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El "mini Gobierno" de Sergio Massa 

Massa se impuso como una suerte de "mini Presidente". Logró un "operativo clamor" de gobernadores, sindicalistas e intendentes que lo pidieron en el puesto. Consiguió una foto de respaldo con la vicepresidenta Cristina Kirchner. E involuntariamente, el Presidente Alberto Fernández, con la apariencia de derrota e incomodidad que demostró en los últimos días, pareció dejar en claro quién es el que manda a partir de ahora. Incluso llegó a pedir permiso para hablar en el acto de juramento.

@NietoManuelOk

Sergio Massa está a cargo de un Ministerio de Economía con facultades similares al que tuvo Roberto Lavagna entre 2002 y 2005. En los papeles no hay nada que indique que sea un “súper ministro”, lo que equivaldría a un funcionario con facultades especiales. Sin embargo, las funciones formales suelen tener poca importancia en política. En los gestos y los anuncios de esta semana, quedó claro que Massa encabeza una nueva etapa del Gobierno del Frente de Todos, en la que tiene avales, al menos momentáneos, para implementar medidas de ajuste con el objetivo de ordenar la macroeconomía.

Massa se impuso como una suerte de “mini Presidente”. Logró un “operativo clamor” de gobernadores, sindicalistas e intendentes que lo pidieron en el puesto. Consiguió una foto de respaldo con la vicepresidenta Cristina Kirchner. E involuntariamente, el Presidente Alberto Fernández, con la apariencia de derrota e incomodidad que demostró en los últimos días, pareció dejar en claro quién es el que manda a partir de ahora. Incluso llegó a pedir permiso para hablar en el acto de juramento.

En su primera conferencia de prensa, el flamante ministro anunció varias medidas a través de Decretos de Necesidad y Urgencia, una facultad que solo puede ejercer el titular del Poder Ejecutivo, es decir el Presidente, con la famosa “lapicera”. El mensaje es que la lapicera por ahora la tiene Massa.

Sin embargo, está claro que el ex intendente de Tigre no recibió un cheque en blanco. Sus anuncios de ajuste fiscal e incremento de las tarifas de la energía cayeron como un balde de agua helada en los sectores radicalizados del kirchnerismo. Por caso, mientras que Massa anunció rever la política de planes sociales y dejar de pagar beneficios a quienes no cumplen con la contraprestación, su remplazante en la Cámara de Diputados, el dirigente del Partido Piquetero Juan Marino, hizo su jura por el salario universal. Las contradicciones son demasiado grandes como para que estos sectores compartan un mismo frente político. En ese marco, el frente Patria Grande, de Juan Grabois, anunció que va a “rediscutir” su pertenencia al bloque de diputados del Frente de Todos.

La propuesta económica de Massa es similar a la de Martín Guzmán y a la de Silvina Batakis, ambos con el apoyo de Alberto Fernández: políticas de restricción del gasto público y favorables al aumento de las exportaciones. El Presidente no logró que Guzmán y Batakis tuvieran apoyo político para llevar adelante esas reformas. En sus intentos por hacer equilibrio entre su círculo y el kirchnerismo, y con las dificultades en su relación personal con Cristina, Alberto logró todo lo contrario a lo que se proponía: cosechó rechazos a un lado y al otro, y dinamitó su imagen pública.

Massa parte desde una línea de largada similar: un alto nivel de rechazo en encuestas y una relación de mutua desconfianza histórica con Cristina. También debió lidiar con la negativa a ocupar cargos de muchos de los economistas que él consideraba como sus favoritos para integrar su equipo. Pero con su innegable habilidad política, más el apoyo del empresariado y de un peronismo asustado ante la perspectiva de una crisis aguda, logró fabricarse su propia “luna de miel express”. Para no morir políticamente en el intento, tiene una sola alternativa: conseguir que baje la inflación.

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