ese momento. Recuerdo que una noche, estando en Brasil, con unos amigos de allá hablamos de nuestras vidas y cuando les comenté del proyecto incluso para ellos sonaba distópico. En ese entonces recién se empezaba a hablar de Bolsonaro, que para el resto de los comensales, que eran locales, era un personaje totalmente marginal y pintoresco, como si fuese una creación de Capusotto. Cuatro meses más tarde, era el presidente.
La ficción se transformaba en realidad…
Lo que notamos con Claudia fue que, lo que al principio sonaba como una distopía, a medida que nosotros avanzábamos en la escritura, cada vez más hechos que salían en los diarios eran muy parecidos a lo que estábamos creando. “Apurémonos porque sino esta distopía va a terminar siendo un documental”, le decía. Nosotros lo que queríamos era una ficción que invite a una reflexión desde el presente, no algo periodístico.
Pero sí tiene muchas similitudes con la realidad. De hecho, en el primer capítulo, cuando asesinan al candidato Armando Badajoz, la escena es muy similar a un falso atentado que protagonizó Bolsonaro en plena campaña…
Claro. Eso justamente sucedió cuando nosotros ya lo teníamos escrito. Y ahora también ocurrió algo similar en Corrientes. Son cosas que pasan cuando escribís. Recuerdo que cuando estábamos terminando de filmar “Cenizas del paraíso” sucedió lo de José Luis Cabezas y la película trataba de una historia similar. La gente pensaba que estaba inspirada en ese caso y yo no tenía ni idea de quién era Yabrán. Uno cuando crea una obra funciona como con antenas. Yo soy un ciudadano antes que director de cine: vivo acá, tengo las mismas preocupaciones que todos, los mismos miedos y fantasías. Ese es el material con el que trabajo. Son ficciones, no hago documentales ni investigaciones periodísticas.
Aunque como creativo esa lógica un poco responde a la premisa de que ustedes suelen adelantarse a ciertos acontecimientos. ¿Vos concordás con eso?
Por supuesto, está lleno de ejemplos. Pero cuando uno crea algo no está pensando en que quiere adelantarse: de pronto la realidad lo sorprende. Uno puede inferir en direcciones posibles y eso puede generar preocupaciones. Está bueno armar algo para que la gente reflexione sobre tal tema. En la serie El Reino lo que se quiere dejar en claro es que el problema es el poder, no las iglesias evangelistas. El poder que utiliza a las iglesias evangelistas, que son corporaciones económicas también. Ese tipo de iglesias es muy diferente a una de barrio.
¿Qué opinión tenés respecto a las iglesias evangélicas de barrio?
En El Reino se habla positivamente de las iglesias de barrio: el trabajo que hacen en las cárceles o en los barrios carenciados. Eso es cierto e innegable. El problema es cuando las creencias se manipulan con intereses que no son religiosos. Los fundamentalismos religiosos y la utilización del sentimiento religioso para defender o radicalizar cierto status quo, no es exclusivo del evangelismo. Si estuviese ambientada en otra época, podríamos haberla escrito con las iglesias católicas. En Europa, por ejemplo, el trabajo es el mismo pero con el integrismo católico o grupos neonazis.
¿Y en torno a las creencias?
Yo tengo un gran respeto por el sentimiento religioso: el hombre siempre ha necesitado respuestas a preguntas como por qué estoy aquí, adónde vamos o quiénes somos. Hay gente que busca esas respuestas por fuera de la religión, pero son preguntas que todos los humanos nos hacemos.
Se confirmó que se viene la segunda temporada. ¿En qué etapa están: pensando la idea, escribiendo el guion, en pleno rodaje?
Estamos armando el guion. La idea es que se estrene a esta altura del año próximo, vamos a ver si llegamos.
¿Esperabas que la serie El Reino tenga semejante aceptación del público?
Uno cuando hace algo siempre desea que le llegue a la gente. Esto fue muchísimo mayor de lo que esperábamos en nuestras mejores fantasías. Yo sabía que se iba a estrenar en 190 países en simultáneo, pero cuando te empiezan a llegar ecos de lo que sucede con la serie es muy fuerte. Por suerte, en todos lados tuvo muy buenas críticas y repercusiones. Las recomendaciones de la serie El Reino fueron impresionantes.
Jugaste con un Dream Team…
Sin dudas. Fue un elenco absolutamente de lujo el que participó en El Reino. Todos se comprometieron a mil, son unos apasionados del trabajo, incluso teniendo el problema de la pandemia. Nosotros empezamos a rodar en enero del 2020, paramos en marzo por cinco meses, y cuando volvimos era trabajar con protocolos súper estrictos. En septiembre del año pasado no había vacunas en el horizonte. Al principio teníamos miedo de que los protocolos nos dificultara el rodaje. El objetivo de uno es que la emoción circule y con todo lo que teníamos puesto existía temor de que nos bloquee por ese lado. Por suerte no sucedió. Otra ventaja fue que nos convertimos en los primeros en volver al rodaje. Sabíamos que si nos iba bien, muchos nos iban a seguir. Eso era una doble responsabilidad, porque se transformó en una épica para que salga más gente a laburar y mejore la situación de la industria audiovisual.



