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Los casos de pacientes psiquiátricos que se ausentan de sus casas, un drama para las familias

En las últimas semanas se registraron decenas de búsquedas de personas en la región, en su mayoría relacionadas con padecimientos de salud mental. Las recomendaciones de los expertos ante estas situaciones.

El 12 de agosto, Sergio Sandoval abandonó su casa en Villa Centenario, en Lomas de Zamora. El 18 de agosto, Nicolás Núñez escapó de su hogar de Ingeniero Budge. El 29 de agosto, Tony Ruiz salió de su casa de Monte Grande para ir a la iglesia y nunca regresó. El 17 de septiembre, Víctor Fernández desapareció cerca de la Granja Municipal de Almirante Brown. El 19 de septiembre, un hombre que estaba perdido por Monte Grande y fue llevado a la Comisaría de la Mujer y la Familia para encontrar a sus parientes.

Además de ser de la región y escaparse de sus hogares, todos ellos tienen algo en común: padecimientos mentales, tales como esquizofrenia o retraso madurativo. Las fugas de sus casas de las personas con problemas psiquiátricos son moneda corriente y generan una gran angustia en sus familias.

“Mi hijo continuamente está conmigo. Yo trabajo en hornos de ladrillo y él trabaja conmigo. No sale a ningún lado. El tema es que yo últimamente estoy trabajando mucho y, cuando me descuido, tiene esa maña de escaparse e irse. A partir de esto voy a tener que prestar mucha más atención para que no se escape”, ilustró su situación Ramón Fernández, papá de Víctor.

A pesar de la dificultad que supone encontrar una solución generalizada para asuntos particulares, El Diario Sur dialogó con una especialista en la materia para aproximar consejos a las familias que suelen vivir en carne propia este dilema.

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“Tomando el caso de alguien con esquizofrenia, es muy probable que alguien más de la familia tenga este padecimiento, aunque por ahí no lo sabe o no vive con episodios groseros. Ellos son quienes, justamente, cuidan a esa persona. Eso agrava la situación porque quienes alojan a un hijo con esquizofrenia tampoco suelen tener conciencia de lo que sucede”, contó la psicóloga Daiana González. Y agregó: “A veces las familias necesitan ayuda desde la medicación y la contención psicológica. Muchas veces eso no se da porque son familias cerradas que creen que no necesitan ayuda. Los propios padecimientos hacen que a veces se vayan de la casa porque no se sienten alojados o contenidos”.

Desde su consultorio en Canning, la psicóloga advirtió sobre la importancia del acceso a la información: “El padecimiento mental también está atravesado por el desconocimiento de la enfermedad o por la falta de recursos de la familia para actuar a tiempo. Ahí es cuando a veces se dan las fugas. Muchos pacientes comienzan a tratarse recién porque caen en internación por brote psicótico”.

Las dificultades para la comunicación, una clave

Como en prácticamente todo, un aspecto fundamental para una mejor convivencia es la comunicación intrafamiliar. Cuando esto no sucede, aparecen las disyuntivas. “Cuando le preguntó por qué desapareciste me dice que se fue a jugar a la pelota con sus amigos o que se fue por ahí”, contó Ramón Fernández sobre su hijo Víctor, quien tras haberse ausentado cerca de la Granja Municipal de Almirante Brown tendrá teléfono propio: “Yo ahora me voy a comprar un celular y le dije que este que tengo ahora se lo voy a dejar a él, que no tenía teléfono”.

Para Florencia, hermana de Sergio Sandoval, quien padece una enfermedad psicológica y se escapó de su casa en Villa Centenario, en Lomas de Zamora, “uno de los problemas es que habla muy poco”. En ese sentido, detalló: “Esta vez que se escapó no nos dijo por qué se fue o a dónde estaba. Solo nos contó que anduvo por la calle y que dormía en las plazas”.

Sobre los pacientes medicados

Para la psicóloga Daiana González, “las personas con esquizofrenia tienen que estar medicadas”, ya que “cuando no cumplen los tratamientos a rajatabla, puede haber descompensaciones y ahí es cuando ocurren episodios de querer irse de la casa y perderse. Eso son los brotes psicóticos”. En cambio, “los retrasos madurativos no siempre requieren meditación”. Y agregó: “En esos casos, hay que ver los recursos que tiene la familia para poder alojar a alguien con este tipo de padecimiento, lo cual es es difícil para cualquier persona si no se tiene acompañamiento”.

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