“Yo llego con mi sueldo. No soy millonaria, pero si quisiera podría alquilar algo chico o compartir departamento. El tema es que hoy no tengo necesidad ni ganas reales de irme”, cuenta en diálogo con El Diario Sur. Mientras muchos jóvenes de su edad sienten presión por independizarse cuanto antes, ella admite que no lo vive como una meta urgente.
Mailén forma parte de una generación que creció atravesada por crisis económicas, alquileres cada vez más caros y salarios que pierden poder adquisitivo. Pero en su caso hay otro factor: el vínculo familiar. “Me llevo súper bien con mis papás. Cada uno tiene sus espacios, trabajamos todos y convivimos tranquilos. No siento esa desesperación por irme”, explica.
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Mailén, joven de Esteban Echeverría.
Aunque reconoce que socialmente todavía existe cierta idea de que “a determinada edad hay que independizarse”, ella cree que la realidad cambió. “Antes quizás irte solo era un paso automático. Hoy muchos amigos míos siguen viviendo con los padres, incluso teniendo trabajo estable. Y no siempre es por necesidad extrema. A veces también elegís priorizar comodidad, ahorro o proyectos personales”.
Con el dinero que no destina a un alquiler, Mailén viaja, estudia piano y ahorra. “Si me mudara sola, probablemente viviría mucho más ajustada. Hoy puedo darme algunos gustos y pensar a futuro”, sostiene. Sin embargo, admite que en algún momento le gustaría independizarse, aunque no bajo presión externa. “Sé que eventualmente va a pasar, pero no quiero hacerlo solo para cumplir con una expectativa”.
La joven también destaca el aspecto afectivo de la convivencia. “Llegar a casa y cenar con mis papás, charlar o simplemente saber que están ahí tiene un valor enorme. Hay gente que sueña con irse apenas puede y está perfecto. Yo hoy no lo vivo así”.
En redes sociales y conversaciones cotidianas, el debate sobre los jóvenes adultos que continúan viviendo con sus padres aparece cada vez con más frecuencia. Para Mailén, muchas veces las críticas parten de una mirada desactualizada. “Hay quienes piensan que si seguís viviendo con tus papás es porque fracasaste o no creciste. Y la verdad es que no necesariamente tiene que ver con eso”.
Mientras tanto, ella sigue organizando su rutina entre el trabajo, el gimnasio y las salidas con amigas, sin planes inmediatos de mudanza. “Obviamente quiero tener mi espacio en algún momento, pero tampoco quiero pasar de estar cómoda a vivir estresada solo para decir que vivo sola”, concluye.
Padres observan con resignación la demora en la independencia de sus hijos
María Belziti tiene 46 años y vive con su hija de 25 desde siempre. Aunque asegura que la convivencia es buena y no existen grandes conflictos, reconoce que le gustaría que la joven pudiera independizarse para que ambas puedan iniciar una nueva etapa.
“No me molesta convivir con ella, para nada. Nos llevamos bien y tenemos una relación muy cercana. Pero también siento que hay un momento en el que una necesita volver a pensar su vida de otra manera”, cuenta en diálogo con El Diario Sur. Su hija trabaja, aporta algunos gastos de la casa y tiene un empleo estable, aunque todavía no logró dar el paso de mudarse sola.
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María Belziti junto a su familia.
María asegura que entiende perfectamente el contexto económico actual y que no juzga la decisión de su hija. “Hoy alquilar es dificilísimo. Entre el alquiler, las expensas y los servicios, se hace cuesta arriba para cualquier joven. Yo lo entiendo y trato de acompañarla”. Sin embargo, admite que la situación también impacta en los padres.
“Hay una generación de padres que pensó que a cierta edad los hijos iban a independizarse naturalmente y eso ya no está pasando”, reflexiona. En su caso, reconoce que todavía organiza gran parte de su rutina en función de la convivencia familiar. “Uno sigue ocupándose de muchas cosas cotidianas, desde la comida hasta la dinámica de la casa. Y aunque lo hacés con amor, también llega un momento en el que querés recuperar otros espacios”.
Para María, la convivencia extendida entre padres e hijos adultos se volvió una realidad cada vez más común. “Tengo amigas que están exactamente igual. Hijos de 25, 30 años, trabajando pero todavía en la casa familiar. Ya no es una excepción”.
Aun así, intenta mirar la situación sin dramatizar. “Creo que cada familia encuentra su equilibrio. Nosotros nos queremos mucho y eso ayuda. Pero también es cierto que los padres necesitamos volver a pensarnos como individuos, no solamente desde el rol de cuidar”.
Dificultades económicas fuerzan el regreso de jóvenes al hogar familiar
El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales desafíos para los jóvenes que buscan independizarse. Desde el sector inmobiliario advierten que, en los últimos meses, creció la cantidad de personas que, ante las dificultades económicas, decidieron rescindir sus contratos de alquiler y regresar a la casa de sus padres.
“Estamos viendo que muchos chicos que se habían independizado están rescindiendo contratos y volviendo a la casa de sus padres. Es una situación que antes no se daba con esta frecuencia”, señaló Fernanda, de la inmobiliaria Partarrieu. Según explicó, el aumento de los costos de vida y la dificultad para afrontar los gastos de vivienda están detrás de esta tendencia.
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Las propiedades más pedidas por los jóvenes son los monoambientes.
La situación afecta especialmente a quienes viven solos. “Hoy una sola persona tiene muchas más dificultades para sostener un alquiler. Y cuando una pareja se separa, muchas veces ninguno de los dos puede hacerse cargo de la vivienda por su cuenta”, indicó en diálogo con El Diario Sur.
Los departamentos monoambiente y de dos ambientes continúan siendo las opciones más elegidas por jóvenes y parejas que buscan su primera experiencia de independencia. Sin embargo, la demanda no muestra el mismo dinamismo que años atrás. “Hay menos movimiento que en períodos anteriores. Los índices de actualización ya no generan tanto impacto como antes, pero el golpe inicial de ingresar a un alquiler sigue siendo importante”, sostuvo.
Respecto a los requisitos exigidos por los propietarios, Partarrieu destacó que se han flexibilizado algunas condiciones. “Por suerte hemos dejado de exigir garantía propietaria en la mayoría de los casos. Salvo en alquileres muy altos, hoy se trabaja principalmente con recibos de sueldo y una antigüedad laboral mínima”, explicó.
Mientras tanto, muchas familias vuelven a abrir sus puertas a hijos que habían iniciado un camino de independencia, en un contexto donde sostener un alquiler se convirtió en un desafío cada vez mayor.
Estadísticas clave sobre la independencia juvenil en Argentina
- Una persona necesita $2.085.853 por mes para cubrir gastos básicos de subsistencia.
- El 38,3% de los argentinos de 25 a 35 años aún vive con sus padres.
- Son cerca de 1,8 millones de jóvenes que no logran sostener una vivienda propia.
- La canasta de alimentos y productos de limpieza para una persona alcanza los $466.299 mensuales.
- Transporte, internet, telefonía y plataformas digitales demandan cerca de $256.000 mensuales
Fuente: Focus Market
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